Un reciente informe expone la fuerte desigualdad en el desarrollo del país entre 2004 y 2024. Mientras Neuquén casi duplicó su economía gracias a Vaca Muerta, la provincia riojana apenas creció un 27,7% y se ubicó en el furgón de cola a nivel nacional. Las razones detrás de un modelo productivo que exige reinvención. La Argentina de las últimas dos décadas es, en términos económicos, un país de realidades fragmentadas. Mientras algunas jurisdicciones lograron subirse a la ola de los nuevos recursos estratégicos globales y transformaron su matriz productiva, otras quedaron ancladas en modelos de bajo dinamismo. Así lo revela un reciente informe elaborado por Argendata (Fundar), en base a datos de la CEPAL y el Ministerio de Economía, que analiza la variación porcentual del Producto Bruto Geográfico (PBG) entre 2004 y 2024. El ranking nacional muestra extremos asombrosos. Neuquén es la estrella indiscutida de este período: impulsada por el desarrollo no convencional de Vaca Muerta, la provincia patagónica prácticamente duplicó su economía con un asombroso crecimiento del 91,9%. Le siguen de cerca jurisdicciones del norte que supieron reconfigurarse, como Santiago del Estero (80,3%) con la expansión de su frontera agrícola, y Jujuy (66,2%), impulsada por el litio y las energías renovables. En el extremo opuesto, el estancamiento es evidente. Catamarca registró una retracción del -0,7%, mientras que provincias históricamente ricas en recursos convencionales como Santa Cruz (7,2%) y Chubut (15,2%) mostraron un desempeño sumamente pobre, evidenciando el agotamiento de sus cuencas petroleras maduras. El escenario riojano: un crecimiento a cuentagotas En este mapa de fuertes contrastes, La Rioja arroja cifras que encienden luces de alerta. Durante el período de veinte años analizado, la economía riojana creció apenas un 27,7%. Este número ubica a la provincia en el lote de las más rezagadas del país (en el puesto 19 sobre 24 jurisdicciones), superando únicamente a San Luis, Mendoza, Chubut, Santa Cruz y Catamarca. Si se anualiza esa cifra, el crecimiento promedio de La Rioja rondó apenas el 1,3% anual durante dos décadas, un ritmo insuficiente para generar un salto de calidad en el desarrollo local, especialmente si se la compara con su vecina San Juan, que en el mismo período trepó un 60,9%. ¿Por qué algunas provincias volaron y otras se quedaron atrás? La pregunta central que deja el gráfico es qué explica esta brecha abismal. La respuesta radica en las transformaciones productivas. Los últimos 20 años premiaron a las provincias que lograron insertar nuevos motores en sus economías. Neuquén es el ejemplo de manual: el hidrocarburo no convencional inyectó miles de millones de dólares y dinamizó desde la construcción hasta los servicios. En el caso de La Rioja, el rezago se explica por la falta de un sector fuertemente disruptivo que traccione al resto de la economía. Mientras otras provincias atraían inversiones globales para minería moderna, agroindustria a gran escala o energías limpias, La Rioja mantuvo una matriz fuertemente tradicional y dependiente. Los expertos señalan tres factores clave para entender el lento ritmo riojano: El peso del sector público: Al igual que en otras provincias del norte, la alta dependencia del empleo estatal y de los fondos coparticipables funciona como un amortiguador social, pero no genera los saltos de valor agregado que sí da el sector privado exportador. El fin de las ventajas impositivas: El histórico régimen de Promoción Industrial que supo beneficiar a la provincia en el pasado dejó un parque industrial que, si bien subsiste con sectores como el textil o el calzado, sufrió fuertemente los vaivenes macroeconómicos del país al no poder competir en igualdad de condiciones por cuestiones logísticas (distancia a los puertos). Limitantes geográficos y de infraestructura: La histórica escasez hídrica pone un techo duro a la expansión agrícola tradicional (vid, olivo, nogal), requiriendo inversiones masivas en tecnología de riego que no siempre llegan al ritmo necesario. El informe deja una conclusión clara: el crecimiento sostenido no es producto del azar, sino de la capacidad de los territorios para integrar nuevos vectores de desarrollo. Para La Rioja, el desafío de los próximos años será identificar cuál será su propia «Vaca Muerta» o su «boom del litio» —ya sea a través de las energías renovables, el turismo especializado, la minería sustentable o la economía del conocimiento— para salir del furgón de cola y subirse al tren del desarrollo acelerado. Compartir Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir Relacionado Navegación de entradas Golpe al bolsillo en el Noroeste: la inflación de febrero fue del 3,5% y se convirtió en la región con mayores subas del país Impuestos que asfixian el crédito: por qué en La Rioja un préstamo con tasa del 60% termina costando más del 81%