El presidente de la Cámara de Diputados fue el cerebro detrás del desembarco del mandatario en el festival de doma, una foto de alto voltaje que alimentó las especulaciones sobre el binomio presidencial para el próximo turno electoral. El riojano confirmó que la maquinaria libertaria ya trabaja para que Milei gobierne «ocho años», mientras diseña una gira federal por fiestas populares que contrasta con el derrumbe de la inversión en su propia provincia.
La noche del viernes en Jesús María dejó mucho más que imágenes de color y ovaciones camperas. Sobre el escenario del anfiteatro José Hernández, el oficialismo puso en escena lo que el círculo rojo leyó como el ensayo general de la fórmula presidencial pura para 2027: Javier Milei – Martín Menem.
El presidente de la Cámara de Diputados no fue un simple acompañante. Fue el ideólogo y artífice de la nueva estrategia de la Casa Rosada: sacar al Presidente del entorno controlado de Olivos y «bajarlo» al territorio profundo a través de las fiestas populares. La maniobra busca oxigenar la gestión y medir el pulso social sin intermediarios, una tarea que el riojano asumió como propia bajo la atenta mirada de su primo y operador en las sombras, Eduardo «Lule» Menem.
El «Plan Reelección» ya está en marcha
Martín Menem no ocultó el objetivo final de esta gira. En declaraciones que retumbaron en la interna libertaria, el titular de la Cámara baja sinceró la hoja de ruta: «Trabajamos para la reelección de Javier Milei. El proyecto es de ocho años para transformar la Argentina de raíz».
La frase funcionó como un disparo de largada. Con Victoria Villarruel jugando su propio partido con agenda propia, la figura de Menem crece como la del ladero leal, el hombre que garantiza alineamiento total y que ahora, además, le abre al Presidente las puertas del interior. Jesús María fue el primer test de este «operativo clamor» federal diseñado para fidelizar el núcleo duro del voto libertario en las provincias.
La paradoja riojana: campaña nacional y crisis local
Sin embargo, la proyección nacional de la dupla Milei-Menem choca de frente con la realidad del pago chico de los legisladores. Mientras Martín y Lule diseñan la logística para que el Presidente recorra el país, su provincia natal, La Rioja, atraviesa un colapso económico que los datos oficiales exponen con crudeza.
El «modelo» que los Menem buscan nacionalizar tiene a su provincia de origen en una situación crítica. Según los informes fiscales recientes, la inversión real directa de la Nación en La Rioja se desplomó un 99,1% en 2025 comparado con 2023. La obra pública nacional prácticamente desapareció del mapa riojano, con una caída del 99,2% en el rubro construcciones.
El contraste entre la fiesta en Córdoba y los números en La Rioja es brutal. Mientras Menem levanta el perfil, la provincia que gobierna el peronismo —pero que es su base territorial— se convirtió en la segunda jurisdicción más endeudada del país, con pasivos que representan el 56,4% de sus ingresos. Más grave aún: el 95,1% de esa deuda está en dólares, una bomba de tiempo que el gobierno nacional no parece dispuesto a desactivar con asistencia financiera.
La gira continúa
Pese a los números rojos de su provincia, donde el empleo privado cayó casi un 13% desde que Milei llegó al poder, Martín Menem apuesta todo a la construcción política. La foto de Jesús María validó su rol de estratega.
Ahora, la incógnita se traslada a febrero. Con el antecedente de Córdoba, la posibilidad de que Javier Milei desembarque en la Fiesta de la Chaya dejó de ser una utopía para convertirse en una hipótesis de conflicto real con el gobernador Ricardo Quintela. Sería la foto definitiva: el Presidente y su potencial vice, celebrando en el corazón del territorio enemigo, desafiando la crisis económica con la lógica del espectáculo político.



