Un informe técnico revela la cruda realidad del mercado de trabajo riojano: casi la totalidad de los jóvenes del interior provincial carecen de aportes y obra social. El economista Nicolás Casas cruzó el discurso oficial con estadísticas que exponen un sistema laboral quebrado.
Mientras el debate nacional se centra en las formas de la modernización laboral, los números duros devuelven una imagen desoladora sobre el presente de La Rioja. Un reciente análisis estadístico pone fin a las especulaciones políticas para centrarse en una realidad innegable: la informalidad laboral en la provincia ha alcanzado niveles críticos, especialmente entre la juventud.
Bajo la consigna «Dato mata relato», el economista Nicolás Casas desglosó la situación de los asalariados riojanos, cuestionando la efectividad de las políticas actuales frente a un escenario donde el empleo registrado parece una excepción y no la regla.
El interior, en zona de emergencia laboral
Las cifras publicadas, basadas en datos de la Dirección Nacional de Estudios y Estadísticas Laborales, son contundentes. El sector más vulnerable es el de los jóvenes de hasta 24 años, donde la informalidad es casi total en gran parte del territorio provincial:
- Interior de La Rioja: El 96,1% de los jóvenes asalariados trabaja «en negro».
- La Rioja Capital: La cifra es ligeramente menor pero igualmente dramática, alcanzando el 78,2% de informalidad en el mismo rango etario.
«Me parece que al análisis le faltan datos. ¿Qué aporte puede realizar un asalariado de La Rioja menor a 24 años?», sentenció Casas, señalando la imposibilidad de sostener un sistema de seguridad social cuando la base de la pirámide laboral está fuera de toda protección legal.

Una brecha generacional marcada
El informe permite observar que, si bien la informalidad disminuye con la edad, sigue siendo una constante que debilita la economía regional. En el grupo de 25 a 49 años, la tasa de empleo no registrado en el interior de la provincia se mantiene en un preocupante 48,1%, mientras que en la Capital baja al 35,7%.
Solo en el segmento de 50 años o más las cifras se estabilizan cerca del 16% en ambos aglomerados, reflejando una estabilidad que las nuevas generaciones están lejos de alcanzar.
El desafío de pasar del discurso a la realidad
Esta radiografía del empleo riojano surge en un momento de fuerte tensión política. Mientras figuras como Ariel Puy Soria defienden la gestión territorial «cara a cara» y el gobernador Ricardo Quintela sostiene la inversión pública como motor, los datos expuestos por Casas sugieren que el impacto real en la calidad del empleo privado sigue siendo una deuda pendiente.
Sin un plan que logre revertir este 96,1% de informalidad juvenil en el interior, cualquier intento de desarrollo productivo chocará contra la realidad de una provincia donde el trabajo digno y con aportes es, hoy más que nunca, un privilegio de pocos.