Florencia López, con la «espina en el ojo» de 2019, y su hermana Virginia, hoy intendenta, protagonizan una travesía política en La Rioja. Después de amagar con un proyecto propio, la dura realidad las obliga a salir a militar por la reelección de la exesposa del gobernador que la relegó.
La política riojana, con sus giros inesperados y sus lealtades cambiantes, ofrece un nuevo capítulo con las hermanas López. Florencia López, senadora nacional, y su hermana Virginia, intendenta del departamento Arauco, han pasado en poco tiempo de coquetear con la idea de un proyecto político propio a sumergirse de lleno en la campaña del «quintelismo». La misión es clara: conseguir votos para la reelección de la diputada nacional Gabriela Pedrali, la exesposa del gobernador Ricardo Quintela.
Esta situación no es menor. Florencia López soñó, en un pasado no muy lejano, con ser gobernadora. Con el respaldo de un sector del peronismo, se presentó como una figura con la capacidad de liderar la provincia. Sin embargo, su sueño se topó con la decisión del exgobernador Sergio Casas, quien optó por bendecir a Quintela en lugar de a ella. Ese movimiento político le dejó a la senadora una «espina en el ojo» que aún no cicatriza.
La paradoja de este presente es contundente. Las hermanas que alguna vez pensaron en «cortarse solas» y desafiar el statu quo, hoy deben poner el cuerpo en los territorios para pedir el voto por la candidata de aquel que se quedó con el poder. La cruda realidad política ha demostrado que, para mantener sus espacios de poder y sus aspiraciones a futuro, necesitan el respaldo del aparato estatal, hoy manejado por Ricardo Quintela.
El rol de Virginia López en la intendencia de Arauco también está atado a esta estrategia. Su gestión, como la de otros intendentes peronistas, depende de los recursos que bajan desde la provincia. La lealtad, en este contexto, no es solo ideológica, sino pragmática. El futuro político de ambas hermanas está directamente vinculado a su capacidad para demostrar que son piezas confiables en el engranaje del peronismo riojano. Su campaña por Pedrali no es solo una ayuda electoral, sino una muestra de que, al menos por ahora, las ambiciones personales deben subordinarse al proyecto político del gobernador.



