El Diario de Eduardo German

La Rioja · Argentina

Argentina lidera el ranking mundial de distracción en el aula: el celular ganó la batalla contra la educación

Un informe de Argentinos por la Educación elaborado con datos PISA 2022 revela que el 54% de los estudiantes argentinos de 15 años se distrajo con dispositivos digitales en clases de matemática —el porcentaje más alto entre los 80 países evaluados— y que el 46% se distrajo por el uso que hacían sus compañeros. Los…

Un informe de Argentinos por la Educación elaborado con datos PISA 2022 revela que el 54% de los estudiantes argentinos de 15 años se distrajo con dispositivos digitales en clases de matemática —el porcentaje más alto entre los 80 países evaluados— y que el 46% se distrajo por el uso que hacían sus compañeros. Los números ubican a Argentina en el último lugar de un ranking que ningún país quiere liderar, con consecuencias directas sobre el aprendizaje y una pregunta urgente para la política educativa: ¿prohibir, regular o resignarse?


Hay una escena que cualquier docente argentino de nivel secundario reconocerá sin dificultad: treinta estudiantes en un aula, la mitad con el celular debajo del banco o encima del pupitre, notificaciones que vibran sin parar, conversaciones de WhatsApp que compiten con la explicación del profesor, y una atmósfera de atención fraccionada donde nadie está del todo presente ni del todo ausente. No es una percepción subjetiva ni el lamento nostálgico de una generación de educadores que extraña el pizarrón. Es, según los datos más rigurosos disponibles a escala global, la descripción estadística de lo que ocurre en las aulas argentinas.

El informe «Celular en el aula: uso, distracción y aprendizajes», publicado en marzo de 2025 por Argentinos por la Educación con autoría de Andrea Paula Goldin —investigadora del CONICET y del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella—, María Sol Alzú y Leyre Sáenz Guillén, analiza las respuestas de 613.744 estudiantes de 15 años que participaron en las pruebas PISA 2022 en 80 países. El resultado para Argentina es tan contundente como incómodo: primer lugar mundial en distracción por uso de dispositivos digitales en clase. El podio que nadie quería.

El número que define un país

El dato central del informe es preciso y devastador en su simplicidad: el 54% de los estudiantes argentinos de 15 años declaró distraerse con dispositivos digitales en clases de matemática. Es el porcentaje más alto entre los 80 países que respondieron esa pregunta en PISA 2022. Uruguay aparece segundo con el 52% y Chile tercero con el 51%.

Lo que hace especialmente revelador ese número es que coincide exactamente con otro dato del mismo informe: también el 54% de los estudiantes argentinos declaró utilizar el celular todos los días en la escuela. La superposición no es casual: los que usan el dispositivo a diario son, en una proporción muy alta, los mismos que reconocen distraerse con él.

Y el problema no se limita al uso propio. El 46% de los estudiantes argentinos declaró distraerse también por el uso que sus compañeros hacen de los dispositivos digitales, ubicando al país nuevamente en el primer lugar del ranking regional y entre los primeros a nivel global. Uno de cada cinco estudiantes se distraía exclusivamente por el uso del celular que hacían sus compañeros, sin que su propio uso fuera un factor. Es decir: incluso quien decide no usar el celular en clase paga el costo de la distracción ajena.

El cerebro que la pantalla conquista

El informe no se limita a registrar el fenómeno: lo explica desde la neurociencia. Goldin señala que el uso excesivo de celulares en el aula puede dificultar la atención de los estudiantes, explotando mecanismos cerebrales primitivos que orientan la atención hacia estímulos cambiantes y ruidosos, característicos de las pantallas. El cerebro adolescente, cuya corteza prefrontal —responsable del control de impulsos y la planificación— todavía está en pleno proceso de desarrollo, es particularmente vulnerable a este tipo de captura atencional.

No se trata de una debilidad individual ni de una falta de voluntad de los estudiantes. Es biología: los sistemas de recompensa del cerebro responden a las notificaciones, los mensajes y el scroll de las redes sociales con una intensidad que la clase más cuidadosamente diseñada difícilmente puede igualar. La competencia entre el docente y el algoritmo de Instagram no es pareja, y los datos de PISA lo confirman con una claridad que debería incomodar a los responsables de las políticas educativas.

Esta distracción constante, advierte el informe, no solo afecta el aprendizaje sino que también suele incrementar la ansiedad y el aislamiento social, especialmente en adolescentes. El celular en el aula no es solo un problema de rendimiento académico: es también un factor que incide sobre el bienestar emocional de los jóvenes en el momento en que sus vínculos sociales y su identidad están en plena construcción.

Notificaciones que nunca se apagan

Un hallazgo complementario del informe refuerza el diagnóstico. El 37,6% de los estudiantes argentinos declaró nunca o casi nunca desactivar las notificaciones de redes sociales y aplicaciones durante la clase. Ese porcentaje ubica a Argentina en el quinto lugar más alto entre los 75 países que respondieron esa pregunta, y en el primer lugar entre todos los países latinoamericanos evaluados —por encima de Brasil (30%), Uruguay (29%) y Chile (28%).

