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Italia 90, a 36 años: el lobby riojano de Menem por Ramón Díaz y el asado de Olivos que no torció la mano de Bilardo

Por Eduardo Nelson German · 21 de abril de 2026 · 09:27

A 52 días del inicio del Mundial, el entonces presidente recibió en la Quinta de Olivos al técnico de la Selección y al presidente de la AFA para empujar la convocatoria de su coterráneo. El plantó de Diego Maradona, las críticas públicas al rendimiento del equipo y una única frase de Bilardo en toda la noche. La historia de un capítulo en el que La Rioja se metió, por dos de sus hijos más reconocidos, en el centro del escenario deportivo argentino.

La historia futbolera argentina tiene un capítulo escrito con tinta riojana y fecha precisa: 17 de abril de 1990, Quinta de Olivos, cena con asado de por medio. Del otro lado de la mesa, Carlos Salvador Bilardo, director técnico de la Selección Nacional, y Julio Humberto Grondona, presidente de la AFA. Del lado anfitrión, el entonces presidente de la Nación Carlos Saúl Menem, junto al secretario de Deportes Fernando Galmarini. El objetivo declarado del encuentro era hablar de fútbol. El objetivo real, a 52 días del debut mundialista en Italia, era uno solo: convencer al Narigón de convocar a Ramón Ángel Díaz, el otro riojano ilustre, para el plantel que viajaría a defender el título obtenido en México 86.

No lo logró. Pero la escena quedó como uno de los episodios más recordados de la relación, siempre turbulenta, entre el poder político y la Selección Argentina.

Un presidente riojano e histriónico, futbolero declarado

Menem había ganado las elecciones en mayo de 1989 y asumido anticipadamente en julio. Desde el primer día mostró su costado deportivo. Apenas trece días después de llegar a la Casa Rosada, participó de un partido a beneficio en la cancha de Vélez Sarsfield, con la camiseta número 5 y en un equipo dirigido por Bilardo que contó con Diego Maradona como figura central. El Amalfitani reunió a unas 40.000 personas para ver al mandatario riojano disputar los 90 minutos en un encuentro que el combinado albiceleste ganó 1 a 0, con gol de Diego, frente a un equipo integrado por futbolistas elegidos por Agremiados.

El gesto, leído entonces como una puesta en escena típica de su estilo, marcaba además el terreno: el nuevo presidente se iba a meter en las discusiones futboleras con la misma desenvoltura con la que llevaba adelante la agenda económica y política.

«Sería un error imperdonable no convocarlo»

La tensión se instaló en febrero de 1990. Desde La Rioja, y con la campaña mundialista ya en su recta final, Menem lanzó una frase que incomodó de lleno a Bilardo y a Maradona. Sostuvo que Ramón Díaz, por entonces figura del Inter de Italia —campeón de la Serie A 1988/89— y del Mónaco francés, no podía quedarse afuera del plantel que viajaría a Italia. Muchos jugadores de la Selección retrucaron con una frase que se volvió símbolo de aquella polémica: Bilardo no le sugiere los ministros al presidente.

Menem redobló la apuesta. Argumentó que había sido futbolista, que conocía el tema y que tenía todo el derecho a opinar.

La respuesta de Maradona y el trasfondo de la disputa

El 9 de marzo, en diálogo con Radio Mitre, Diego Maradona entró de lleno en el debate. Sostuvo que el presidente estaba opinando mal de un tema que no le correspondía, y retomó la analogía ministerial. Luego le bajó el tono con una frase que buscaba cerrar la discusión: el presidente tenía cosas más importantes de las que ocuparse, porque un Mundial dura un mes y medio y la vida de los argentinos, mucho más.

Diego no esquivó el núcleo del asunto, que era vox populi: que él no quería a Ramón Díaz en la Selección. Según su planteo, si el técnico quería llamarlo al riojano, que lo llamara Bilardo y no el presidente; así quedaría claro que la no convocatoria no respondía a una cuestión personal con él.

La historia confirmaba lo que todos intuían. La relación entre Maradona y Ramón Díaz venía fracturada desde la gira juvenil de 1979, y ni el pedido de Menem ni las gestiones posteriores del propio hijo del presidente lograron acercar a los dos ídolos.

El asado de Olivos y la única frase de Bilardo

Tras una gira de preparación floja —la Selección acumulaba entonces una racha de siete partidos oficiales sin convertir, unos 836 minutos sin goles, récord aún vigente— y después de la derrota 1 a 0 frente a Escocia el 28 de marzo en Glasgow, Menem volvió a la carga. Dijo que el equipo había jugado mal, llamó la atención por la falta de gol, volvió a reclamar por Ramón Díaz y hasta deslizó nombres alternativos, como Medina Bello o el goleador del torneo, Cozzoni.

Así se llegó al asado del 17 de abril en Olivos. El encuentro fue cordial, pero cada uno se fue de Olivos con la misma posición con la que había llegado. En la conferencia de prensa posterior, Menem monopolizó la palabra: aclaró que había invitado al DT y al presidente de la AFA para «hablar de fútbol» y no para presionar, dijo que sus opiniones anteriores las había hecho «como hincha» y no como mandatario, y reconoció —casi como epitafio del tema— que el técnico de la Selección era Bilardo y que era él quien ponía y sacaba jugadores.

Sobre Ramón Díaz, el presidente admitió que la relación con Maradona estaba rota y que la convocatoria no tenía solución, e incluso reveló que su propio hijo había intentado mediar con Diego sin éxito. Hábilmente, cerró diciendo que seguramente Bilardo tenía razones técnicas para no convocarlo.

Bilardo, fiel a su estilo, escuchó casi todo en silencio. Habló apenas una vez en toda la conferencia, y lo hizo para marcar la cancha en un registro completamente distinto: dijo que quería quedarse en la Argentina y que por esa razón dejaría la dirección técnica después del Mundial. Reveló que había rechazado una oferta del Barcelona siete meses atrás y advirtió, con lucidez cínica, que tal vez después de Italia ya no iba a valer nada.

Epílogo: Camerún, el palco y el riojano que no fue

El desenlace es conocido. El 8 de junio de 1990, en el estadio Giuseppe Meazza de Milán, Argentina debutó en el Mundial con una derrota inesperada frente a Camerún por 1 a 0. Ramón Díaz siguió el partido desde lejos: nunca fue convocado. Carlos Menem lo vio desde el palco oficial.

La Selección, con Maradona como estandarte, remontaría aquel papelón inicial para llegar hasta la final del 8 de julio en el Olímpico de Roma, donde perdería 1 a 0 frente a Alemania Occidental por un penal cobrado por Edgardo Codesal. El Narigón cumpliría, meses después, su promesa: dejaría la Selección.

Treinta y seis años después, con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina y dividido entre Estados Unidos, México y Canadá, la escena del asado de Olivos conserva toda su potencia como retrato de una época. La de un presidente riojano que se animaba a opinar en voz alta sobre la Selección, la de un ídolo riojano que jugaba en Europa y miraba el Mundial por televisión, y la de un técnico que, rodeado de política y de periodistas, entendía mejor que nadie que en el fútbol —como en la vida pública— al final el que decide es el que firma la lista.