Economía

La Rioja pierde empleos mientras el país se redistribuye hacia la energía: el costo de la exclusión provincial

Por Eduardo Nelson German · 8 de mayo de 2026 · 16:03

En 15 años, la provincia registró una caída de 1.958 puestos de trabajo privado formal. Mientras Neuquén concentra el 60% de la creación neta nacional, La Rioja se queda atrás de la transformación productiva, atrapada en un modelo que no genera empleo y la aleja de la minería que podría revivirla.

Entre diciembre de 2011 y diciembre de 2025, Argentina creó apenas 96.052 puestos de trabajo privado registrado a nivel nacional. Un número que, a primera vista, parece modesto. Pero detrás de esa cifra se esconde un mapa radicalmente distinto del que el país poseía hace 15 años. Y La Rioja, lejos de beneficiarse de esa reconfiguración, quedó fuera del nuevo orden territorial de la economía.

Mientras Neuquén explicó por sí sola el 60,8% del crecimiento neto nacional gracias al desarrollo de Vaca Muerta, La Rioja registró una contracción: perdió 1.958 empleos en el sector privado formal. Se sumó así al club reducido de nueve provincias que experimentaron caídas absolutas en el empleo durante el período analizado por datos del Ministerio de Capital Humano. Solo Buenos Aires sufrió un desastre mayor, con 42.941 puestos perdidos.

El fenómeno revela una realidad incómoda: mientras el país se redesibuja «a lo largo de la cordillera», en torno a los polos de la energía y la minería, las provincias del noroeste como La Rioja quedan atrapadas en una estructura productiva que se contrae. No son beneficiarios del boom de petróleo y gas no convencional. Tampoco lograron diversificar hacia los sectores que ahora dinamizan empleo: minería moderna, energía renovable, o servicios especializados. El resultado es un empleo que desaparece sin alternativas visibles en el horizonte.

La paradoja riojana: riqueza mineral sin empleo

La situación es particularmente paradójica en una provincia rica en recursos. La Rioja posee depósitos de cobre de escala mundial en la zona de Guandacol, actualmente en disputa jurisdiccional con San Juan en el caso de la mina Vicuña. Paradójicamente, esos mismos recursos que deberían posicionarla como protagonista de la transformación productiva nacional la mantienen bloqueada en conflictos de límites interprovinciales que impiden su explotación.

Mientras tanto, provincias vecinas avanzan en diversificación energética. La instalación de parques solares, la expansión de energías renovables, y los proyectos de litio en el NOA se distribuyen entre Jujuy, Salta y Catamarca, dejando a La Rioja en un segundo plano. Los datos de exportación lo confirman: en los últimos años, Catamarca ha despegado en empleabilidad privada formal mientras La Rioja acumula rezago.

Un modelo que no se redistribuye

Para José María Segura, economista jefe de PwC Argentina, el fenómeno responde a una transformación estructural profunda de la economía: «La minería, la energía y el agro consolidan su rol como motores de actividad, mientras que sectores históricamente ligados a la demanda interna muestran rezago.» El mapa del empleo «se está redibujando lejos de los centros urbanos tradicionales», escribió.

Pero esa redistribución no es equitativa. La Rioja, una provincia con dependencia histórica de transferencias nacionales y presencia limitada en los nuevos ejes de actividad, quedó atrapada en los «sectores rezagados»: empleo público comprimido por restricciones fiscales, economía informal dilatada, y un sector privado formal que se contrae sin remedio.

Los costos territoriales del cambio

El análisis de Segura advierte que esta redistribución no es neutral en términos territoriales y sociales. Implica que «familias enteras consideren relocalizarse, con todo lo que eso supone en términos de arraigo, infraestructura y calidad de vida». En ciudades vinculadas a energía y minería, las tasas de desempleo son sensiblemente menores al promedio nacional. En aglomerados como los del NOA no energético, el deterioro relativo es evidente.

La pregunta incómoda para La Rioja es si puede escapar a ese deterioro sin resolver dos cuestiones centrales: primero, la desbloqueo de sus recursos mineros (la disputa de Vicuña es un caso emblemático); segundo, la construcción de capacidades humanas, infraestructura y marcos institucionales que hagan atractiva la inversión en sectores no convencionales.

El desafío de la empleabilidad

A diferencia del debate que enfatiza la «cantidad» de empleos, Segura plantea que el verdadero desafío de Argentina «no es tanto la cantidad de empleos que el nuevo modelo puede generar, sino la capacidad del sistema educativo, institucional y territorial de formar el capital humano y favorecer los flujos migratorios que esa transformación demanda».

Para La Rioja, ese diagnóstico es un espejo incómodo. La provincia necesita no solo crear empleo, sino las condiciones para que ese empleo sea en sectores de futuro. Mientras tanto, sigue perdiendo trabajadores registrados en un modelo que se queda sin tiempo de espera.


EL DATO: Entre los nueve distritos que registraron caídas en empleo privado formal 2011-2025, La Rioja fue la cuarta más afectada en términos relativos, después de CABA, Santa Cruz y San Juan. Su contracción refleja una provincia que quedó fuera del nuevo mapa productivo del país.