En mayo, el distrito percibió $403.598 por cada residente en concepto de recursos de origen nacional y se ubicó cuarta en el podio del reparto federal; la contracara es la persistente devaluación del bolsillo local. La distribución de los recursos federales consolida una marcada paradoja económica en el norte argentino. En medio de los debates por el impacto de las políticas fiscales en las provincias, un informe elaborado por el economista José Nicolás Casas reveló que La Rioja se posicionó en mayo de 2026 como una de las jurisdicciones más favorecidas por el flujo de fondos de origen nacional medido por habitante. Sin embargo, el análisis advierte que esta importante inyección de recursos públicos contrasta de forma directa con una realidad preocupante: los ingresos de las familias riojanas continúan entre los más bajos del país. De acuerdo con los datos presentados por Casas, La Rioja percibió en mayo el equivalente a $403.598 por habitante. Semejante volumen de fondos per cápita la ubicó en la cima del reparto general de recursos federales, siendo superada únicamente por tres distritos: Tierra del Fuego, Catamarca y Formosa. Esta elevada asignación responde, principalmente, a la estructura de la coparticipación federal y a las leyes especiales que resguardan la transferencia automática de recursos tributarios a los distritos de menor densidad poblacional, buscando compensar asimetrías estructurales. Fondos públicos vs. realidad del bolsillo El ingreso recibido por las arcas provinciales basándose en el cálculo por habitante no logra traducirse de manera lineal en un mayor bienestar para los hogares. Mientras los recursos fluyen con fuerza hacia la administración local, la contraparte privada y laboral muestra un escenario adverso donde el poder adquisitivo se encuentra fuertemente deprimido. En su informe, el economista José Nicolás Casas atribuye esta brecha a factores estructurales de la economía provincial, entre los que se destacan: Dependencia del empleo estatal: Un mercado laboral marcadamente dominado por el sector público, donde las actualizaciones salariales suelen correr detrás de los índices de inflación generales. Debilidad del sector privado: Un tejido industrial y comercial local que reporta niveles salariales promedio inferiores a la media de la región centro o patagónica. Baja diversificación económica: Escasa presencia de sectores de alta productividad que limiten la llegada de salarios de alta remuneración al circuito de consumo residencial. El impacto en los hogares La divergencia expuesta por Casas pone de manifiesto las limitaciones de evaluar la salud socioeconómica de una región únicamente a través de la caja del Estado. El alto nivel de recursos transferidos por habitante convive diariamente con canastas básicas que se vuelven cada vez más difíciles de costear para los ciudadanos de a pie. A pesar de contar con un flujo de fondos preferencial respecto a grandes centros urbanos del país en la métrica por individuo, la transferencia no ha funcionado como un motor automático de elevación salarial. Con las cuentas públicas aliviadas por el giro nacional, el desafío de la administración que encabeza Ricardo Quintela sigue concentrado en cómo transformar esa abundancia fiscal per cápita en una mejora palpable para el alicaído bolsillo de sus habitantes. Compartir Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir Relacionado Navegación de entradas Radiografía de la asistencia social: las planillas oficiales revelan que el ajuste en La Rioja perdona a los comedores escolares