Un análisis de la consultora LCG desglosó la evolución de la actividad desde el inicio de la actual gestión hasta diciembre de 2025. El fuerte peso del campo, las finanzas y la minería frente a la retracción del resto de los sectores. La explicación técnica detrás de los números.
Desde la asunción de Javier Milei en noviembre de 2023 hasta diciembre de 2025, la actividad económica en la Argentina registró un avance, aunque su composición esconde fuertes asimetrías sectoriales y una particularidad técnica vinculada al ajuste fiscal. Según un reciente informe de la consultora económica LCG, la economía creció un 6,1% en ese período, de acuerdo a la medición de la serie desestacionalizada.
El documento detalla que la mayor parte de esa expansión se dio en la primera etapa del mandato: hasta febrero de 2025, el alza acumulada era del 4,6%. En los diez meses posteriores (de febrero a diciembre de 2025), el incremento fue del 1,5%, fuertemente impulsado por un salto mensual del 1,8% registrado en el último mes del año pasado.
Sin embargo, al mirar la foto completa y comparar el promedio del año 2025 contra el promedio de 2023, el crecimiento total de la economía se ubica en el 3%. Es aquí donde el análisis pone la lupa para entender qué motores impulsaron este avance y cuáles traccionaron hacia abajo.
El gran protagonista del período fue, sin sorpresas, el campo. El sector del agro aportó 2,1 puntos porcentuales (pp) a ese crecimiento del 3%. A esto se sumó el dinamismo de la intermediación financiera y la minería, que en conjunto aportaron 1,2 pp.
La otra cara de la moneda refleja el impacto en el resto del entramado productivo: los demás sectores de la economía restaron 1,7 puntos porcentuales al promedio general durante estos dos años.

El «efecto subsidios»: cuando la contabilidad empuja el PBI
El dato más llamativo del informe de LCG radica en un fenómeno puramente estadístico. De ese 3% de aumento del Producto Bruto Interno (PBI) en los últimos dos años, más de un tercio (1,3 puntos porcentuales) corresponde directamente a la reducción de subsidios a la producción.
Ante la pregunta de si la baja de la asistencia estatal hace subir las cifras del PBI, la consultora es categórica: «Sí, es contabilidad».
Para ilustrar este punto, los economistas apelaron a un ejemplo práctico en el sector energético. Si generar energía tiene un valor de $100, pero durante el esquema de tarifas anterior se le cobraba $60 a los usuarios y el Estado ponía los $40 restantes vía subsidios, el «aporte al PBI» medido a precios de mercado era de apenas $60.
Con la política de recorte de gasto de la actual gestión, al eliminar ese subsidio, el PBI del sector aumenta automáticamente a $100, al igual que el consumo privado registrado en las estadísticas oficiales. Sin embargo, en términos reales y físicos, la generación de energía sigue siendo exactamente la misma (a precios básicos).
En conclusión, LCG advierte que si bien el retiro de los subsidios es una medida «muy importante para lograr el necesario equilibrio fiscal», el hecho de que una parte tan relevante del incremento del PBI real sea un reflejo de esta reconfiguración contable implica que los números macroeconómicos «no necesariamente están reflejando un idéntico aumento del valor agregado de bienes y servicios» en la calle.
































