El líder de La Cámpora llegó para participar de los actos por los 50 años del martirio de monseñor Enrique Angelelli, pero antes recorrió una planta de nueces y una fábrica de calzado paralizada en Sanagasta. Junto al gobernador Ricardo Quintela, utilizó el cierre de industrias como símbolo del impacto del plan económico nacional y reforzó la estrategia de unidad del peronismo rumbo a 2027.
La llegada de Máximo Kirchner a La Rioja tuvo un fuerte contenido político desde el primer minuto. Antes de participar de los homenajes por el 50.º aniversario del martirio de monseñor Enrique Angelelli, el diputado nacional eligió recorrer una empresa en funcionamiento y otra paralizada, en un gesto que buscó contrastar dos realidades productivas y reforzar el discurso del peronismo contra la política económica del presidente Javier Milei.
Acompañado por el gobernador Ricardo Quintela, Kirchner visitó una fábrica de procesamiento de nueces y luego una planta de calzado inactiva en Sanagasta, donde el cierre de la producción se convirtió en el eje de su mensaje político.
La recorrida no fue casual. El kirchnerismo eligió mostrar el impacto de la pérdida de empleo industrial en una provincia donde la actividad manufacturera fue uno de los sectores más afectados por la caída del consumo y la apertura de las importaciones.
La fábrica cerrada, el símbolo elegido
Tras recorrer la planta de calzado, Máximo Kirchner sostuvo que el silencio de las máquinas representa el efecto del modelo económico impulsado por el Gobierno nacional.
Durante el almuerzo que compartió con militantes en la Fundación FUNDAV, encabezada por la diputada nacional Hilda «Beba» Aguirre de Soria, afirmó que el cierre de fábricas «rompe el tejido social» de las comunidades y afecta no sólo a quienes pierden el empleo, sino también a toda la economía local.
El dirigente vinculó esa situación con la necesidad de construir una alternativa política capaz de recuperar la producción y el trabajo.
Reunión con Quintela
Antes de participar de las actividades partidarias, Kirchner mantuvo un encuentro con Ricardo Quintela, anfitrión de una de las mayores concentraciones de dirigentes peronistas de los últimos meses.
La reunión forma parte de la estrategia del gobernador riojano para posicionar a La Rioja como un espacio de diálogo entre los distintos sectores del justicialismo, en momentos en que el partido busca superar la interna que enfrenta al kirchnerismo con el sector del gobernador bonaerense Axel Kicillof.
La presencia de Máximo constituye uno de los principales respaldos políticos obtenidos por Quintela en esa tarea.
Un mensaje a la militancia
Durante el almuerzo en FUNDAV, Kirchner aprovechó el contacto con la militancia para dejar otro mensaje dirigido hacia el interior del peronismo.
Reconoció que el espacio cometió errores que alejaron a una parte de la sociedad, pero sostuvo que la reconstrucción no debe centrarse en liderazgos individuales sino en un proyecto colectivo.
También volvió a reclamar la libertad de Cristina Fernández de Kirchner y pidió trabajar para recuperar la confianza de los argentinos de cara a las elecciones de 2027.
La Rioja, escenario del reordenamiento peronista
La visita de Máximo Kirchner se suma a la llegada de Jorge Taiana, Wado de Pedro, Juliana Di Tullio, Florencia López, Jesús Rejal y otros referentes nacionales que participan de las actividades organizadas por el Gobierno provincial.
Aunque el motivo oficial del viaje es el homenaje a Angelelli y a los Mártires Riojanos, la presencia de la conducción nacional del kirchnerismo convirtió a La Rioja en el principal escenario político del peronismo durante este fin de semana.
Con la recorrida por una fábrica cerrada, el encuentro con Quintela y el discurso ante la militancia, Máximo Kirchner dejó en claro cuál será uno de los ejes de la oposición en los próximos meses: instalar que el costo social del programa económico de Javier Milei será el principal argumento para intentar reconstruir una mayoría política de cara a 2027.