El gobernador buscará convertir el homenaje por los 50 años del asesinato del obispo riojano en una demostración de poder dentro del PJ. Se presenta como el mandatario que confrontó con la Casa Rosada desde el primer día, emitió los Chachos, rechazó el RIGI y sostuvo políticas provinciales para diferenciarse del programa económico nacional. La ofensiva de Martín Menem y la interna entre el kirchnerismo y Axel Kicillof condicionan su apuesta hacia 2027.
Ricardo Quintela se prepara para jugar una de sus últimas cartas para ingresar con posibilidades reales en la carrera presidencial del peronismo. El gobernador de La Rioja intentará transformar el acto por los 50 años del asesinato de monseñor Enrique Angelelli, previsto para el 1 de agosto, en una demostración de capacidad política, territorial y de articulación interna frente a los principales sectores del Partido Justicialista.
La presencia confirmada de Máximo Kirchner constituye la pieza central de esa estrategia. El diputado nacional llegará a la provincia el 31 de julio, mantendrá encuentros con dirigentes locales y participará al día siguiente del homenaje en Punta de los Llanos. Axel Kicillof y Sergio Massa también fueron invitados, al igual que gobernadores, legisladores nacionales y referentes de distintas corrientes del PJ.
El desafío para Quintela no será únicamente reunir dirigentes alrededor de una conmemoración con enorme peso histórico. Necesita que el encuentro deje una fotografía capaz de proyectarlo como articulador de una tregua entre el kirchnerismo y el sector encabezado por Kicillof, enfrentados por la conducción y la estrategia electoral del peronismo.
Se reveló que el gobernador riojano trabaja para sentar en un mismo escenario al mandatario bonaerense y al presidente del PJ de Buenos Aires, cuya relación política atraviesa un prolongado deterioro. El acto fue interpretado como uno de los nuevos intentos de distensión dentro de una fuerza que todavía no logró ordenar su liderazgo hacia las elecciones presidenciales de 2027.
Para Quintela, el resultado de esa convocatoria será determinante. Sin una foto amplia, su aspiración presidencial corre el riesgo de quedar circunscripta a una expresión testimonial del peronismo del interior. Con Máximo Kirchner, Kicillof, gobernadores y dirigentes nacionales en La Rioja, en cambio, podrá exhibir que todavía conserva capacidad para intervenir en la discusión central del PJ.
La búsqueda del aval de Cristina Kirchner
La llegada de Máximo Kirchner también tiene una lectura más profunda. Quintela necesita reconstruir su vínculo con Cristina Kirchner después de la disputa que ambos protagonizaron por la presidencia del Partido Justicialista en 2024.
El riojano había presentado la lista Federalismo y Justicia para competir por la conducción nacional del PJ, pero su nómina fue impugnada por problemas con los avales y Cristina Kirchner terminó proclamada como presidenta del partido. Aquella competencia dejó heridas entre ambos sectores y expuso las dificultades de Quintela para trasladar su enfrentamiento con el Gobierno nacional a la estructura partidaria.
Ahora, el gobernador busca una segunda oportunidad. Ya no se trata de disputar la conducción formal del partido sino de instalarse como uno de los posibles candidatos presidenciales del espacio. Para lograrlo, entiende que necesita algún grado de reconocimiento del liderazgo político que todavía ejerce la expresidenta y que la presencia de su hijo en La Rioja puede funcionar como una primera señal de acercamiento.
Quintela intenta presentarse ante el kirchnerismo como el gobernador que confrontó con Javier Milei desde el comienzo de su gestión, sin atravesar las etapas de negociación o cooperación institucional que protagonizaron otros mandatarios peronistas.
Ese argumento será uno de sus principales activos dentro de la interna. Mientras otros gobernadores respaldaron iniciativas legislativas de la Casa Rosada o mantuvieron acuerdos por fondos y obras, La Rioja construyó una relación de enfrentamiento casi permanente con el Gobierno nacional.
