Sin posibilidad de reelección, el gobernador busca evitar fricciones anticipadas por su sucesión. Encuestas recientes exponen el rechazo a la gestión nacional en la provincia y reordenan el tablero de los posibles candidatos oficialistas, dejando a viejos aliados contra las cuerdas y consolidando nuevas figuras.
El peronismo riojano decidió poner un pie en el freno. Con un Ricardo Quintela que transita su último mandato sin posibilidad de reelección y con la mirada puesta cada vez más en el escenario nacional, el Partido Justicialista local busca dilatar, al menos hasta agosto próximo, la siempre espinosa discusión por la sucesión en la gobernación. El objetivo primordial en la «Casa de las Tejas» es claro: evitar un camino de fricciones internas prematuras que debiliten la convivencia del oficialismo de cara a las cruciales elecciones de 2027.
La estrategia de Quintela tiene un anclaje directo en la Casa Rosada. El mandatario provincial está convencido de que Javier Milei llegará con un fuerte desgaste al tramo final de su mandato. Si tuviera que ir al casino, Quintela pondría un pleno a esa hipótesis.
Los números que maneja el gobierno provincial parecen, por el momento, darle la derecha a esa especulación. Según encuestas recientes de impacto local a las que se tuvo acceso, la gestión de Javier Milei en La Rioja cosecha un rechazo superior a su aprobación. Un 40,6% de los encuestados califica la gestión libertaria como «Mala» (35,3%) o «Muy Mala» (5,3%), frente a un 26,6% que la considera «Buena» (11,3%) o «Muy Buena» (15,3%). Este diferencial negativo es el combustible que alimenta la esperanza del peronismo riojano: erigirse como la única alternativa viable frente a la crisis.
Ante este panorama, Quintela se instala en el debate nacional. Su cálculo es que, con un Milei debilitado, el PJ resurgirá y él tendrá una silla asegurada en la mesa chica de las decisiones a nivel país, codeándose con figuras como Axel Kicillof, Sergio Massa y Cristina Fernández de Kirchner. Si ese escenario de un peronismo en alza y sin riesgos provinciales se concreta, el gobernador riojano confía en tener el capital político suficiente para «bendecir» a su sucesor sin que el partido se fracture.
La danza de nombres y los números de la sucesión
Aunque la orden es esperar hasta agosto, los movimientos de las distintas facciones ya comenzaron. Quintela permite que quienes se sientan precandidatos comiencen a «caminar» la provincia, pero trazó una línea roja infranqueable: cero agresiones públicas y prohibición de operaciones de prensa cruzadas.
En el radar del 2027 ya asoman figuras con intenciones firmes, respaldadas por las mediciones de imagen pública que hoy circulan en los despachos gubernamentales:
- Teresita Madera: La actual vicegobernadora es quien exhibe los números más robustos dentro del esquema provincial. Posee una imagen positiva combinada del 45,3% («Buena» 34% y «Muy Buena» 11,3%), superando ampliamente a su imagen negativa, que se clava en un 26%.
- Gabriela Pedrali: La diputada nacional también muestra un saldo favorable para el oficialismo. Alcanza un 33% de imagen positiva frente a un 27% de negativa, con un alto componente (40%) de encuestados que la evalúan como «Regular», lo que marca un terreno de crecimiento potencial.
- Florencia López: La senadora nacional presenta un escenario más polarizado y con alto nivel de indefinición. Un 52% califica su imagen como «Regular», mientras que los polos se empatan: 23% de positiva contra un 25% de negativa.
- El factor Chilecito y la Ley de Lemas: El intendente de Chilecito, Rodrigo Brizuela y Doria, está en la consideración. En el peronismo muchos advierten que no descartaría aceptar una vicegobernación, conformando una fórmula clásica que represente a los dos distritos más fuertes (Capital – Chilecito). A esto se suma la sombra del exgobernador Luis Beder Herrera, quien amenaza con colarse en la disputa si el oficialismo decide revivir el polémico sistema electoral de la Ley de Lemas.
- La oposición libertaria: Martín Menem, figura de La Libertad Avanza en la provincia y titular de la Cámara de Diputados de la Nación, refleja la polarización de su espacio: 23% de imagen positiva, 28% negativa, y un contundente 49% que lo califica como «Regular», evidenciando que el electorado local mantiene una postura expectante sobre su figura.
El ocaso de Armando Molina: de heredero a dependiente
El dato político más crudo que arrojan los análisis y las encuestas en La Rioja es el desplome de Armando Molina. El actual intendente de la Capital, quien supo ser la mano derecha de Quintela y perfilaba como un sucesor natural, hoy está prácticamente fuera de la consideración para la gobernación.
Sus números son lapidarios: arrastra un 49% de imagen negativa (32% «Mala» y 17% «Muy Mala»), mientras que su imagen positiva apenas roza el 23%.
Desde la «Casa de Todos» (sede del Ejecutivo provincial) el diagnóstico es letal: el gran error de Molina fue ir por la intendencia de la capital riojana con un cálculo político que fracasó estrepitosamente. Molina asumió pensando que la provincia seguiría inundada de recursos nacionales (apostando a un triunfo de Massa), lo que le permitiría no solo sostener la ciudad, sino armar una estructura de poder paralela —el «armandismo»— financiando a otros intendentes del interior desde el Palacio Ramírez de Velasco para disputarle la hegemonía al propio Quintela.
El sorpresivo triunfo de Javier Milei le dio vuelta el escenario y le cortó el grifo de los fondos. Hoy, el plan de imponer su propio «ismo» quedó en la nada y Molina atraviesa una severa crisis de gestión. «Hoy necesita más que nunca del quintelismo que se buscó hacer desaparecer. Es su única vía de supervivencia», sentencian fuentes muy cercanas al gobernador.
Actualmente, es el gobierno de Quintela quien le sostiene la gestión en la Capital: le financia obras, le aporta el trabajo territorial de los «chalecos rojos», e incluso el Ministerio de Producción provincial tiene que hacerse cargo del desmalezamiento de la ciudad. Con este panorama de asfixia financiera e incapacidad operativa, en el PJ local aseguran que la única preocupación de Molina hoy debería ser intentar retener la intendencia en 2027, una tarea que, a la luz de los sondeos, se perfila titánica.
El escenario del miedo
La estrategia de Quintela es sólida en los papeles, pero tiene un talón de Aquiles: ¿Qué pasa si la economía rebota y Javier Milei llega al 2027 fortalecido?
Si el Presidente logra estabilizar su imagen y La Libertad Avanza se vuelve competitiva en la provincia, la realidad para el peronismo riojano será diametralmente opuesta. Un escenario nacional adverso multiplicaría las presiones de la dirigencia local sobre Quintela. Ya no habría margen para imposiciones desde arriba; el gobernador se vería forzado a armar un rompecabezas interno que, ineludiblemente, dejará heridos graves. Y en una elección ajustada contra el desgaste del peronismo y el avance libertario, esos heridos internos podrían ser el pasaporte a la derrota de un bastión histórico del PJ.
Por ahora, en La Rioja, el reloj marca el compás de espera hasta agosto. El peronismo mira las encuestas, mide el humor social y prende velas para que la motosierra nacional termine limando sus propios cimientos.



