El intendente capitalino recbió la columna que unió Sanagasta con la Ciudad escoltado por la dirigenta chileciteña. Entre la liturgia popular y el repliegue táctico del PJ riojano frente al ajuste nacional, los jefes comunales buscan blindar el vínculo con las bases.
A caballo, con sombrero criollo y escoltado por la policía montada, el intendente de la Capital riojana, Armando Molina, encabezó el recibimiento de la tradicional procesión desde Sanagasta para acompañar a la Virgen India. La imagen, cargada de liturgia popular y simbolismo federal, trascendió lo devocional para convertirse en una postal política directa: la presencia de la ex intendenta chileciteña Silvia Gaitán caminando a la par del mandatario comunal expuso un armado que busca trascender los límites geográficos del departamento central.
«Caminamos junto a nuestra Virgen India en comunidad… Esta procesión refleja la hermandad entre nuestro pueblo y Sanagasta que unidos con fe y esperanza, seguimos construyendo la historia de La Rioja», expresó Molina a través de sus canales oficiales. Las palabras, medidas en su tono pastoral, esconden una necesidad política concreta: mostrar capilaridad territorial y cohesión dirigencial en un momento de fuerte asfixia presupuestaria sobre los municipios.
La rosca del interior y el eje Capital-Chilecito
La caminata de Molina junto a Silvia Gaitán —figura de peso en la estructura peronista de Chilecito— no pasó desapercibida en los pasillos de la Casa de las Tejas. En un escenario donde el oficialismo provincial ensaya una reconfiguración interna de cara a los próximos turnos electorales, la foto entre la conducción capitalina y referencias departamentales de fuste marca una agenda de articulación propia.
El mensaje de «hermandad y unidad» funciona como un llamado hacia adentro del propio espacio, donde la disputa por los recursos y la contención del descontento social por la pérdida del poder adquisitivo tensan a diario las relaciones entre el Ejecutivo provincial y las intendencias. Mostrar volumen político en el llano, cuerpo a cuerpo con los vecinos y agrupaciones gauchas, es hoy la principal carta de negociación de los jefes comunales frente al reparto de fondos y partidas.

El cerco de los fondos y el refugio en la fe popular
La escena adquiere otra dimensión ante el tablero macroeconómico. Con las transferencias no automáticas de Nación prácticamente congeladas, la parálisis total de la obra pública nacional y el impacto del ajuste sobre los salarios públicos riojanos, la dirigencia local encuentra en las festividades religiosas un canal directo de validación popular.
La masividad de la Virgen India ofreció la escenografía perfecta para exhibir cercanía: mientras la macroeconomía ahoga la gestión cotidiana y limita la capacidad de respuesta en obras y servicios, el peronismo riojano vuelve a las fuentes de la liturgia tradicional para consolidar su base social y enviar señales de fortaleza hacia el tablero político provincial.
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