La Rioja como una “isla” frente al modelo nacional
La estrategia de Quintela consistió en mostrar a La Rioja como una provincia que tomó decisiones contrarias al programa económico de la Nación. La administración provincial sostuvo empresas estatales, programas de empleo, subsidios y mecanismos de intervención en la economía local, aun bajo fuertes restricciones presupuestarias.
El símbolo más controvertido de ese esquema fue la emisión de los Bonos de Cancelación de Deuda, denominados Chachos. La herramienta fue creada para complementar los ingresos de los empleados públicos y sostener el consumo frente a la caída de las transferencias nacionales.
En 2026, el Gobierno provincial volverá a incluirlos en su política salarial. Quintela anunció un incremento del 15% para los trabajadores estatales, con una porción de $50.000 pagada mediante BOCADE. Según la administración riojana, esos títulos serán rescatados y posteriormente incorporados al salario en pesos.
El nuevo paquete salarial elevó el ingreso mínimo de la administración pública provincial a $825.000, incluyendo los $50.000 en Chachos, y representa una inyección mensual de aproximadamente $12.200 millones: cerca de $8.000 millones en pesos y otros $4.000 millones mediante los bonos provinciales.
La emisión generó cuestionamientos de La Libertad Avanza y volvió a quedar en el centro de la disputa con Martín Menem. Desde el oficialismo nacional describieron los Chachos como una forma de financiar gasto público provincial, mientras Quintela los presentó como una respuesta extraordinaria ante el retiro financiero de la Nación. Las críticas libertarias a ese mecanismo continuaron incluso después de su primera etapa de circulación.
Para el gobernador, esa confrontación constituye una prueba de coherencia política. Su discurso es que La Rioja no se limitó a cuestionar el ajuste nacional, sino que intentó construir instrumentos propios para amortiguar sus consecuencias sociales y económicas.
Sin embargo, esa estrategia también expuso sus debilidades, ya que se describió a La Rioja como una provincia con fuertes problemas de endeudamiento y recordó el conflicto por el incumplimiento de sus compromisos financieros en moneda extranjera. Esa situación será utilizada por sus adversarios para discutir la sustentabilidad del modelo que Quintela pretende mostrar como alternativa nacional.
La minería sin RIGI como parte del modelo provincial
El segundo componente de la diferenciación con la Casa Rosada es la decisión de no adherir al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones.
La diputada nacional Gabriela Pedrali defendió esa posición durante la presentación del Plan Estratégico Minero provincial y aseguró que La Rioja cuenta con 25 proyectos en distintas etapas de ejecución sin haber incorporado el esquema nacional.
Según la legisladora, la estrategia riojana busca desarrollar la minería bajo control estatal, integrar proveedores locales y garantizar beneficios para las comunidades cercanas a los proyectos. También cuestionó el denominado “Súper RIGI”, al considerar que amplía las ventajas fiscales para las compañías de gran escala.
La afirmación de Pedrali acerca de los desembolsos efectivamente ingresados coincide parcialmente con datos publicados: hasta marzo de 2026, el flujo neto asociado a los proyectos incorporados al RIGI rondaba los USD 762 millones, aunque los compromisos de inversión anunciados y aprobados eran considerablemente superiores.
La discusión adquirió mayor dimensión luego de que el Gobierno aprobara el ingreso al régimen del proyecto Vicuña, en San Juan, con una inversión inicial estimada en USD 9.700 millones y una proyección que podría alcanzar los USD 18.000 millones durante la próxima década.
Ese emprendimiento también quedó atravesado por el conflicto limítrofe entre La Rioja y San Juan. La administración de Quintela reclama revisar la delimitación establecida en 1968 y sostiene que existe una superficie de 2.651 kilómetros cuadrados que debería pertenecer a territorio riojano.
El Gobierno sanjuanino y las cámaras empresariales rechazaron el planteo y advirtieron que la controversia podría afectar la seguridad jurídica de las inversiones mineras. Se vinculó directamente la reaparición del conflicto territorial con el desarrollo del proyecto Vicuña y con la discusión sobre las futuras regalías del cobre.
Quintela busca utilizar ambos temas —la negativa al RIGI y el reclamo territorial— para reforzar una misma narrativa: la defensa de los recursos provinciales frente a un esquema nacional que, según el oficialismo riojano, concede beneficios excesivos a las grandes compañías.
