El intendente capitalino recibió de vuelta la llave del pueblo tras el paso de la Virgen India por el hogar de la familia Páez. En medio del recalentamiento de la interna provincial, la conducción de la Ciudad refuerza el trabajo cuerpo a cuerpo en el territorio.
La liturgia popular de la Virgen India continuó arrojando señales de alta densidad política y territorial en la Capital riojana. Tras la masiva peregrinación desde Sanagasta, el intendente Armando Molina protagonizó el tradicional rito de restitución de la llave del pueblo, resguardada durante la noche en la vivienda particular de la familia Páez.
«Anoche vivimos un momento de profunda emoción y fe compartida. La Virgen India regresó a mis manos la llave del pueblo, en el hogar de la querida Familia Páez, donde pasó la noche», relató el jefe comunal a través de sus canales oficiales. En el patio de la casa vecinal, Molina participó de la misa junto a los vecinos de la zona: «Un espacio de encuentro y oración que nos une como comunidad. Gracias a todos por recibirnos con tanto afecto. Sigamos caminando juntos», sintetizó.
La mística de proximidad frente a la tensión de los despachos
El gesto de Molina de encabezar la ceremonia en el patio de una casa de familia dista de ser un mero cumplimiento del calendario devocional. En el tablero del oficialismo provincial, donde la disputa por las candidaturas ejecutivas para 2027 aceleró sus tiempos tras el desembarco del intendente chileciteño Rodrigo Brizuela y Doria en las filas gubernamentales, la Capital busca blindar su principal activo: el contacto directo y cotidiano con la barriada.
Para el mandatario capitalino, exhibir cercanía sin intermediarios es una forma de responder a las tensiones que cruzan la Casa de las Tejas. La mística comunitaria funciona como un recordatorio hacia la estructura del PJ: las definiciones electorales no podrán resolverse al margen del pulso de la calle ni prescindiendo de la representatividad territorial de la ciudad más poblada de la provincia.
Territorio propio y disputa de prioridades
La foto vecinal se da en un momento donde el cerco financiero impuesto por la Casa Rosada congela las arcas municipales y limita la capacidad de respuesta en obras de envergadura. Con transferencias discrecionales mínimas y un esquema económico de trinchera, la contención social en el llano se vuelve la prioridad operativa de los intendentes.
Molina apela a la liturgia comunitaria para ratificar su centralidad en el tablero peronista. Mientras la rosca en los despachos ministeriales especula con fórmulas, encajes de paridad y alianzas departamentales, el intendente de la Capital opta por anclarse en la cercanía barrial para disputar el control de los tiempos políticos desde el territorio.
Descubre más desde Eduardo German
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.