Vecinas y vecinos se reunieron el miércoles 8 de abril en asamblea pública para rechazar la reforma a la Ley de Glaciares y defender las fuentes de agua del Famatina. Con marcha alrededor de la plaza y cuerda de candombe, decidieron convocar a una movilización masiva para el próximo miércoles desde las 20 horas en la Plaza Caudillos Federales.
La reforma a la Ley de Glaciares que festejó Martín Menem en el Congreso nacional y que rechazaron la senadora Sergio Casas y la diputada Gabriela Pedrali desde sus bancas tuvo, el miércoles por la noche en la capital riojana, una respuesta diferente: la de la gente en la calle. Vecinas y vecinos se reunieron en asamblea pública para defender el Famatina y sus glaciares, tomaron la palabra de manera colectiva y marcharon alrededor de la plaza al grito unánime de «El Fama no se toca», con la presencia de una cuerda de candombe que convirtió la protesta en algo más parecido a una declaración de identidad que a un acto político convencional.

Veinte años de memoria
El movimiento que defiende el Famatina tiene historia larga. En 2012, la consigna «El Famatina no se toca» dio la vuelta al mundo cuando la población riojana cortó la ruta para impedir el avance de una empresa minera sobre el cerro. Aquella imagen — vecinos enfrentados al camión de la empresa, bajo las nieves eternas del Famatina — se convirtió en uno de los símbolos de la resistencia ambiental argentina de la última década. Catorce años después, el ciclo se reedita con un contexto diferente pero con la misma convicción.
La reforma a la Ley de Glaciares sancionada en el Congreso es el detonante inmediato. Para las asambleas riojanas, modificar esa norma no es una mejora técnica ni una reivindicación federalista: es abrir la puerta a que el Famatina y sus glaciares queden expuestos a la actividad minera que durante dos décadas han resistido. Por eso, la consigna de la asamblea del miércoles fue taxativa: «Con o sin ley, el Famatina y nuestros glaciares no se van a tocar.»
La frase es también una respuesta directa al argumento legal con el que los promotores de la reforma justificaron el cambio normativo. Para el movimiento vecinal, la ley puede cambiar, pero la resistencia no depende de lo que diga el Boletín Oficial.
Organización y próximos pasos
La asamblea del miércoles 8 no fue solo un acto de desahogo: fue también un espacio de organización. Entre todos los presentes se decidió cuál sería la próxima acción colectiva: una movilización para el miércoles 15 de abril, desde las 20 horas, en la Plaza Caudillos Federales de Chilecito.
La convocatoria es abierta y la preparación es territorial: se pide armar carteles, invitar a vecinos y vecinas, pegar afiches en los barrios. El formato elegido — nocturno, masivo, en el espacio público central de la ciudad — apunta a reproducir la imagen de las grandes movilizaciones riojanas previas y a enviar una señal política clara tanto hacia el gobierno provincial como hacia Buenos Aires.
La disputa política detrás de la disputa ambiental
La movilización vecinal se inserta en un momento de máxima tensión política alrededor del Famatina y los glaciares en La Rioja. Mientras Menem y el diputado Gino Visconti celebraron la reforma como una victoria del federalismo y la inversión, el gobernador Quintela y los legisladores peronistas la rechazaron públicamente. La asamblea vecinal, por su parte, no reconoce autoridad en ninguno de esos actores para decidir sobre el agua: esa, dicen, es una prerrogativa de las comunidades que viven y dependen de ella.
La etiqueta que acompaña la convocatoria lo dice sin rodeos: #ElAguaValeMásQueTodo. Y la historia reciente de La Rioja sugiere que cuando ese grito se levanta en las plazas riojanas, el eco suele durar más que cualquier sesión parlamentaria.










