Martín Menem, el adversario dentro de La Rioja
La construcción presidencial de Quintela tiene además un condicionante local: el crecimiento de Martín Menem como principal referente de La Libertad Avanza en la provincia.
El dirigente libertario fue candidato a gobernador en 2023 y su nombre vuelve a aparecer como la principal alternativa opositora para 2027. Desde la estructura nacional del partido ya lo describen como el “candidato natural” para disputar la sucesión provincial.
La competencia excede una elección local. Martín Menem busca convertir a La Rioja en un símbolo del avance territorial de La Libertad Avanza, mientras Quintela necesita conservar el distrito para sostener cualquier aspiración nacional.
Por eso, cada debate provincial adquiere una dimensión política más amplia: los Chachos, la adhesión al RIGI, el adelanto de coparticipación, las obras paralizadas y el reclamo limítrofe con San Juan forman parte de la disputa entre dos proyectos que pretenden representar modelos antagónicos.
La Nación ya había señalado que el enfrentamiento entre Quintela, Milei y Menem es abierto y que el dirigente libertario podría volver a competir por la Gobernación.
Una apuesta condicionada por Kicillof
El principal obstáculo para la candidatura presidencial de Quintela no está, sin embargo, en La Rioja. Está en Buenos Aires.
Axel Kicillof aparece como el dirigente peronista con mayor estructura, volumen electoral y visibilidad para encabezar una fórmula presidencial en 2027. Quintela admite esa realidad, pero intenta posicionarse como una alternativa federal y como el dirigente capaz de unir al interior con el kirchnerismo.
La tensión entre Kicillof y Máximo Kirchner abrió un espacio para esa construcción. Las diferencias dentro del PJ favorecen a Milei y dificultan la consolidación de una candidatura opositora única, especialmente ante la posibilidad de que las PASO sean eliminadas y cada sector deba resolver sus postulaciones mediante acuerdos partidarios.
Quintela reclama una interna con participación de los afiliados o de la sociedad para evitar que la elección del candidato quede reducida a una negociación de cúpulas. Su razonamiento es que una competencia ordenada le permitiría recorrer el país, instalar el llamado “modelo riojano” y confrontar con Kicillof, Sergio Massa u otros aspirantes dentro de un frente común.
Pero el tiempo político comienza a agotarse. El gobernador no puede buscar otra reelección provincial y debe resolver simultáneamente su sucesión en La Rioja, la amenaza electoral de Martín Menem y su propia proyección nacional.
El acto que puede impulsar o clausurar su candidatura
El homenaje a Angelelli será, por eso, mucho más que una conmemoración histórica. Quintela necesita convertirlo en la prueba de que puede reunir al peronismo cuando otros dirigentes no logran superar sus diferencias.
La figura del obispo asesinado durante la última dictadura ofrece un marco de enorme potencia simbólica: defensa de los derechos humanos, compromiso con los sectores populares, federalismo y confrontación con el poder autoritario. El gobernador pretende asociar esa memoria con su discurso de resistencia frente al Gobierno nacional.
El riesgo es evidente. Si el acto queda reducido a la presencia de Máximo Kirchner y dirigentes cercanos al oficialismo riojano, podrá ser leído como un acercamiento al kirchnerismo, pero no como el inicio de una unidad nacional. Si participan Kicillof, gobernadores, legisladores y representantes de distintas líneas internas, Quintela podrá adjudicarse la primera fotografía amplia del PJ hacia 2027.
En esa imagen se juega buena parte de su futuro político. El mandatario aspira a presentarse como el único gobernador peronista que enfrentó a Milei desde el primer día, creó una moneda provincial, rechazó el RIGI, sostuvo políticas salariales propias y convirtió a La Rioja en una suerte de isla política frente al programa nacional.
Ahora deberá demostrar que esa confrontación, suficiente para preservar centralidad dentro de su provincia, también puede transformarse en una candidatura presidencial competitiva. El acto por Angelelli será su oportunidad más importante. También podría ser la última.