Crispina Sabas Díaz tiene 94 años y vive en Amaná, un pequeño pueblo de la provincia de La Rioja. Su nieto Facundo reside en Buenos Aires, a más de 1.100 kilómetros de distancia.
Hace tiempo que no se veían a causa de la pandemia, pero pocos días atrás, ella se adentró en una gran aventura. Compró un pasaje y se dispuso viajar por primera vez en avión para así reencontrarse con su querido nieto.
«Estuvo muy bueno el viaje, muy lindo. En el viaje me ofrecieron agua y cuando me di cuenta, ya llegaba … No sentí ningún movimiento en el aire ni nada, estuvo bueno», inició Crispina, sumamente emocionada, en diálogo con la periodista Paula D’Ambrosio para Conexión Jubilados.
«Si Dios quiere y la virgen, vuelvo a volar pronto», adicionó, muy contenta por la travesía. Por su parte, Facundo de 23 años comentó: «Nosotros pensamos que no se iba a animar. Cuando le dijimos, en un segundo nos comentó que sí. Pudo viajar sin miedo, muy ayudada por los tripulantes del avión».



