Vendían relojes, casi por casualidad apostaron al negocio del vino y hoy emplean a más de 150 personas

Junto con Mendoza y San Juan, La Rioja es una de las principales provincias vitivinícolas de la Argentina. En el majestuoso Valle de Famatina, en el kilómetro 1186 de la ruta nacional 74, se encuentra La Puerta, una empresa familiar, que nació en la década del 90 y logró crecer pese a los altibajos de la economía.

La fórmula de la firma parece simple, pero requiere de una férrea decisión de seguir adelante incluso en los momentos más difíciles. Se resume en saber detectar oportunidades donde otros no las ven; mucho trabajo; capacidad de adaptación a los distintos escenarios; reinversión e innovación.

La Puerta va a seguir creciendo; va a seguir innovando; desarrollando la producción de vid en botella hasta no vender ningún litro a granel; va a pegar un salto muy importante con los nogales; va a crecer en la economía circular y en la sustentabilidad. Veo un futuro promisorio, no espectacular porque nada en la Argentina puede ser espectacular por los vaivenes económicos, pero nos veo creciendo”, dijo a TN, Julián Clusellas, presidente y CEO de La Puerta.

La oportunidad que dio vida al proyecto

La necesidad de divisas fue siempre un problema en la Argentina. En la década del 90 se lanzó un programa de sustitución de importaciones y la familia distribuidora de los relojes Orient en América Latina se sumó. Se trataba de un diferimiento impositivo, por el que se tomaba parte de los impuestos de otras actividades para invertirlos en regiones que requerían desarrollo económico.

El proyecto originalmente era de 180 hectáreas con olivos, hoy las plataciones de olivos y viñedos superan las 1000 hectáreas en el majestuoso Valle de Famatina (Foto: Gentileza Valle de La Puerta)
El proyecto originalmente era de 180 hectáreas con olivos, hoy las plataciones de olivos y viñedos superan las 1000 hectáreas en el majestuoso Valle de Famatina (Foto: Gentileza Valle de La Puerta)

La Rioja fue la provincia elegida y la industria olivícola, el sector. Así nació Valle de La Puerta. “Se presentaba un proyecto a la provincia y si era aprobado se tomaba la lo que se invertía y se devolvía a 15 años, sin actualización. Ellos definieron los impuestos de la importación de relojes para hacer la firma”, contó el presidente de la compañía.

Una propuesta de trabajo, una mudanza y el nacimiento de la bodega

Clusellas vivía en la Ciudad de Buenos Aires; un día abrió el diario y vio que había una búsqueda de ingeniero agrónomo para una empresa dedicada a los olivos y no dudó en presentarse. Corría el año 1994 y fue el primer empleado de la empresa. Dentro de la finca tiene su casa riojana, pero hoy comparte estadía entre Buenos Aires y La Rioja.

“Me fui a vivir allá para desarrollar el proyecto, que originalmente era de 180 hectáreas con olivos, pero que lo fui adecuando a la realidad del sector, y ampliando a las uvas, a los frutales de carozo, al melón y, finalmente, tomamos la decisión de construir una bodega”, contó el ingeniero agrónomo, de 61 años.

De ese “empleado 0″, como le gusta definirse, La Puerta pasó a más de 150 trabajadores permanentes y 200 cosechadores transitorios durante seis u ocho meses al año; además de los trabajos indirectos sobre los que tiene impacto en Famatina, Vichigasta y Chilecito.

De las 180 hectáreas iniciales pasaron a 300 plantadas con olivos, cuya producción principalmente se destinó al mercado internacional. En 2001, Clusellas decidió construir la bodega “en medio de la crisis”. “La situación era muy complicada en la Argentina; había mucha incertidumbre y era una época buena para invertir, porque era barato, y tomamos la decisión, eso nos impulsó”, contó.

Tras lograr una buena plantación de vid crearon la bodega (Foto: Gentileza Valle de La Puerta)
Tras lograr una buena plantación de vid crearon la bodega (Foto: Gentileza Valle de La Puerta)

“Las crisis se pueden ver como oportunidades. Construimos la bodega con muy buena tecnología preparada para el mercado internacional, aprovechando las características competitivas y buena relación precio calidad”, agregó.

