A los 70 años fue a un boliche por primera vez en su vida, la acompañó su nieta y fue el alma de la fiesta

Hace una semana, Rosario se encontró haciendo a sus 70 años lo que en el último medio siglo jamás hubiera creído poder hacer: ir a bailar a un boliche y rodeada de jóvenes.

“¡Me divertí tanto! Nunca me había divertido así… ¡Bailé toda la noche!”, admite con una felicidad contagiosa la abuela mendocina que enamoró a toda La Rioja. Es que Charo, como le gusta ser llamada, se casó a los 20 años, fue mamá pronto y dedicó su vida a la crianza de sus hijos, y nunca antes había salido a una fiesta de ese tipo. Hasta que llegó Macarena, su primera nieta, no sabía qué era el abuelazgo: ella misma creció sin abuelos y desconocía de qué trata ese tipo de amor que se afianzó con el paso de los años.

Juntas compartieron vacaciones e hicieron todo lo que quisieron, mucho de ello impensado por su edad: kayak y paseos en cuatriciclo. Pero el último fin de semana, su nieta de 27 años, que ahora vive en la capital riojana, fue a buscarla a Mendoza, de donde es oriunda la familia, para invitarla a cumplir con una promesa pendiente desde el año pasado: ir juntas a la fiesta de disfraces con temática de Halloween que organiza un reconocido boliche del centro. No solo fueron juntas sino que además adaptaron los disfraces de todo el grupo de amigas para estar a tono con ella. El festejo fue compartido por Maca en sus redes y la abuela pronto se hizo viral.

“Me daba miedo ir, que me empujaran y caerme, o que los chicos me miraran mal y les moleste ver una vieja ahí, pero la pasé muy bien, ¡fue una noche hermosa! Me sentí halagada, protegida, respetada, cuidada porque todos me hicieron sentir una reina”, asegura, mientras que la nieta confirma: “No fue solo que la pasó bien sino que fue el centro de la fiesta. ¡Todos querían una foto con ella!”.

La conmovedora historia

Rosario nació, se crio y vive vive en Mendoza. Allí nacieron sus siete hijos, catorce nietos y una bisnieta. Macarena vive en La Rioja desde hace unos años, cuando llegó con sus padres por motivos laborales. Pese a la distancia, jamás dejaron de lado el amor que las une, y viajan para verse cuando puede; la jubilada intenta hacerlo una vez al mes. Como no le gusta faltar a una promesa, no dudó aceptar la invitación e ir a bailar con su nieta para compartir la experiencia de su vida.

“El año pasado se fue antes de que se hiciera esta fiesta y cuando le conté como era me dijo que quería ir. Así que este año le avisé que la iban a hacer y fui a buscarla para que esté”, cuenta la nieta orgullosa.

Charo habla con el mismo sentir: “A pesar de tener muchos nietos, ella y la hermana fueron las primeras y para mi son especiales. Entonces, es otra relación que yo tengo…”, confiesa Charo y Macarena interrumpe: “O sea, que a los otros nietos los quieren menos… ¡Ella sola lo dice!”. Las dos se ríen y admiten la relación excepcional que las une.

Pero la nieta reflexiona: “Creo que la diferencia es que yo le llevo todas las mañas, porque los hijos, por ejemplo, cuando dije que la iba a llevar al boliche me decían que cómo la iba a llevar ahí, que si le pasaba algo, que no es un lugar para gente mayor, que si le pasaba algo… Pero cuando está conmigo hace lo que ella quiere: yo la invito a ir a una fiesta de disfraces y si quiere ir, la llevo; si se levanta triste y quiere llorar todo el día, la dejo llora todo el día… No le voy a decir que no llore si lo necesita o que no puteé en la calle si quiere hacerlo. En cambio, en la casa le ponen límites”.

La libertad, el respeto por el deseo de la otra es la clave entre ellas y eso hace que cada momento que comparten sea tan único. “Yo amo estar con mi abuela, la disfruto. Cada vez que está acá, andamos juntas. Esta vez se hizo viral porque estuvo en un boliche y disfrazada, pero hemos ido de vacaciones solas a las Cataratas juntas, fuimos a las termas, anduvimos en cuatri y en kayak… ¡Ella se anima a todo! Claro que la cuido un montón, pero también la animo a que no se quede con las ganas de hacer algo por temor”, admite la joven comerciante que cuenta cómo fue la fiesta que compartieron.

¡Al boliche con la nieta!

Charo está sentada en una silla de ruedas y baila, mueve los brazos, se contonea y canta. Es el centro de atención en medio de una ronda de jóvenes que lucen todo tipo de disfraces y no dejan de victorearla cuando se levanta eufórica por un tema que conoce. Su atuendo es algo escalofriante: es una enferma que sangra por el cuello, tiene la boca muy grande (dibujada en un barbijo) cubierta de sangre al igual que su bata.

Las divertidas imágenes se hicieron virales apenas Macarena las compartió en su cuenta de Tiktok: “Llevé a mi abuela de 70 años al boliche”, explicó y los comentarios lo dijeron todo: “La amo. De la nada se paró de la silla y empezó a perrear”, “Qué lindo, quiero una abuela así”, “Todos la amamos anoche”, fueron algunas de las expresiones que acompañaron al video viral que vieron cerca de 13 mil usuarios de la red.

“Cuando dijo que iba a venir a la fiesta, con mi hermana pensamos en el disfraz, que tenía que ser algo tenebroso y a la vez cómodo para ella y, lo más importante, algo para que no se cansara ni durmiera, ni que la tuviera de pie toda la noche, así que se nos ocurrió pedirle a una de mis amigas, que también fue, la silla de ruedas de su abuela, que falleció hace un tiempo. Y a partir de ahí pensamos en que fuera una persona que iba a ser operada y nosotras las enfermeras un poco macabras, por la temática de Halloween, y nos pintamos con rojo para simular sangre”, detalla el vestuario.

La silla fue usada menos de lo pensado porque Rosario no dudó en pararse y bailar ante cada tema conocido que sonaba. Pronto, se convirtió en la más aclamada de la fiesta y la rodeaban para que bailara. “¡Me sentí tan feliz, tan respetada”, reconoce la mujer que fue hija de padres grandes y cuando nació sus abuelos ya no estaban. Creció sin saber lo que es caminar llevada de la mano por sus abuelos. Por eso, destaca el valor de esta relación.

Pensando en los miles de abuelos que quizás no pueden hacer lo mismo con sus nietos por ser dejados de lado. “Ojalá que los chicos no tengan vergüenza de salir con sus abuelitos, es algo tan lindo y tierno cuando un nieto te invita a hacer algo juntos. Como somos viejos, parece que molestamos. Es verdad que a veces decimos cosas incoherentes o que nos olvidamos las cosas, o volvemos atrás con nuestros recuerdos, pero yo creo que los jóvenes tienen que aprender a amar a sus abuelos”, dice conmovida.

Macarena, con voz quebrada, dice: “La gente se sorprende cada vez que me ve con ella, pero nosotras siempre andamos juntas, merendamos juntas, si voy a la casa me acuesto en su cama, caminamos, paseamos. Cuando nos vemos hacemos todo juntas. ¡A mi me da orgullo estar y compartir con mi abuela! Tuve la suerte tener a mis cuatro abuelos, pero hace poquito murió mi abuelo paterno y estar con ella me ayuda a aliviar ese dolor. Yo la adoro, ella es todo para mi ”, finaliza.

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