Con la implementación de la Boleta Única de Papel (BUP), Argentina busca reducir irregularidades y mejorar la accesibilidad electoral. Sin embargo, especialistas advierten sobre posibles desafíos, como la menor visibilidad de partidos pequeños y un posible aumento de votos nulos y en blanco.
Argentina dio un paso significativo en su sistema electoral al reemplazar las tradicionales boletas partidarias por la Boleta Única de Papel (BUP), a través de la Ley Nº 27.781. Este cambio, que solo se aplicará en comicios nacionales, busca reducir irregularidades como el robo o la destrucción de boletas, y mejorar la accesibilidad del proceso electoral. Sin embargo, su implementación también plantea desafíos y dudas sobre su impacto en la transparencia, los costos y la equidad electoral.
La BUP introduce dos cambios principales respecto al sistema anterior. En lugar de boletas separadas por partido, ahora toda la oferta electoral estará concentrada en una sola boleta. Los votantes deberán marcar con una cruz al lado del candidato de su preferencia y luego introducir la boleta en un sobre. La boleta tendrá franjas horizontales para distinguir las categorías de cargos electivos y franjas verticales para las distintas agrupaciones políticas, incluyendo nombres, símbolos y fotografías de los candidatos. Este sistema ya se utiliza en provincias como Santa Fe, Córdoba y Mendoza.
Miguel De Luca, politólogo y especialista en sistemas electorales, destacó que la BUP garantiza la presencia de todas las listas oficializadas en el cuarto oscuro, evitando la ausencia de boletas por hurto o destrucción. Sin embargo, advirtió que «seguirán siendo necesarios los fiscales de cada fuerza para verificar la identidad de los electores y garantizar que todos los votos sean contados». Además, señaló que este sistema beneficia a los partidos pequeños, ya que no tendrán que reponer boletas durante la jornada electoral.
No obstante, De Luca también planteó preocupaciones. «La presencia en el cuarto oscuro es una ínfima parte de la visibilidad de una fuerza política», afirmó, subrayando la importancia de que los partidos pequeños accedan a espacios en medios de comunicación para difundir sus propuestas. Asimismo, advirtió que en el debut de este sistema podrían aumentar los niveles de voto en blanco y nulo debido a la falta de familiaridad de los electores con la nueva boleta.
Respecto a los costos, el especialista consideró que es «prematuro hablar de ahorros». Explicó que en algunos distritos continuarán utilizando boletas partidarias para las categorías provinciales, lo que implica la coexistencia de ambos sistemas. Además, el presupuesto del ciclo electoral debió ajustarse para contemplar esta situación. «La democracia cuesta dinero. Toda oportunidad de votar para cualquier tipo de cargo público o tema de interés general siempre está bien», afirmó.
De Luca también hizo hincapié en la importancia de que la ciudadanía esté bien informada sobre el nuevo sistema. Recomendó prestar atención a las campañas de difusión previas a las elecciones, ya que «en los estrenos de este tipo de herramientas suelen aumentar los niveles de voto en blanco y nulo».
En definitiva, la implementación de la Boleta Única de Papel marca un cambio significativo en la dinámica electoral argentina. Mientras que sus defensores destacan su potencial para reducir irregularidades y garantizar la presencia de todas las listas en el cuarto oscuro, los desafíos radican en asegurar que el sistema sea comprendido por los votantes y que no afecte negativamente la visibilidad de los partidos más pequeños. El éxito de esta reforma dependerá de una implementación ordenada y de una adecuada comunicación con la ciudadanía.



