La Rioja con nivel de vacunación por encima de media nacional, pero con elevada letalidad del 1,83%

Hay ejemplos en los datos que informa cada provincia, traducidos en muertes por habitantes, letalidad del Covid y vacunas aplicadas. Ocho provincias tuvieron más muertes por habitantes que el promedio nacional. Y 12 aplicaron menos vacunas por millón que el promedio argentino.

El país tiene 2.793 muertes por millón de habitantes. Por encima de esa cifra se encuentran la Ciudad de Buenos Aires (4.088), Neuquén (3.859), Río Negro (3.497), Buenos Aires (3.411), Tierra del Fuego (3.251), La Pampa (3.225), San Luis (3.153) y Santa Cruz (2.986).

Por debajo del promedio se ubican Chubut (2.676), La Rioja (2.649), Mendoza (2.493), Salta (2.401), Santiago del Estero (1.375), Chaco (2.199), Jujuy (2.190) Formosa (2.148), Tucumán (2.126), Córdoba (2.086), Entre Ríos (2.026), Catamarca (1.853), San Juan (1.580), Corrientes (1.545), Misiones (738),

Las provincias que más vacunas aplicaron por millón de habitantes son Ciudad de Buenos Aires (2,5 millones de dosis), La Pampa (2,49 millones), Formosa (2,42 millones) San Luis (2,40 millones), Santiago del Estero (2,35 millones), Catamarca (2,29 millones), Santa Fe (2,29 millones), Neuquén (2,27 millones), La Rioja (2,25 millones), Buenos Aires (2,19 millones), Río Negro (2,18 millones), Córdoba (2,14 millones),

El promedio nacional es de 2,13 millones de vacunas por millón de habitantes, poco más de dos dosis por persona. Por debajo de esa marca se encuentran Tierra del Fuego (2,11 millones), Entre Ríos (2,10 millones), San Juan (2,09 millones), Corrientes (2,05 millones), Mendoza (2,01 millones), Santa Cruz (1,88 millones), Chubut (1,83 millones), Salta (1,81 millones), Chaco (1,78 millones), Misiones (1,64 millones).

El índice de letalidad por provincia -muertes por casos registrados- podría ayudar a afinar la puntería en esta búsqueda. Aunque a través de esa variable los datos disponibles también abonan interrogantes.

Mientras la letalidad promedio en el país es del 1,41 por ciento, la discriminación por provincia muestra valores que van de un máximo de 2,20 por ciento (Salta) a un mínimo de 0,81 por ciento (Córdoba).

Cabe acotar que Salta vacunó por debajo de la media nacional, pero esa diferencia no parece ser lo suficientemente gravitante como para explicar por sí misma tan magro resultado. En Córdoba se da lo inverso: vacunaron apenas por encima de la media nacional y el resultado de letalidad informado se ubica muy por debajo de la media.

Otros ejemplos relativizan una causalidad lineal entre vacunas aplicadas y muertes: Buenos Aires vacunó casi lo mismo que la media nacional pero su letalidad es más alta que la del país (1,68 por ciento). Catamarca es el caso contrario: vacunó 7,7 por ciento por encima del promedio -no se ubica entre las provincias con más vacunas aplicadas- e informa una letalidad de apenas el 0,88 por ciento.

La Rioja es otro caso curioso: con un nivel de vacunación por encima de la norma, obtiene hasta ahora una elevada letalidad, del 1,83 por ciento, según Clarín. En Mendoza se da algo parecido: con valores de vacunación 5,5 por ciento por debajo de la media, su letalidad es del 1,82 por ciento. Misiones, la provincia del país que menos vacunas por habitantes aplicó, registra una letalidad inferior a la nacional: 1,35 por ciento.

Los ejemplos que reflejan un patrón más lógico son los de CABA, La Pampa, San Luis, Santa Fe, Formosa y Santiago del Estero, provincias en las que niveles de vacunación por encima del promedio arrojan cifras de letalidad por debajo, que oscilan entre el 1,07 por ciento (Santiago del Estero) y 1,26 por ciento (Santa Fe).

Los datos registrados no muestran siempre un nexo directo entre el impacto de la letalidad del Covid y la cantidad de gente inmunizada con una, dos y tres dosis por distrito. En algunos casos las provincias más diezmadas en vidas son las que menos vacunaron a sus poblaciones, pero también se da la relación inversa.

La cantidad de muertes no sólo tiene que ver con la proporción de gente inmunizada, sino también con otras variables: densidad poblacional de algunas ciudades -que ha impedido que el distanciamiento como prevención fuera más eficaz-, edad de los habitantes -distritos con gente más envejecida que otros- e incidencia de la gente con comorbilidades en cada territorio.