La interpretación que el informe propone para este dato es matizada: la mayoría de los estudiantes no desactivaba las notificaciones no necesariamente porque sintiera una presión constante por estar en línea —solo el 9% declaró sentir esa presión todo o casi todo el tiempo—, sino porque no lo consideraba necesario o simplemente no se les ocurrió. Esa distinción tiene implicancias prácticas importantes: si el problema no es la adicción compulsiva sino la ausencia de hábitos de autorregulación, el margen para intervenciones pedagógicas que enseñen gestión del entorno digital es considerablemente mayor.

La brecha de género que nadie esperaba

El análisis por género arroja resultados que contradicen algunos supuestos instalados en el debate público. En 65 de los 80 países evaluados, el porcentaje de varones que se distraía por usar dispositivos digitales fue superior al de mujeres. En Argentina, los valores fueron de 56% para los varones —primer puesto a nivel mundial— y de 52% para las mujeres —tercer puesto mundial, detrás de Chile y Uruguay—. Ambos géneros lideran o están cerca de liderar el ranking global, pero la brecha es más pronunciada en los varones.

Sin embargo, el informe revela una inversión de esa lógica en el caso de la presión por estar en línea: Argentina es el único país entre los diez latinoamericanos evaluados donde el porcentaje de mujeres que se sienten presionadas para responder mensajes durante la clase es mayor que el de los varones. El 10% de las estudiantes argentinas declaró sentir esa presión todo o casi todo el tiempo, contra el 8% de los varones. Es un dato pequeño en términos absolutos pero significativo en términos cualitativos: sugiere que para las adolescentes argentinas la presión de estar disponible en las redes tiene una dimensión social y relacional específica que merece atención diferenciada.

Matemática, distracción y el mapa de la desigualdad educativa

El informe cruza los datos de distracción con los puntajes de matemática en PISA 2022 y encuentra una tendencia negativa entre ambas variables: los países con mayor proporción de estudiantes distraídos tienden a presentar puntajes más bajos en matemática. Argentina, con el mayor porcentaje de distracción (54%), se ubica en el extremo derecho e inferior de ese gráfico, junto a Uruguay y Chile. En el extremo opuesto —baja distracción, alto rendimiento— aparecen Japón, Corea del Sur y Macao.

El informe es cauteloso y metodológicamente riguroso: la relación observada no implica causalidad. Factores como la regulación del uso de tecnología en las escuelas, las estrategias pedagógicas y el nivel socioeconómico podrían influir en la relación observada. No es el celular el único responsable del bajo rendimiento argentino en matemática, que tiene raíces estructurales más profundas. Pero es, según los datos de PISA, uno de los factores que se asocia estadísticamente con ese rendimiento, y uno sobre el que la política educativa puede actuar con mayor velocidad que sobre la pobreza o la desigualdad de ingresos.

La prohibición como respuesta y sus límites

El debate sobre si prohibir el celular en las escuelas viene ganando terreno en distintos países y también en Argentina. El informe analiza la relación entre las restricciones al uso de dispositivos y los niveles de distracción reportados por los estudiantes, y encuentra que en los países donde hay más restricciones, los niveles de distracción tienden a ser menores.

Sin embargo, el caso argentino —junto al de Uruguay y Chile— complica esa lectura lineal: los tres países presentaron los mayores niveles de distracción del mundo independientemente de las variaciones en sus marcos de restricción. No es que las prohibiciones no funcionen: es que en contextos donde el uso del celular está profundamente integrado en la cultura juvenil y donde las regulaciones no tienen mecanismos efectivos de aplicación, la restricción formal no se traduce automáticamente en menor distracción.

Japón y Corea del Sur, los países con menor distracción, combinan restricciones al uso de dispositivos con algo que ninguna ley puede importar fácilmente: culturas de concentración y autorregulación que tienen raíces en dinámicas sociales y educativas profundamente distintas de las latinoamericanas.

La pregunta que llega a las aulas riojanas

En La Rioja —como en cualquier provincia argentina donde las escuelas públicas son la columna vertebral del sistema educativo y donde los recursos para la innovación pedagógica son escasos— este informe no es una abstracción metropolitana. Es la descripción de lo que ocurre en las aulas de los secundarios de la capital y del interior cada vez que un docente intenta competir con TikTok por la atención de sus estudiantes.

La pregunta que el informe deja abierta no es si el celular es bueno o malo en términos absolutos —es una herramienta, y como toda herramienta su valor depende del uso que se le dé. La pregunta es si el sistema educativo argentino, con sus docentes sobrecargados, sus escuelas desbordadas y sus estudiantes que llegan al aula con todas las tensiones sociales y emocionales descriptas en otros estudios recientes, tiene la capacidad institucional para implementar una regulación efectiva del uso de dispositivos digitales que no sea ni la prohibición irrealista ni la permisividad sin límites.

Los datos de PISA dicen que Argentina tiene el peor resultado del mundo en distracción digital en el aula. Ese diagnóstico merece, como mínimo, una respuesta que esté a la altura de su gravedad.


Fuente: Goldin, A.P., Alzú, M.S. y Sáenz Guillén, L. (2025). «Celular en la escuela: uso, distracción y aprendizajes». Observatorio de Argentinos por la Educación, en base a pruebas PISA 2022 de la OCDE. Muestra de 613.744 estudiantes de 15 años en 80 países, con participación de 12.111 estudiantes argentinos.


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