José Luis Bellia, productor de Chilecito, aseguró que los costos para producir aumentaron cerca de un 800% en los últimos dos años mientras los precios de los productos permanecieron estancados. Advirtió que ya existen perforaciones eléctricas desconectadas y que algunas explotaciones evalúan cerrar sus puertas.
El productor agroindustrial de Chilecito José Luis Bellia alertó sobre la delicada situación que atraviesa el sector agrícola riojano y sostuvo que el incremento de los costos de producción, especialmente de la energía eléctrica, comenzó a comprometer la continuidad de numerosas explotaciones productivas y cientos de puestos de trabajo.
Tras participar de una reunión con autoridades provinciales junto a representantes del sector, Bellia explicó que la actividad enfrenta una combinación de factores que deterioró la rentabilidad de las fincas dedicadas a la vid, el olivo y el nogal.
«Los costos aumentaron cerca de un 800% en los últimos 24 meses, pero nuestros productos no acompañaron esa evolución. Eso nos dejó sin rentabilidad y pone en riesgo la continuidad de la producción», afirmó.
El costo de producir en La Rioja
Bellia remarcó que la realidad productiva de La Rioja presenta una desventaja estructural respecto de otras provincias agrícolas.
Explicó que, a diferencia de Mendoza, donde el riego se abastece con agua de superficie, los productores riojanos deben extraer agua mediante perforaciones profundas que funcionan con bombas eléctricas.
Ese sistema, sostuvo, convirtió a la energía en uno de los principales costos de producción.
«Hoy hay perforaciones a las que les cortaron la electricidad por falta de pago y eso compromete directamente la próxima campaña. Sin agua no existe producción», advirtió.
Frente a ese escenario, los productores solicitaron al Gobierno provincial un plan de refinanciación de deudas con la empresa distribuidora de energía y la reconexión de los pozos actualmente fuera de servicio.
Riesgo para el empleo rural
El dirigente también expresó preocupación porque varias empresas agrícolas analizan discontinuar su actividad.
Según indicó, esa situación podría afectar inicialmente alrededor de 50 puestos de trabajo, aunque advirtió que el impacto sería mucho mayor si continúan cerrando establecimientos productivos.
«Cuando una finca deja de regarse desaparece. No es una actividad que pueda detenerse y retomarse meses después», señaló.
A ese panorama sumó la pérdida de más de 3.000 empleos industriales registrada en la provincia y el cierre de establecimientos fabriles vinculados a la agroindustria.
«La crisis afecta a toda la economía»
Bellia sostuvo que el deterioro del sector productivo termina impactando sobre toda la actividad económica de Chilecito y de la provincia.
Explicó que la caída del poder adquisitivo de trabajadores públicos y privados redujo el consumo, afectando también al comercio y a los servicios.
«Cuando al productor le va mal, también le va mal al comerciante, al transportista y a toda la economía local. Es un efecto dominó», afirmó.
Reclamo de acuerdos entre Provincia y Nación
Tras la reunión mantenida con funcionarios provinciales, Bellia destacó la predisposición del Gobierno riojano para escuchar las demandas del sector y analizar herramientas de asistencia financiera.
No obstante, reclamó que los dirigentes con responsabilidades provinciales y nacionales trabajen de manera coordinada para encontrar soluciones.
«Hay riojanos con responsabilidades nacionales y otros con responsabilidades provinciales. No entendemos por qué no pueden sentarse en una misma mesa para buscar soluciones. Nadie se salva solo», sostuvo.
Competir sin subsidios
El productor aclaró que el sector no reclama subsidios permanentes, sino condiciones que permitan competir en igualdad con otras regiones productivas.
En ese sentido, volvió a señalar el costo diferencial que representa la energía para los productores riojanos.
«No queremos vivir de subsidios. Queremos herramientas para competir. El Estado debe equilibrar esas diferencias estructurales», afirmó.
Como ejemplo de la pérdida de rentabilidad, Bellia explicó que mientras un kilo de tomate triturado se vende entre 1.600 y 2.100 pesos en las góndolas, el productor recibe apenas entre 80 y 100 pesos por la materia prima.
A su entender, esa diferencia demuestra que el productor y el consumidor terminan siendo los principales perjudicados dentro de la cadena comercial.
«Nuestro objetivo sigue siendo el mismo: mantener las fincas en producción, preservar las fuentes de trabajo y lograr que nuestros hijos puedan continuar desarrollando esta actividad», concluyó.