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La designación de Martín Yoma y las tensiones en el oficialismo riojano

3–4 minutos

El gobernador designó a Martín Yoma, hasta ahora Defensor General Adjunto, al frente del Ministerio de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos. El desembarco de una figura sin militancia en el núcleo duro ni experiencia previa en el Ejecutivo sacudió la interna del oficialismo, donde esperaban un reordenamiento con tropa propia.

Cuando en los pasillos de la Casa de las Tejas se descontaba que los cambios en el Gabinete servirían para abroquelar a la tropa propia de cara al año electoral, el gobernador Ricardo Quintela pateó el tablero y cambió de estrategia: eligió al abogado Martín Yoma para reemplazar a Miguel Zárate en la conducción del sensible Ministerio de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos. La decisión cayó como un balde de agua fría y abrió un fuerte debate interno en el corazón del «quintelismo de paladar negro», que ve cómo un sillón clave del Ejecutivo queda en manos de un funcionario sin pergaminos políticos y ajeno a las filas fundacionales del espacio.

El malestar en el sector más leal al mandatario tiene una explicación directa. Mientras en otros frentes el Ejecutivo exige membresía de «quintelismo puro» para repartir juego y espacios de poder, en una cartera neurálgica como Seguridad el gobernador optó por correr a la dirigencia propia y convocar a una figura proveniente de la estructura judicial que debutará por primera vez en un cargo de la Función Ejecutiva.

El «paraguas» del perfil técnico para esquivar la interna

Consciente del ruido político que generó su nominación entre los sectores del oficialismo que aspiraban a controlar el ministerio, el propio Yoma salió rápidamente a despegarse de las tribus del PJ riojano. En declaraciones a Riojavirtual Radio, el flamante funcionario —que ya elevó a la Legislatura su renuncia como Defensor General Adjunto del Ministerio Público de la Defensa y aguarda el trámite parlamentario para jurar— buscó blindarse bajo el rótulo de la gestión estrictamente profesional.

  • Lejos de la militancia: Consultado sobre si trabajará políticamente con algún sector interno del oficialismo, Yoma fue tajante: «Yo soy técnico, respondo a lo que el Gobernador me haya encomendado. No es algo que tenga en miras trabajar políticamente con algún sector».
  • Su primer paso en el Ejecutivo: Sin antecedentes en la administración pública provincial ni manejo territorial previo, definió su llegada al Gabinete como «un honor» y «un gran desafío porque uno tiene que continuar las cosas que se hicieron bien y mejorarlas».

Esa declaración de prescindencia partidaria fue, precisamente, lo que terminó de encender los reproches por lo bajo en las segundas y terceras líneas del quintelismo: en pleno armado político hacia la sucesión, entregar un ministerio de alto perfil a un «técnico» que reniega del trabajo territorial es leído por muchos dirigentes como un desaire a la militancia que sostiene la gestión en la calle.

Continuidad de la línea Zárate y nexo con la Justicia

En el plano estrictamente operativo, Yoma anticipó que no habrá golpes de timón respecto a la gestión saliente de Miguel Zárate, a la que elogió al asegurar que «es público y notorio que hay una reducción de los índices delictivos».

Para su desembarco en la cartera, el futuro ministro trazó tres ejes principales de gestión:

  • Profundizar el esquema actual: Aseguró que buscará «afianzar, ahondar y fortalecer» las políticas preventivas vigentes para bajar aún más las estadísticas de delitos en la provincia.
  • Puente con los tribunales: Apalancado en su paso por el Ministerio Público de la Defensa, planteó que lo esencial de su etapa será «buscar una mayor articulación con la Función Judicial».
  • Foco en el Servicio Penitenciario: Adelantó un trabajo conjunto con las autoridades carcelarias enfocado en la reinserción social para achicar los márgenes de reincidencia delictiva.

Mientras la Cámara de Diputados se prepara para tratar su renuncia a la Defensa Pública y habilitar su asunción formal, el nombramiento de Yoma deja una herida abierta en la mesa chica del oficialismo: Quintela prefirió buscar afuera de su propio riñón para cubrir una vacante crítica, alimentando las dudas y los pases de factura dentro de su propia tropa.

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