Un informe de la UADE revela fuertes asimetrías federales en el tributo que grava a los vehículos. La provincia norteña registra una tasa del 2,50%, superando la media del país que se posiciona en 1,93%.

El costo de mantener un vehículo en circulación varía sustancialmente según la provincia en la que esté radicado. Un relevamiento del Instituto de Economía de la Universidad Argentina de la Empresa (INECO-UADE), difundido por la plataforma «Argentina en Datos», expuso la disparidad de las alícuotas del impuesto automotor (conocido popularmente como patente) a nivel nacional, reavivando el debate sobre el sesgo patrimonial de este tributo y su impacto en el bolsillo de los contribuyentes.

De acuerdo con el informe, que toma como base la legislación impositiva provincial y municipal vigente, La Rioja aplica una tasa del 2,50%, ubicándose firmemente en el lote de distritos que ejercen una presión fiscal superior al promedio nacional, el cual se sitúa en un 1,93%. Con este porcentaje, la jurisdicción riojana comparte el mismo nivel de carga impositiva que Corrientes y Tierra del Fuego.

El mapa de las asimetrías

El análisis pormenorizado del ranking nacional deja en evidencia extremos muy marcados entre las distintas jurisdicciones:

  • Los distritos más caros: El podio de la mayor presión fiscal automotriz lo lidera Río Negro con una tasa del 3,50%, seguida de cerca por Entre Ríos (3,33%) y San Luis (2,94%). La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) también se posiciona en la franja alta con un 2,91%.
  • Los distritos más económicos: En la otra vereda, Córdoba se consolida como la provincia con la patente más barata del país, con una alícuota de apenas el 1,07%. Le siguen la provincia de Buenos Aires con el 1,59% y Mendoza con el 1,83%.
  • La paridad del 2%: Un total de nueve provincias —entre las que se encuentran las vecinas Catamarca, Jujuy, Salta, Tucumán y San Juan— optaron por un esquema unificado del 2,00%, quedando apenas unas décimas por encima de la media nacional, pero por debajo del registro riojano.

¿Mantenimiento vial o impuesto al patrimonio?

El informe de INECO-UADE abre un cuestionamiento clave sobre la naturaleza originaria del tributo. Aunque teóricamente el impuesto automotor nació con el propósito de financiar la infraestructura y el mantenimiento de la red vial, en la práctica actual funciona de manera directa como un impuesto al patrimonio.

Al calcularse el monto a pagar de forma proporcional sobre el valor de mercado del vehículo —tasado periódicamente por la Dirección Nacional de los Registros Nacionales de la Propiedad del Automóvil (DNRPA)—, el impuesto se desvincula del uso real de las calles o rutas y se convierte en una carga fija sobre el capital de los usuarios, profundizando el debate sobre la necesidad de armonizar los esquemas tributarios en el entramado federal.

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Por Eduardo Nelson German

Periodismo + Opinión

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