El obispo Dante Braida presidió la misa en acción de gracias centrada en la parábola del trigo y la cizaña; el cardenal Ángel Rossi encabezó la memoria litúrgica colectiva que incluyó la entrega de valiosos documentos históricos sobre monseñor Angelelli
LA RIOJA.– La comunidad católica de la provincia vivió este fin de semana una profunda demostración de fe y memoria histórica colectiva al conmemorarse medio siglo del martirio de los beatos Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville. Las celebraciones litúrgicas en la Iglesia Catedral —convertida en epicentro de la denominada «Fiesta del Pueblo de Dios»— entrelazaron el llamado a la conversión pastoral con el recuerdo del legado de los religiosos asesinados en julio de 1976 en Chamical.
En la mañana del domingo, el obispo diocesano, monseñor Dante Braida, presidió la misa central en acción de gracias por la entrega de los mártires. Tomando como referencia el Evangelio de Mateo sobre la parábola del trigo y la cizaña, el prelado riojano invitó a los fieles a realizar un examen de conciencia sobre las opciones cotidianas y a «darle lugar a Dios» a través de la oración regular, el silencio y la vida eucarística.
«La semilla, la mejor semilla del mundo, habita en nosotros. La tarea nuestra es cómo hacer que nuestro corazón sea tierra fértil y dócil», reflexionó monseñor Braida ante una nave central colmada por familias, jóvenes y ancianos. En su alocución, el obispo trazó paralelismos entre el texto bíblico y las actitudes mundanas que siembran división, como los chismes, las calumnias, la corrupción o el hábito de etiquetar al prójimo por sus errores.
Asimismo, Braida recordó la presencia en la provincia de familiares directos de los beatos —una sobrina de Longueville llegada desde Francia y una hermana de Murias—, cuyas vivencias permitieron reconstruir la dimensión humana y cotidiana de los mártires antes de su opción por el sacerdocio y su posterior testimonio de entrega. Recordó además que el templo catedralicio, junto a los sitios históricos del martirio, gozan este año de la concesión de indulgencias especiales.
Gestos de sinodalidad y un legado vigente
Las conmemoraciones habían tenido su punto más alto el viernes por la noche con la misa concelebrada por el cardenal Ángel Rossi (arzobispo de Córdoba) y los obispos Braida y Ricardo Araya (de la diócesis de Cruz del Eje). La jornada se revistió de una alta carga emotiva con el ingreso de un grupo de peregrinos que completó una caminata a pie de once días por las rutas provinciales.
La gran sorpresa de la vigilia fue la entrega formal a la diócesis local de una valiosa documentación inédita y testimonios históricos sobre monseñor Enrique Angelelli, custodiados hasta el momento en el Archivo Arquidiocesano de Córdoba. El envío, remitido a través de la Vicaría de los Pobres cordobesa, fue destacado como «un signo potente de sinodalidad vivida y de madurez eclesial» en consonancia con las directivas del papa Francisco.
Durante la homilía, el cardenal Rossi rescató la célebre premisa de Angelelli de caminar «con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio», y lanzó severas advertencias contra el individualismo, la polarización social y problemáticas contemporáneas como el avance de las apuestas en línea patrocinadas en los espectáculos populares. “No podemos ser cristianos indiferentes ante el clamor de las periferias existenciales, de los nuevos desocupados y de los jóvenes atrapados en las adicciones”, interpeló el purpurado.
Hacia el cierre del rito, el Servicio Diocesano de Liturgia dispuso la presentación en el altar mayor de cuatro signos históricos que sintetizaron las misiones de los mártires riojanos: la Palabra de Dios por monseñor Angelelli; una estola sacerdotal en memoria del fraile franciscano Carlos de Dios Murias; la cruz martirial por el misionero francés Gabriel Longueville; y una herramienta de labranza rural en homenaje al laico Wenceslao Pedernera.



