El proyecto oficial enviado al Congreso asigna partidas que apenas cubren la masa salarial y desoyen los $11 billones solicitados por el CIN. En las provincias, la factura de luz y los gastos fijos consumen casi la totalidad de las partidas de funcionamiento.
El proyecto de Presupuesto General de la Nación para 2027 formalizó lo que en las provincias ya se perfilaba como una crisis terminal: la consolidación del desfinanciamiento estructural del sistema universitario público argentino. Con asignaciones de $21.605 millones para la Universidad Nacional de Chilecito (UNDEC) y $74.026 millones para la Universidad Nacional de La Rioja (UNLAR), la pauta del Poder Ejecutivo replica nominalmente el esquema vigente, ignorando los $11 billones que el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) fijó como piso de subsistencia básica.
La brecha técnica no es menor: el reclamo de los rectores contemplaba $11 billones para garantizar funcionamiento elemental y $18 billones como pauta de desarrollo. El texto girado al Congreso, en cambio, limita las partidas a incrementos mínimos del 3% en haberes y un 20% en gastos corrientes que no compensan el atraso acumulado frente a la inflación real ni cumplen con la Ley de Financiamiento Universitario.
La distorsión del 93/7 y tarifas al límite
«El número suena importante, pero consolida un agravamiento. De los $102 millones que recibimos por mes para funcionamiento, pagamos cerca de $38 millones solo de energía eléctrica», advirtió el rector de la UNDEC, César Salcedo. La ecuación presupuestaria exhibe una asimetría crítica: el 93% de los fondos se destina exclusivamente al pago de salarios de docentes y no docentes, dejando un exiguo 7% para sostener la infraestructura, los comedores y las herramientas pedagógicas cotidianas.
La parálisis alcanza de lleno al aparato científico. Con el 80% de los investigadores del país radicados en claustros universitarios y más de 3.600 empleos perdidos en el sector tecnológico nacional, las casas de estudio del interior operan sin partidas para infraestructura ni equipamiento. La demanda estudiantil desborda la contención institucional: la asignación de viandas de emergencia superó ampliamente los cupos iniciales ante el retraso del sistema de becas nacionales.
Autogestión frente al repliegue central
Ante la deserción de partidas federales, las universidades periféricas buscan generar recursos propios vinculados a sus cadenas de valor productivas. En Chilecito, la puesta en marcha del primer panel de cata y laboratorio de análisis sensorial de aceite de oliva homologado por el Consejo Oleícola Internacional (COI) —el tercero en el país— evitará que las muestras exportables deban triangularse a través de Uruguay tras el colapso de las sedes de San Juan y Mendoza.
La discusión parlamentaria del Presupuesto 2027 pondrá en debate dos modelos de país: la visión que reduce a las universidades del interior a un gasto prescindible y la postura federal que defiende el arraigo territorial, la ciencia aplicada y el acceso a la educación superior en cada rincón de la Argentina.
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