La Iglesia riojana desafió el ajuste de Milei: exigió los fondos extra, pidió transparencia local y embistió contra el aborto

En el inicio del año jubilar, el obispo Dante Braida envió un mensaje político que incomoda a la Casa Rosada y a la gobernación. Avaló el reclamo de recursos ante el Presidente, pero advirtió sobre el manejo de la caja provincial y alertó por la crisis demográfica.


El calor de enero en La Rioja suele anticipar la temperatura política del año. En el arranque de 2026, la Iglesia local decidió intervenir en la coyuntura con un pragmatismo filoso. Monseñor Dante Braida, máxima autoridad eclesiástica de la provincia, utilizó el púlpito del Tinkunaco y la fiesta de San Nicolás para trazar un diagnóstico que incomoda por igual al presidente Javier Milei y a la gestión provincial. Ante la atenta mirada de la vicegobernadora Teresita Madera y el intendente Armando Molina, el obispo blanqueó la asfixia financiera pero marcó límites éticos de gestión.

La celebración religiosa sirvió de plataforma para que Braida se metiera de lleno en la disputa por la «motosierra» fiscal. Con una claridad inusual para el lenguaje eclesial, el prelado expuso la tensión con el Ejecutivo nacional: “Somos conscientes de la frágil relación de nuestra provincia con el gobierno nacional, marcada por diferencias que afectan la vida y el desarrollo de nuestro pueblo”.

El mensaje directo a Milei: los fondos no se tocan

El obispo tomó partido en el capítulo más sensible de la relación con la Casa Rosada: la coparticipación y los recursos extra. En un desafío directo a la lógica de austeridad que impone Javier Milei, Braida consideró “justa la restitución de los fondos compensatorios, recibidos históricamente con amplio consenso político”.

La frase funciona como un aval institucional de peso para la provincia en su pulseada contra el libertario. La Iglesia riojana entiende que el recorte de Milei impacta en el tejido social que sus parroquias contienen y, por ello, exige la continuidad de las transferencias. Sin embargo, el respaldo no fue un cheque en blanco para el peronismo local.

Inmediatamente, Braida condicionó el reclamo a la calidad institucional. No basta con que Milei envíe el dinero; importa cómo se administra en La Rioja. Por eso, demandó “gestiones transparentes, que permitan procesos de crecimiento, beneficiando especialmente a los sectores más postergados”. La advertencia es clara: la Iglesia acompaña el reclamo federal, pero no será cómplice si los recursos se diluyen en la burocracia política en lugar de llegar a los pobres.

Democracia y memoria: un freno a la polarización

El 2026 marca el 50° aniversario del asesinato de Enrique Angelelli y sus compañeros mártires, figuras centrales para el clero local y el Papa Francisco. Braida utilizó esta efeméride para enviar un mensaje sobre la calidad democrática, en un tiro por elevación a los estilos confrontativos que caracterizan tanto al mileísmo como a sectores de la política local.

“Sin una democracia participativa se pierde el ejercicio de la memoria, se hace imposible la búsqueda de la verdad, no será posible la justicia”, sentenció el obispo. Al recordar que Angelelli promovía la participación social como “expresión de su propia vocación cristiana”, la Iglesia riojana intenta blindar las instituciones intermedias ante cualquier intento de avasallamiento o gobierno por decreto, reivindicando la necesidad de consensos que hoy parecen rotos.

La agenda dura: ofensiva contra el aborto

Si en lo económico el discurso desafió el ajuste de Milei, en lo valórico Braida exhibió una ortodoxia que interpela a todo el arco progresista. El prelado conectó la crisis económica con un fenómeno alarmante para la región: el invierno demográfico.

Al señalar la “baja de la natalidad en nuestro territorio”, visible en la caída de matrículas escolares, el obispo cargó sin eufemismos contra la interrupción voluntaria del embarazo. Citando a Angelelli, calificó al aborto como “un verdadero crimen” cuyas consecuencias “personales y sociales son funestas”.

Este posicionamiento reintroduce un debate incómodo. Mientras la política discute índices de inflación, la Iglesia advierte que la viabilidad de la provincia también depende de su demografía, y culpa a las “campañas contra la natalidad camufladas” de agravar el problema.

Minería y agua: la licencia social en juego

Finalmente, Braida puso el foco en la matriz productiva, un tema donde los intereses de Milei (pro-inversión extractiva) y las necesidades de caja provinciales chocan con la realidad ambiental. Tras recordar que “la emergencia hídrica es una realidad”, el obispo condicionó el avance de grandes proyectos.

Invocando la encíclica Laudato Si, advirtió que la licencia social requiere “una participación ciudadana libre y responsable, con información completa y transparente, especialmente en lo referido al impacto sobre el agua”. Es un aviso a los inversores que el RIGI o las leyes nacionales puedan atraer: en La Rioja, sin consenso ambiental, no hay proyecto viable.

Conclusión

El Tinkunaco 2026 dejó una certeza: en una provincia dependiente de los fondos nacionales y golpeada por la crisis, la Iglesia se erige como el árbitro moral. Braida pidió un “genuino acercamiento” entre La Rioja y la gestión de Milei mediante un “diálogo sincero”. Resta saber si el Presidente, poco propenso a ceder ante presiones corporativas, escuchará el reclamo que llega desde el atrio de la Catedral riojana, o si la tensión federal escalará un nuevo peldaño.


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