El balance cambiario de enero dejó un fuerte ingreso de capitales privados que logró compensar el déficit de la cuenta corriente. Sin embargo, la persistente dolarización de los ahorristas y la creciente volatilidad global por la disparada del petróleo plantean un escenario desafiante para el equipo económico.
El balance cambiario del arranque del año confirmó una dinámica que el Gobierno busca sostener a capa y espada: el rojo de la Cuenta Corriente (CC) logró ser compensado con creces por los ingresos de capital privado. Gracias a este superávit en la Cuenta Financiera (CF), las reservas del Banco Central (BCRA) lograron un fuerte incremento de USD 2.240 millones por factores transaccionales.
La gran apuesta de la gestión de Javier Milei es que este esquema funcione como puente durante todo 2026. Sin embargo, en el mercado ya miran de reojo el mediano plazo. La gran duda de la City es si este colchón financiero alcanzará para cubrir la demanda de dólares de los pequeños ahorristas y, al mismo tiempo, engrosar las reservas en un 2027 que asoma mucho más exigente por la carga de vencimientos de deuda y la incertidumbre del calendario electoral.
El «rojo» comercial y el salvavidas financiero
En los números finos de enero, la Cuenta Corriente registró un saldo negativo de USD 919 millones, lo que representa casi la mitad del rojo evidenciado en el mismo mes de 2025 (USD -1.656 millones). La clave de esta mejora estuvo en el resultado comercial de bienes, que saltó a USD 2.014 millones (frente a los escasos USD 425 millones del año anterior).
Este salto exportador se explica por dos vías. Por un lado, importaciones pisadas que totalizaron USD 4.800 millones (el segundo nivel más bajo desde la normalización cambiaria de mediados de 2024), producto de una actividad económica que sigue mostrando debilidad y del fuerte stockeo previo. Por el otro, exportaciones que sumaron USD 6.814 millones (+3% interanual), empujadas por el siempre vital sector agroindustrial.
La verdadera estrella del mes, no obstante, fue la Cuenta Financiera, que brilló con un saldo positivo de USD 3.147 millones. Tres factores explicaron este aluvión de divisas:
- Un REPO por USD 3.000 millones concretado por el BCRA.
- La venta de USD 1.742 millones por parte del sector financiero.
- El ingreso de USD 2.030 millones en el rubro «Préstamos financieros y títulos de deuda», el tercer registro más alto desde la asunción de Milei.
La fiebre por el dólar: el riesgo del atesoramiento
Todo este ingreso de capitales chocó de frente con un viejo conocido de la economía argentina: la compra de dólares de los particulares. La línea que agrupa a las «Personas Humanas» registró un déficit brutal de USD -3.103 millones, el mayor saldo negativo para un mes de enero en toda la serie histórica (un 27% por encima del pico de 2018, en la antesala de aquella crisis de balanza de pagos).
Desde el BCRA aclaran la letra chica: no todo fue al «colchón». Una gran porción de ese rojo responde al pago de consumos con tarjeta en dólares (para esquivar el recargo del 30% en pesos) y a transferencias de depósitos locales al exterior. Despejando la paja del trigo, se estima que la demanda genuina para ahorro rondó los USD 1.800 millones. Si bien es un 70% menos que el pico de pánico preelectoral, sigue siendo un número pesado para un contexto de pleno «veranito cambiario».

Tensión global, petróleo por las nubes y el riesgo país estancado
A este complejo tablero local se le sumó un marzo al rojo vivo en los mercados internacionales. La creciente tensión geopolítica en Medio Oriente, particularmente en el estratégico estrecho de Ormuz, disparó el precio del petróleo Brent un 28% en la semana, cerrando en USD 93 el barril. Para la Argentina, este shock global es un arma de doble filo: por un lado, beneficia la balanza energética gracias a la creciente producción local en Vaca Muerta; por el otro, amenaza con importar presiones inflacionarias en un momento delicado.
En el frente cambiario, las monedas de la región sufrieron el impacto. El real brasileño y el peso chileno se devaluaron cerca de 1,8%, aunque el peso argentino mostró mayor resistencia con una caída de apenas 0,7%. Pese a la turbulencia, el BCRA no frenó la aspiradora: compró USD 291 millones esta semana y ya acumula más de USD 3.000 millones en lo que va del año.
Los activos locales, sin embargo, sintieron el golpe de la aversión al riesgo mundial. El Merval acumula una dura caída del 11% en lo que va del año, mientras que Wall Street opera con bajas moderadas.
Por el lado de la deuda soberana, el Riesgo País amagó con tocar los 600 puntos básicos, aunque logró cerrar la semana en 575. Desde fines de enero, el indicador que mide el JP Morgan trepó 64 puntos, distanciándose del promedio latinoamericano que apenas subió 6. Con pocos «drivers» positivos a la vista en el corto plazo, el mercado asume que el riesgo país seguirá estancado, sobre todo si los tambores de conflicto global siguen sonando.
































