Tras su paso como candidato a gobernador por el larretismo y un prolongado silencio, el ex diputado nacional reapareció en la escena política y logró conformar un bloque de tres concejales en la capital. El enorme desafío de enfrentar a los aparatos de Ricardo Quintela y Martín Menem, y el fantasma de una división opositora que históricamente solo ha favorecido al peronismo gobernante desde 1983.
En el siempre complejo tablero político riojano, las piezas comenzaron a moverse con anticipación de cara a la próxima contienda por la gobernación. Y en el centro de las miradas de los analistas locales se encuentra una figura que parecía haber pasado al ostracismo, pero que acaba de dar una señal de vida innegable: el ex diputado nacional Felipe Álvarez.
Su reaparición en el escenario provincial no pasó desapercibida. Tras haber sido el alfil del ex jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en su aventura como candidato a gobernador —y luego sumirse en un profundo silencio político tras la reconfiguración del mapa nacional—, Álvarez volvió al ruedo con una jugada de ajedrez táctica: logró armar un bloque propio de tres concejales en la capital provincial.
Este movimiento de base reaviva un interrogante fundamental en los pasillos del poder riojano: ¿Tiene Felipe Álvarez la estructura y el peso específico para erigirse como una auténtica «tercera vía», o su postulación terminará siendo, una vez más, funcional a la hegemonía del Partido Justicialista?
El fantasma de la división opositora
La historia política de La Rioja tiene una máxima que parece inquebrantable desde el retorno de la democracia en 1983: el peronismo nunca pierde cuando la oposición se divide.
La irrupción de una tercera fuerza fuerte, lejos de capitalizar el descontento total con la gestión de turno, históricamente ha fragmentado el voto opositor. En este contexto, la estrategia de Álvarez es observada con lupa. En los sectores más críticos de la oposición, existe el temor latente de que esta nueva construcción actúe —voluntaria o involuntariamente— como un dique de contención que evite la polarización, un escenario que siempre ha sido la zona de confort del oficialismo provincial.
Una batalla contra dos aparatos colosales
Para que el proyecto de Álvarez no quede reducido a una mera anécdota electoral o a una jugada de desgaste, deberá sortear obstáculos de proporciones mayúsculas. El ex legislador sale a competir a cielo abierto contra dos maquinarias políticas que hoy dominan la narrativa riojana:
- El oficialismo de Ricardo Quintela: El actual gobernador maneja los hilos del aparato estatal de la provincia. Con un peronismo enraizado en cada municipio y una aceitada maquinaria territorial, Quintela representa el poder tradicional que ha sido invencible en las urnas ejecutivas durante las últimas cuatro décadas.
- El avance de Martín Menem: Por otro lado, la figura del diputado nacional y presidente de la Cámara Baja se erige como el representante directo de La Libertad Avanza en la provincia. Con el sello y el impulso de la Casa Rosada, Menem busca polarizar directamente con el quintelismo, capitalizando el «voto bronca» y el sello libertario.
El desafío de la capital
El armado del bloque de tres concejales en la capital no es un dato menor. La ciudad de La Rioja concentra la mayor parte del padrón electoral y suele ser el termómetro del humor social de la provincia. Al plantar bandera en el Concejo Deliberante, Felipe Álvarez busca construir desde abajo hacia arriba, intentando demostrar volumen político propio y capacidad de daño en el principal bastión de votos.
Sin embargo, la gran pregunta persiste. ¿Alcanza un bloque legislativo municipal para disputar el poder real contra un oficialismo provincial consolidado y una oposición nacional en auge?
El ex diputado nacional se enfrenta a la titánica tarea de convencer al electorado riojano de que su propuesta es algo más que una herramienta de fragmentación. Deberá demostrar que su «tercera vía» tiene destino de gobierno y no es, simplemente, el engranaje necesario para que la maquinaria peronista siga funcionando intacta como lo hace desde hace más de 40 años.



