Un crudo informe de la Fundación Mediterránea revela cómo la macroeconomía de 2026 está reordenando el mapa productivo nacional. Mientras Santa Cruz, Salta y Neuquén celebran crecimientos de hasta el 27%, provincias como Mendoza caen en rojo. La preocupante situación de distritos como La Rioja, que directamente quedaron excluidos del radar exportador principal.
La economía argentina atraviesa un cambio de piel profundo, doloroso para algunos y sumamente lucrativo para otros. El nuevo contexto macroeconómico, caracterizado por una menor inflación, una mayor apertura comercial y, fundamentalmente, costos en dólares más altos, ha comenzado a trazar una línea divisoria implacable en el mapa productivo del país. Ya no se trata de una crisis generalizada, sino de una reconfiguración estructural que está redefiniendo quiénes lideran el ingreso de divisas y quiénes luchan por sobrevivir.
Así lo advirtió un contundente informe publicado este martes por la Fundación Mediterránea (IERAL), bajo el análisis del economista Jorge Day, que desmenuza el comportamiento de las exportaciones provinciales durante el 2025. Los datos, expresados en dólares netos de inflación estadounidense, muestran un país partido en dos realidades diametralmente opuestas.
El boom de la energía, la minería y el agro pampeano
El patrón es innegable: los sectores con ventajas comparativas marcadas en este nuevo escenario de dólar e inflación estabilizada son los grandes ganadores. Según los gráficos difundidos por la entidad, el promedio nacional de crecimiento exportador se ubicó en un 6% anual. Sin embargo, las provincias que albergan los recursos más demandados por el mundo traccionaron ese número muy por encima de la media.
El podio de 2025 está liderado por Santa Cruz, con un asombroso salto interanual del 27%, traccionado fuertemente por las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) asociadas a su matriz y los combustibles. Le siguen Entre Ríos (26%) y Salta (25%), esta última exhibiendo un boom impresionante impulsado tanto por el sector primario como por las MOI, estrechamente vinculadas al desarrollo del litio y la minería en la Puna.
El caso de Neuquén (16%) es el ejemplo más puro del «efecto Vaca Muerta», donde el gráfico de aportes sectoriales muestra que prácticamente la totalidad de su crecimiento exportador se explica por el rubro «Combustibles».
«La energía, minería y agro pampeano concentran el crecimiento exportador. Son sectores con ventajas comparativas más marcadas en este nuevo escenario, y explican buena parte del ingreso de divisas reciente», sentenció la Fundación Mediterránea en sus redes sociales.
La otra cara de la moneda: industrias protegidas y economías regionales
El contraste es brutal cuando la mirada se posa sobre las provincias con mayor peso industrial o actividades intensivas en mano de obra. El informe advierte que las industrias que antes gozaban de protección y varias economías regionales enfrentan hoy un «entorno más exigente». La combinación de costos en dólares más altos y una menor protección frente a la competencia externa impone una necesidad urgente de mejorar la productividad para sostener los márgenes de ganancia.
Los números de 2025 reflejan este golpe: Mendoza, un bastión de las economías regionales y la vitivinicultura, registró una dura caída del 7% en sus exportaciones, arrastrada por un retroceso tanto en sus Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) como en las de Origen Industrial (MOI). La Pampa (-6%) y San Luis (-1%) también cerraron el año en terreno negativo.
El impacto en La Rioja: el desafío de existir en el mapa
Para provincias como La Rioja, el informe arroja una verdad incómoda. En la base de los gráficos presentados por la Fundación Mediterránea se lee una pequeña pero devastadora aclaración metodológica: «Se excluyen provincias menos exportadoras».
La Rioja, con su fuerte dependencia del empleo público, su parque industrial tradicionalmente sostenido por regímenes de promoción y sus economías regionales (olivicultura, vitivinicultura y nuez) fuertemente atadas a los costos laborales y energéticos en dólares, ni siquiera logra el volumen necesario para figurar en la comparativa principal. El desafío local ya no es solo crecer, sino evitar que la apertura y los altos costos en dólares terminen por asfixiar el tejido productivo existente, que hoy enfrenta presiones insólitas para reconvertirse sin red de contención.
La «trampa del crédito» y el costo de la transición
El IERAL subraya que el desafío actual es doble: consolidar la estabilización macroeconómica y avanzar en una reconversión productiva hacia sectores más competitivos. Sin embargo, existe una falla estructural en la maquinaria económica para lograrlo.
«Hay una tensión», advierte el informe de la Fundación. «Los sectores que lideran el crecimiento usan poco crédito local, mientras que los más rezagados dependen de financiamiento de corto plazo. Eso limita la transformación estructural». Es decir, la minería y la energía se financian solas o con capitales externos, mientras que las pymes industriales y los productores del interior, que son quienes más necesitan invertir en tecnología para mejorar su productividad y sobrevivir, están atrapados en la bicicleta del crédito a corto plazo solo para cubrir capital de trabajo.
La transición, concluye la entidad, ya está en marcha. Implica, inevitablemente, altos costos sociales y económicos en el corto plazo para las regiones menos competitivas, pero también abre la puerta a una oportunidad histórica de redefinir el perfil productivo de la Argentina. La pregunta que resuena hoy en el interior del país es cuántos lograrán cruzar ese puente antes de quedarse sin oxígeno.





























