Un informe revela que el gobierno riojano aplica alícuotas del 1.5% en la etapa de laboratorio, 4.0% en droguería y 3.0% en la farmacia. Este diseño tributario, que se aplica en cada fase de la cadena productiva, impacta directamente en el bolsillo de los consumidores.
El impuesto a los Ingresos Brutos es uno de los principales problemas del sistema tributario provincial argentino debido a su diseño en cascada, lo que implica que se aplica en cada etapa del proceso de producción y distribución, generando un efecto de “impuesto sobre impuesto”. En un sector tan sensible como el farmacéutico, esta carga impositiva se traslada directamente al precio final que pagan los consumidores.
Según un informe elaborado por el Centro de Economía Política de la Universidad Nacional de La Plata (CEFIP), que analizó las alícuotas representativas de 2024, la provincia de La Rioja no es la excepción. El gobierno riojano aplica una serie de alícuotas en las tres etapas de la cadena de valor de los medicamentos:
- Laboratorio: Se aplica una alícuota del 1.5%. Este porcentaje se cobra en la etapa de producción, antes de que el producto sea distribuido a las droguerías.
- Droguería: Se cobra un 4.0% sobre los ingresos. Esta es la alícuota más alta de la cadena y es una de las más elevadas del país, comparable a provincias como Neuquén y Salta.
- Farmacia: La alícuota es del 3.0%. Este es el último impuesto que se aplica antes de que el medicamento llegue al consumidor.
El resultado de este sistema es un aumento progresivo del precio final del medicamento. Por cada etapa en la que se cobra Ingresos Brutos, la empresa que sigue en la cadena debe sumar ese costo a su precio, y luego pagar nuevamente el impuesto sobre ese valor inflado. Aunque La Rioja no se encuentra en el ranking de las provincias con las alícuotas más altas, la combinación de estos porcentajes ejerce una presión considerable sobre el costo de los productos farmacéuticos.
Este sistema contrasta con los modelos tributarios de otras jurisdicciones, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Santa Fe, donde las alícuotas para las droguerías se aplican sobre el margen (la diferencia entre el precio de venta y de compra), lo que mitiga en parte el efecto de cascada y reduce la carga impositiva. En La Rioja, el diseño actual del impuesto contribuye a que el precio de los medicamentos sea más elevado para los consumidores.