Hoy, Clusellas tiene dos hijos riojanos y una porteña. Viaja en su camioneta 4000 kilómetros por mes para compartir su vida y su trabajo entre Buenos Aires y La Rioja.

Diversificar la producción

El primer mercado al que apuntaron fue Inglaterra. “Ahí colocamos nuestras primeras ventas de vino en botella. Luego apuntamos también a otros mercados, como Estados Unidos”.

De la mano del crecimiento de la empresa, en 2004 decidieron desarrollar el proyecto olívico y llevarlo a más de 900 hectáreas, 770 de olivos y 150 de vid. Eso les permitió seguir creciendo en el mercado internacional de vinos y de aceite, a unos 20 países de Asia.

Vendían relojes, casi por casualidad apostaron al negocio del vino y hoy emplean a más de 150 personas

En 2005 empezó a crecer la idea de diversificar la producción de nueces y plantaron nogales. Hoy, le destinan unas 50 hectáreas a la variedad de Castilla. También producen pasas de uva.

La innovación, clave para el desarrollo

Cuando decidieron cambiar el rumbo en la producción y sacar algunas hectáreas olivícolas, Clusellas y el equipo de Valle de La Puerta se plantearon qué hacer con los residuos que genera renovar plantaciones. Además, el olivo tiene una poda intensa, de un 25% anual de su copa, es decir entre 6000 y 8000 kilos por hectáreas por año de poda.

La compañía saca agua de pozos profundos, que requiere de un costo muy alto en energía, unas 9000 horas por hectárea al año de consumo, alrededor de US$400 dólares. La respuesta estaba al alcance de la mano: generar su propia energía a partir de la poda.

“Pensamos en hacer algo con los residuos de la poda del olivo y convertirnos en autosuficientes en la generación de energía. Entonces, avanzamos en el desarrollo de una planta de pellet de producción de madera para la industria y para la calefacción domiciliaria”.

Uvas tintas y blancas permiten el desarrollo de sus vinos (Foto: Gentileza Valle de La Puerta)
Uvas tintas y blancas permiten el desarrollo de sus vinos (Foto: Gentileza Valle de La Puerta)

Tras tres años de desarrollo, la primera planta de pellets industrial de alta producción en todo el oeste de la Argentina ya está en marcha.

“El pellet es un combustible que reemplaza al gas envasado GLP, de chancha o de garrafa, y que genera un ahorro de un 50% para los consumidores industriales, calderas de hoteles, panaderías, secaderos de frutas, plantas de pollos”, precisó.

Seguir innovando

En forma paralela a la producción de pellet, están evaluando alternativas para aprovechar toda la hoja del olivo que hoy se sigue desperdiciando. Una opción es transformarla en alimento para los animales. “Queremos recogerla con alguna máquina especial y el objetivo es que algún ingeniero argentino desarrolle la máquina”, dijo Clusellas.

El olivo es un cultivo con una rentabilidad de US$1000 por hectárea como aceite de oliva, pero el desperdicio pasa a ser un ingreso marginal muy importante, de entre US$200 a US$300, si se juntan la madera, la hoja, el orujo de alto grado proteico porque contiene aceite y grasas, y se genera un alimento para las cabras o las vacas. Equivale a lo que Valle de La Puerta gasta para regar.

Con innovación, lograron una buena relación precio calidad (Foto: Gentileza Valle de La Puerta)
Con innovación, lograron una buena relación precio calidad (Foto: Gentileza Valle de La Puerta)

“Nos falta mucho, pero pensamos seguir trabajando en esta economía circular. Queremos certificar nuestros cultivos con la huella de carbono negativa y no quemar los residuos es un desafío importante”, explicó el ingeniero agrónomo.

Como conclusión dijo que, hasta acá, “fue una experiencia de vida fantástica”. “Llevo 29 años en esta empresa y puedo garantizar que se ha reinvertido la mayor parte de las utilidades para generar muy buenos resultados. Hemos aprendido a convivir con la dificultad, por eso apuesto siempre al desarrollo”, completó. (TN)

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