«No entiendo la poesía como un género literario»

Entre las credenciales de Adriana Petrigliano, hay una que ella destaca: «susurradora de poesía». En tre los varios talleres que coordina, despliega su instrumento susurrador (tubo de cartón) para compartir la experiencia del verso. La autodefinición no es gratis, junta un par de gestos que construyen lo poético: la intimidad de una percepción que es siempre un diálogo entre una voz y un cuerpo que experimenta la emoción, y la palabra como instrumento sonoro.

Adriana nació en Buenos Aires, vive desde hace 50 años en La Rioja y en 2021 fue declarada Ciudadana Ilustre. La Rioja/12, charló con la poeta y gestora cultural sobre su intensa labor como coordinadora de talleres literarios y el presente de la poesía en la provincia.

¿Cómo es enseñar a escribir algo que escapa de toda definición, como la poesía?

Quizá la primera definición sea justamente corrernos de las definiciones: en los talleres (por lo menos en los míos) no se enseña nada y a la poesía, no la entiendo como género literario. Las búsquedas, en el caso de quienes escribimos, estarán obviamente en la lectura, en la práctica del oficio, en explorar, etc. Pero la verdadera búsqueda está en la observación, entonces, allí creo que aparece la verdadera poesía, en la manera que miramos, en la manera que observamos, en poner todos los sentidos, pero absolutamente todos, en percibir la real poética de la que estamos rodeados. Todo lo demás que querramos hacer, serán solo posturas.

¿Cuál crees que es la relación del presente con lo poético?

Es un punto muy débil esto del “presente”. Por un lado está lo que decía antes, en ese percibir el mundo, y cuando uno dice “mundo” en poesía, ¿qué estamos diciendo? El presente es un abismo, porque está hecho de todo nuestro pasado, y contiene absolutamente nuestro futuro. Entonces, ¿cuál es el verdadero mundo que hace nuestro presente?, ¿y cómo escapamos de ese otro presente que nos habita y nos golpea y que insiste en sacarle toda poesía a la realidad? Cuando se escribe poesía, es muy difícil no mostrar los nuditos de la trama. Esto lo marco mucho a mis alumnos, si lo que yo trabajo en un poema no es aquello que realmente me atraviesa, y solo busco una postura, allí no habrá nunca poesía. Entonces la relación del presente con lo poético, no será genuina.

¿Cómo pones en prácticas en tus talleres estas relaciones?

Muchas veces llegan alumnos al taller y lo primero que piden es una especie de “plan” o esquema. Un programa, una guía, quieren saber qué van a aprender. En mis talleres no hay ni guía ni plan ni esquema. La escritura no encuentra siempre a la misma persona sentada frente a la compu o el cuaderno. La escritura, la verdadera, esa que no podemos evitar y nos asalta, encuentra a la persona que somos en ese momento único, minúsculo, breve quizá. En mis talleres nunca seremos las mismas personas, y de hecho, yo que los coordino, no soy nunca la misma persona. Para poder responder a la pregunta, quizá debería decir que justamente en los espacios de un taller, donde se explora y se escarba, donde se rompe y se une, donde se dice y se silencia, logramos relacionar lo poético con lo que conforma nuestros presentes tan efímeros.

¿Qué tipos de demandas encuentras cuando alguien llega a tu taller?

La primera demanda y quizá la más valiosa, sea la de que alguien los escuche, que en un taller de escritura significa que alguien “los lea”. Después de establecerse ese lazo importante de confianza (dar tus textos a alguien), la demanda más frecuente es la de buscar o afianzar la propia voz. Necesitan sentir que es por ese lugar por donde deben seguir. Esto, me han demostrado estos 20 años de coordinar talleres, marca la gran diferencia entre quienes vienen a un taller porque “necesitan” hacer algo con unas horas libres, y entre quienes definitivamente hacen de la escritura su modo de vida.

¿Cómo ves la relación entre tradición y actualidad en la poesía riojana?

A veces siento que hay una barrera infranqueable entre lo tradicional y las formas actuales, si se puede decir así, de la poesía riojana. Lo folklórico a veces parece no querer dar lugar a otras miradas y viceversa. Yo siempre me planteo, por ejemplo, por qué razón deben seguir apareciendo escenas, o símbolos o costumbres que no dan cuenta de nuestra realidad. Por qué motivo no podemos reflejar así y como son hoy nuestras vivencias. Porque he sentido que si se quieren romper algunas reglas, estas rupturas son muchas veces interpretadas como una falta de respeto a lo tradicional, a las voces establecidas, al “buen decir” de una poesía que si siguiera de esa forma, no encontraría más lectores. Mis alumnos suelen reírse con una expresión que repito hasta el cansancio: “los lectores de Rubén Darío ya no están vivos…”, pero sí debo conmover (como lo hizo en su tiempo R. Darío) a los lectores a los que quiero invitar al convite poético. En La Rioja de hoy ya no quedan (al menos en la ciudad) acequias, ya no se hacen retretas en las plazas, nadie regala serenatas por poner apenas algunos ejemplos. Pero sí sucede la poesía en todas las esquinas y plazas y veredas, porque la poesía seguirá sucediendo, entonces, la debemos buscar en lo que nos rodea, allí donde los lectores se sientan involucrados. Donde se reconozcan. Y mostrarla.

De la palabra al hecho

Poemas que ella no quiso escribir

Ella se raspa las rodillas/

se sienta derechita/se afeita las axilas/

se guarda las palabras que nombran lo que no hay que nombrar/

ella cuenta los días/

los que tienen que ser de rojo y sangre/

cruza la plaza con el dolor debajo de las muelas(porque eso del corazón es un

invento)/

ella espera cobrar la litis y entonces lo recuerda/

sabe que puede sola pero sería lindo con él/

ella se ensucia las manos/

con las que ofrece pan con manteca y leche tibia/

ella cruza patios y puentes y sube a trenes que solo la alejan de la memoria/

ella sabe que todo lo que late le pertenece por herencia y hechura/

ella tiembla la mayoría de las veces de miedo/

pero también por el deseo oscuro/

ese que le dijeron era sucio/

y tiembla por la esperanza/

o por la estupidez de esa luna que cuelga el cielo cada noche/

ella se cose la piel que le arrancaron/

o la tira a un costado para ser otra/

ella, que cuando era chica no sabía/

pero que ahora sabe/

ella/

que también guarda la memoria de un abuelo de mierda inmensa/

que la besaba en la boca…

Ella

Que se nace y se muere/

Pero que ahora sabe…

Como…

como una duda

de esas oblicuas que caen desde lugares inciertos

como un silencio espeso que humedece las formas

como una sombra que apenas se distingue en el sol de la siesta

como si fuera un nudo y una soga

y como si fueran todas las palabras dichas y escuchadas que te abruman

como si se pudiera alejar de mí

como si se acercara

como reírse

como llorar

como esperar, como escaparse

como un plato de sopa fría

y como un cigarrillo que se apaga para siempre

como todas las palabras calladas

como los sueños de la infancia

como los abismos

y las terrazas

y las cajas cerradas

como la pausa del invierno

como los vidrios empañados

como mentiras y adioses

como esperar y como irse

como cortar el pan y repartirlo

como entrar a los cuartos de la memoria esquiva.

como si fuera posible alzar los puentes.

como si todo eso.

todo junto.

hoy.

en mi garganta..


Por Idangel Betancourt para La Rioja/12

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