Un reciente informe de Argendata expone la enorme brecha del peso manufacturero en el Producto Bruto Geográfico (PBG) de cada provincia. Mientras San Luis y Buenos Aires encabezan el listado impulsadas por regímenes históricos, La Rioja da la nota al superar a potencias como Córdoba. Los altos costos logísticos y la falta de infraestructura hunden a los distritos del sur en el fondo de la tabla.
El mapa productivo argentino es, históricamente, un rompecabezas de desigualdades. Sin embargo, los números fríos suelen derribar mitos y arrojar sorpresas. Un reciente informe publicado este martes por Argendata (la plataforma de datos de la fundación Fundar) reveló qué tan importante es la industria manufacturera en la economía de cada provincia argentina en este 2026.
Los datos, basados en cifras de la CEPAL y el Ministerio de Economía de la Nación, muestran una radiografía implacable: mientras algunas jurisdicciones han logrado que la manufactura sea el motor casi exclusivo de sus economías, otras no logran despegar debido a barreras geográficas y de infraestructura. Y en este escenario, La Rioja emerge como una de las grandes sorpresas del tablero nacional.
El fenómeno riojano y el liderazgo puntano
Si se analiza la participación de la industria manufacturera en el Producto Bruto Geográfico (PBG) provincial, la tabla es liderada con holgura por San Luis. El sector representa allí un impactante 35,7% de su economía, un fenómeno que los especialistas atribuyen directamente al arrastre de las históricas políticas de promoción industrial. Le sigue la provincia de Buenos Aires con un 28,3%, validando su chapa de núcleo histórico e ineludible de la industria nacional.
Pero el dato que sacude el mapa productivo se gesta en el norte y Cuyo. La Rioja se ubica en el sexto lugar a nivel nacional, con una participación industrial del 18,7% en su PBG. Este porcentaje no solo la consolida como una provincia con un fuerte perfil manufacturero (especialmente en los rubros textil, calzado y papelero), sino que la ubica por encima de gigantes históricos del sector como Córdoba (16,5%) o Tucumán (13,9%).
El desempeño riojano demuestra cómo la sinergia entre los parques industriales locales y las políticas de incentivo lograron, a lo largo de las décadas, radicar empresas que hoy sostienen casi un quinto de la riqueza que genera la provincia, convirtiéndola en un caso de éxito relativo en una región del país históricamente postergada.
El peso del agro y los regímenes especiales
El «top 5» del ranking lo completan provincias con perfiles muy marcados. Santa Fe (23,3%) y Mendoza (22,4%) se suben al podio gracias a la combinación de una potente agroindustria (el polo aceitero santafesino y la industria vitivinícola cuyana) sumada al desarrollo metalmecánico.
Por su parte, Tierra del Fuego se anota en el cuarto lugar con un 23%, una cifra que se explica de manera exclusiva por el sostenimiento de su régimen de promoción económica, el cual le permitió desarrollar y mantener un fuerte polo de industria electrónica en el extremo sur del país.
La paradoja patagónica: ricos en recursos, pobres en industria
El informe de Argendata arroja su luz más cruda sobre el otro extremo de la tabla. Las provincias con menor desarrollo manufacturero del país son precisamente aquellas que albergan las mayores riquezas en recursos naturales no renovables.
Neuquén, la capital nacional de Vaca Muerta, tiene una participación industrial de apenas el 3,8%. Peor aún es el caso de Santa Cruz, que cierra el ranking nacional con un magro 3%.
¿Cómo se explica que provincias con economías de alto PBI per cápita no logren industrializarse? Desde Argendata apuntan a un problema estructural histórico de la Argentina: «Estas brechas se explican, en parte, por la falta de infraestructura y la extensión del país: los gastos logísticos son una barrera para el desarrollo manufacturero», señalaron en su informe.
Producir manufacturas lejos de los grandes centros de consumo o de los puertos de exportación bonaerenses y santafesinos, sin una red de trenes de carga eficiente y dependiendo exclusivamente del transporte en camión, vuelve a cualquier industria inviable por los costos de flete.
El mapa de 2026 vuelve a poner sobre la mesa el viejo debate del federalismo económico. Mientras provincias como La Rioja y San Luis demuestran que con incentivos y parques industriales se puede torcer el destino geográfico, la Argentina sigue adeudando un plan de infraestructura logística que permita que el valor agregado no sea un privilegio exclusivo del centro del país.




























