El Índice Compuesto Coincidente de Actividad Económica (ICA-ARG) registró una mejora del 0,2% en enero, marcando su segundo mes consecutivo en alza. Sin embargo, el informe elaborado por las Bolsas de Comercio de Rosario y Santa Fe advierte sobre una marcada heterogeneidad: mientras el sector agropecuario opera en máximos históricos, los salarios y las ventas minoristas profundizan su deterioro.
Los primeros pasos de la economía argentina en 2026 muestran un escenario de dos caras fuertemente contrastantes. Por un lado, los grandes motores productivos vinculados a la exportación comienzan a traccionar los números macroeconómicos hacia arriba; por el otro, la economía real del día a día —la que se mide en los mostradores y en los recibos de sueldo— continúa transitando un sendero recesivo.
De acuerdo con el último informe del Centro de Investigación del Ciclo Económico (CICEc), dependiente de las Bolsas de Comercio de Rosario y Santa Fe , el Índice Compuesto Coincidente de Actividad Económica (ICA-ARG) arrojó un crecimiento del 0,2% durante enero. Este dato consolida una incipiente recuperación al encadenar dos meses consecutivos de variaciones positivas. No obstante, al mirar la «película completa» en la comparación interanual, la actividad todavía se ubica un 1,1% por debajo de los niveles de enero de 2025.

El campo, el gran amortiguador
El verdadero protagonista de este repunte estadístico es el sector agrícola, que exhibe un desempeño calificado como «extraordinario» por los investigadores. El avance de las labores en el campo registró una suba mensual del 2,8% en el primer mes del año, alcanzando así su máximo nivel histórico.
Este boom agropecuario, que muestra un impactante salto interanual del 20,8%, se explica por una combinación de factores clave:
- La finalización de la cosecha de trigo y cebada, que lograron récords históricos en la presente campaña.
- El avance sostenido en la siembra de los cultivos gruesos, como la soja y el maíz.
A este empuje rural se le sumaron tenues señales de vida en sectores que venían fuertemente castigados. La producción industrial repuntó un 1,1% frente a diciembre , y la construcción anotó un alza del 0,5%. Sin embargo, el informe es cauto y subraya que estas mejoras se dan desde niveles históricamente deprimidos: la industria, por ejemplo, todavía se encuentra un 15% por debajo de su último pico y anota una contracción interanual del 3,9%.
El bolsillo, a la espera de la estabilización
La contracara de la recuperación productiva se siente en los hogares. El informe de las entidades bursátiles es contundente respecto al deterioro persistente de los indicadores socioeconómicos más sensibles:
- Salarios en rojo: La remuneración bruta total en términos reales de los trabajadores formales del sector privado cayó un 0,8% en enero. Preocupa la tendencia: de los últimos 11 meses, 10 mostraron caídas, acumulando un retroceso interanual del 0,8%.
- Empleo estancado: El número de asalariados privados registrados sufrió una merma del 0,1% mensual, ubicándose un 1,3% por debajo de los niveles de hace un año.
- Consumo retraído: Las ventas minoristas, uno de los rubros más golpeados, cayeron un 0,1% en enero y registran un desplome del 6,4% en los últimos doce meses.
Otro termómetro del mercado interno que sigue frío son las importaciones totales de bienes, que retrocedieron un 2,8% mensual e hilaron cuatro meses consecutivos de caída.
Como dato de color en medio del freno comercial, los patentamientos de vehículos nuevos aportaron una sorpresa al crecer un 2,1% frente a diciembre, quebrando una racha de siete meses de números en rojo.
La tijera estatal y lo que viene
El panorama hacia adelante plantea desafíos. El Índice Compuesto Líder de Actividad (ILA-ARG), que busca anticipar los cambios de tendencia en la economía, arrojó una variación neutra (0,0%) en enero.
Entre los componentes de este índice anticipador, resalta un dato que ilustra la magnitud del ajuste fiscal en curso: el gasto de capital del Estado Nacional registró en enero su nivel más bajo desde el inicio de la serie estadística en 1993.
El CICEc concluye que, si bien el comienzo de 2026 arroja «señales positivas en términos agregados» en medio de un proceso de estabilización y cambios estructurales, la dependencia del agro es muy alta. Para que la economía argentina logre una mejora genuina y sostenida, advierten los especialistas, será indispensable que la tibia recuperación de la industria y la construcción logre derramar, finalmente, en la creación de empleo y la mejora de los salarios.
































