Exigen correr a La Cámpora y al AMBA de la conducción del bloque para negociar con la Casa Rosada. Peligra la primera minoría de Unión por la Patria. El dilema de Sergio Casas, Beba Aguirre y Gabriela Pedrali: ¿romper o resistir?
La onda expansiva de la derrota electoral y el triunfo libertario detonó la paz armada en el peronismo. El bloque de Unión por la Patria en la Cámara de Diputados atraviesa horas decisivas: un grupo de gobernadores y referentes del interior exige un cambio drástico en el esquema de conducción para restarle poder al kirchnerismo duro y al eje del AMBA. En este polvorín, los diputados de La Rioja se encuentran ante una decisión estratégica que podría definir el futuro de la oposición.
La bancada que hoy conduce el santafesino Germán Martínez —secundado por Cecilia Moreau y Paula Penacca, leales a Cristina Kirchner— es cuestionada por su intransigencia y su lógica bonaerense. Los mandatarios provinciales, asfixiados financieramente, demandan una conducción «federal» que habilite puentes de diálogo con el gobierno de Javier Milei para destrabar fondos y obras, una necesidad que en La Rioja, tras el default del Parque Eólico, es de vida o muerte.
La presión de los «sin techo» y el rol de Quintela
Si bien el gobernador Ricardo Quintela mantiene un perfil público de confrontación total con Milei, por lo bajo la política real impone otras urgencias. Sus diputados, Sergio Casas, Hilda “Beba” Aguirre y Gabriela Pedrali, son parte del bloque de 97 legisladores que corre riesgo de fractura.
La amenaza es concreta: si el kirchnerismo no cede espacios de poder real en la toma de decisiones, el bloque podría mutar en un interbloque. Esto permitiría a las provincias actuar con autonomía, votando con el Gobierno cuando les convenga (como ya hacen los tucumanos de Osvaldo Jaldo o los catamarqueños de Raúl Jalil) sin romper formalmente la unidad, pero debilitando el poder de fuego de Cristina Kirchner.
El fantasma de perder la primera minoría
La matemática es cruel. Unión por la Patria tiene 97 bancas, pero ya perdió al tucumano Javier Noguera y mira con desconfianza los movimientos de Catamarca y Santiago del Estero. Del otro lado, La Libertad Avanza, con la absorción del PRO bullrichista y radicales aliados, ya suma 91 escaños.
Si los diputados riojanos o de otras provincias peronistas decidieran armar «rancho aparte» o unirse a un bloque federal, el peronismo perdería la primera minoría. Esto no es solo un título simbólico: implica ceder la presidencia de comisiones clave y perder el control de la agenda legislativa.
Una semana a todo o nada
La fecha límite es el 3 de diciembre, día de la sesión preparatoria. Hasta entonces, la presión de los gobernadores para poner a un «peronista del interior» al frente del bloque será máxima.
En los pasillos del Congreso, la pregunta que resuena es qué harán Casas, Aguirre y Pedrali. ¿Mantendrán la disciplina orgánica bajo la batuta de Germán Martínez y Cristina, priorizando la resistencia ideológica? ¿O se sumarán a la rebelión federal para darle a Quintela una herramienta de negociación pragmática ante la Casa Rosada? La respuesta reconfigurará el mapa de poder del Parlamento para los próximos dos años.




