El dilema de Alfredo Menem frente al reloj de 2027: gestión social y futuro político atado a la lapicera final de Quintela

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El ministro de Desarrollo encabezó una jornada sobre longevidad junto a más de 300 personas mientras administra la cartera de asistencia en medio de la sequía de fondos nacionales. A diferencia de Gabriela Pedrali, que tiene banca asegurada en el Congreso hasta 2029, el funcionario no cuenta con red electoral propia cuando el Gobernador deje el poder el año próximo.

En el gabinete de Ricardo Quintela conviven dos categorías de dirigentes de cara a la transición del año que viene: los que tienen un paraguas institucional propio más allá del recambio ejecutivo y aquellos cuyo destino político depende exclusivamente de lo que decida la lapicera del Gobernador antes de entregar la banda en diciembre de 2027. En este segundo lote se ubica el ministro de Desarrollo, Igualdad e Integración Social, Alfredo Menem, quien este fin de semana buscó mostrar volumen de gestión al encabezar la V Jornada Provincial «Buentrato, Sensibilización y Promoción de los Derechos de las Personas Mayores», un encuentro que reunió a más de trescientas personas junto al gerontólogo internacional Diego Bernardini.

Bajo la consigna de discutir la «nueva longevidad» y sostener un «Estado presente que cuide en cada etapa de la vida», el titular de la cartera social intenta mantener encendida la vidriera de su ministerio con actividades de capacitación, foros y convenios —como el que acaba de sellar con el intendente Armando Molina en el Hogar San José—. Sin embargo, en los pasillos de la Casa de las Tejas la lectura sobre sus movimientos pasa por una urgencia de calendario: con Quintela sin posibilidad constitucional de reelección, a Menem se le achica el margen de maniobra para garantizarse un casillero de supervivencia política cuando termine el actual mandato.

La diferencia con el blindaje de Pedrali hasta 2029

La fragilidad del escenario que enfrenta el ministro queda expuesta cuando se lo compara con la otra figura que orbita sobre las políticas sociales del oficialismo: la diputada nacional Gabriela Pedrali. Aunque la intentona de Quintela por instalar a su exministra como precandidata a la Gobernación todavía no logra prender en el territorio ni convencer a los intendentes, Pedrali juega esa aventura con red de seguridad garantizada, ya que tras su reelección cuenta con mandato asegurado en la Cámara baja del Congreso hasta diciembre de 2029.

Alfredo Menem, en cambio, camina sobre el alambre del Ejecutivo provincial sin una banca de resguardo ni una estructura territorial autónoma en la Capital que le permita forzar su ingreso en las listas por peso propio. Su permanencia en el primer plano del poder riojano después de 2027 está atada a la capacidad que conserve Quintela como «gran elector» para imponer nombres de su riñón en la boleta de diputados provinciales o en el futuro organigrama de quien herede el sillón de la Gobernación.

Un ministerio de contención con los galpones flacos

El desafío para el ministro de Desarrollo es doble porque le toca buscar proyección política desde la trinchera más castigada por el ajuste fiscal. En una provincia que acumula diez meses consecutivos con cero pesos en Aportes del Tesoro Nacional (ATN), que sufrió el recorte de los programas alimentarios de la Casa Rosada y que registra los ingresos familiares más bajos de la Argentina según el INDEC, administrar la cartera social sin recursos frescos desgasta a cualquier funcionario que tiene que poner la cara ante los sectores vulnerables.

Mientras el apellido Menem en la vereda de enfrente —a través de sus primos Martín y Eduardo «Lule» Menem— controla la lapicera nacional de La Libertad Avanza pese a las fracturas en la Legislatura local, el ministro quintelista apuesta sus fichas a la lealtad absoluta hacia el jefe del PJ riojano. Con la orden partidaria recién lanzada para salir a militar «casa por casa» y reconocer errores rumbo a la campaña 2027, Alfredo Menem sabe que en los próximos meses no solo se juega la contención de la calle en un diciembre caliente, sino su propio boleto de continuidad en la política provincial cuando Quintela deje la Casa de Gobierno.

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