Ricardo Quintela con la Liga de Intendentes en San Vicente, 11 de septiembre de 2026. Foto difundida por los participantes del encuentro. Fuente de la imagen.
Opinión de eduardogerman.com.
Ricardo Quintela busca ampliar su presencia nacional mediante dos agendas: los reclamos de las provincias ante la Casa Rosada y la reorganización del peronismo. Sus encuentros con intendentes bonaerenses y la actividad del Parlamento del Norte Grande le ofrecen interlocutores fuera de La Rioja. El punto pendiente es cuánto de esas coincidencias puede convertirse en un proyecto político compartido.
En San Vicente, el gobernador encontró una mesa con intendentes peronistas bonaerenses para hablar de producción, endeudamiento y economías regionales. La reunión con la Liga de Intendentes le dio interlocutores en un territorio decisivo para cualquier construcción nacional. También le permitió presentar los problemas riojanos como parte de una agenda compartida con municipios industriales y urbanos.
La Liga ya había conversado con Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y José Mayans. La recepción a Quintela forma parte de esa ronda de diálogo. Le permite ganar presencia en el debate del PJ, aunque el encuentro no incluyó un respaldo a una candidatura presidencial suya.
La Rioja aporta a esa conversación una experiencia de gestión, pero también preguntas que otros dirigentes pueden hacerle al gobernador. Una proyección nacional necesita explicar cuáles respuestas provinciales podrían ampliarse, con qué recursos y bajo qué acuerdos. La circulación de los Chachos o las medidas frente al endeudamiento pertenecen a una realidad específica; presentarlas ante otras jurisdicciones exige discutir sus condiciones y sus límites.
Esa exigencia vuelve inseparables la política nacional y la gestión local. Cuanto más amplio sea el papel que Quintela busque desempeñar, mayor será el examen sobre los resultados de su propia administración. La crítica a la Casa Rosada puede reunir interlocutores; la capacidad de ofrecer una respuesta convincente se pone a prueba en el territorio que gobierna.
Dos espacios que cumplen funciones diferentes
El Parlamento del Norte Grande ofrece otra clase de oportunidad. Según el balance de Teresita Madera, las provincias firmaron un documento sobre infraestructura, energía, empleo y actividad económica, con la intención de trasladar los reclamos a autoridades nacionales. Ese espacio permite construir posiciones institucionales entre jurisdicciones que no necesariamente comparten una estrategia electoral.
La distinción importa: una provincia puede acompañar un pedido energético sin sumarse a un armado presidencial. La capacidad de Quintela para aprovechar ambos espacios dependerá de que sostenga esa amplitud y encuentre propuestas que puedan reunir a dirigentes con intereses diferentes.
Ricardo Herrera planteó que los reclamos regionales deben llegar al Congreso. Allí aparece una prueba concreta para esta agenda: pasar de las reuniones a iniciativas identificables, acuerdos legislativos y prioridades de financiamiento. El volumen de los encuentros importa menos que su capacidad para producir resultados.
Una candidatura en evaluación
Fuentes del sector del gobernador señalaron que evalúa una postulación presidencial y anticiparon una continuidad de los contactos en Córdoba. Hasta el 12 de septiembre, la información disponible describía una postulación en evaluación, sin un lanzamiento formal ni una nómina de adhesiones confirmadas.
La búsqueda de unidad le permite a Quintela hablar más allá de su provincia. Pero construir una alternativa exige resolver diferencias sobre recursos, desarrollo y conducción, además de compartir críticas a Javier Milei.
Del reclamo compartido a un programa
El Parlamento regional y las reuniones partidarias pueden complementarse si cada espacio conserva su propósito. El pedido por zonas cálidas, por ejemplo, necesita fundamentación sobre consumos, costos y financiamiento. Convertirlo únicamente en una señal de alineamiento electoral reduciría sus posibilidades de reunir apoyos entre provincias con gobiernos diferentes.
Una agenda federal gana fuerza cuando ordena prioridades. Energía, rutas, empleo y recursos públicos compiten por fondos limitados. Un programa alternativo debería explicar qué atendería primero, cómo distribuiría el esfuerzo entre Nación y provincias y de qué manera evaluaría los resultados. Sin esas decisiones, la coincidencia en el diagnóstico puede deshacerse al discutir el presupuesto.
También existe una tensión dentro del peronismo: abrir la discusión puede atraer dirigentes, mientras anticipar una conducción puede alejarlos. Para Quintela, escuchar a sectores que todavía no lo acompañan tiene tanto valor como consolidar los vínculos ya existentes. La amplitud se comprueba cuando hay diferencias sobre las soluciones, no solamente cuando todos cuestionan al mismo adversario.
Desde este sitio, entendemos que el aporte más útil de esa construcción sería convertir demandas dispersas en compromisos públicos. Una propuesta sobre desarrollo, salarios y servicios permitiría evaluar al gobernador por lo que ofrece al país. La dimensión electoral vendría después de una pregunta central: qué acuerdos está en condiciones de sostener y para hacer qué.
Quintela encuentra espacio para crecer allí donde los reclamos provinciales coinciden con la búsqueda de una alternativa peronista. Convertir ese espacio en una candidatura competitiva exigiría acordar conducción, programa y financiamiento con dirigentes que también tienen sus propias aspiraciones. Las reuniones abren esa negociación; todavía no la resuelven.
