Comprar un auto en Argentina nunca fue tan accesible en cinco años: se necesitan 20,8 salarios, el mínimo de la serie

El índice que mide el precio de los autos más vendidos en relación al salario formal cayó de 27,4 en 2024 a 20,8 en 2025, según datos de Econométrica en base a ACARA y el Ministerio de Economía. El dato refleja la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores registrados, aunque para los riojanos con…

El índice que mide el precio de los autos más vendidos en relación al salario formal cayó de 27,4 en 2024 a 20,8 en 2025, según datos de Econométrica en base a ACARA y el Ministerio de Economía. El dato refleja la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores registrados, aunque para los riojanos con empleo informal o en el sector público provincial el acceso al crédito sigue siendo el obstáculo real.

Un automóvil cuesta hoy, en términos de salarios, menos que en cualquier momento de los últimos cinco años. Esa es la conclusión que surge de un indicador elaborado por la consultora Econométrica en base a datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA) y el Ministerio de Economía de la Nación: la relación entre el precio de los autos más vendidos y el Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE) cayó a 20,8 en 2025, su nivel más bajo desde 2020 y un descenso pronunciado respecto de los 27,4 salarios que demandaba la misma compra apenas un año antes.

El contraste con el pico de la serie es llamativo. En 2022, cuando la inflación erosionaba el poder de compra pero los precios de los vehículos todavía no habían terminado de ajustarse al tipo de cambio oficial, eran necesarios 27,7 salarios para adquirir uno de los modelos más demandados del mercado. En 2025 esa cifra bajó casi siete puntos: una mejora del 25% en la accesibilidad medida en términos de ingresos formales.

Qué explica la caída

El fenómeno tiene dos motores que operaron en simultáneo a lo largo de 2025. Por un lado, el RIPTE —el salario de referencia para los trabajadores en relación de dependencia registrados— creció por encima de la inflación durante buena parte del año, recuperando terreno real perdido en 2024. Por otro, los precios de los automóviles, que habían saltado con fuerza durante el período de brecha cambiaria elevada y restricciones a las importaciones, comenzaron a moderarse a medida que el gobierno de Javier Milei avanzó en la apertura del mercado y la unificación del tipo de cambio.

La combinación de salarios reales en alza y precios relativos de los bienes durables en caída generó una ventana de accesibilidad que el mercado automotor no tardó en reflejar: las ventas de autos 0 km crecieron con fuerza durante 2025, con récords mensuales que confirmaron el regreso de una demanda que había estado largamente reprimida.



La doble vara: qué mide el RIPTE y qué no mide

El indicador tiene, sin embargo, una limitación conceptual importante para leer la realidad de provincias como La Rioja. El RIPTE mide el salario promedio de los trabajadores formales del sector privado, un universo que en la provincia representa una porción acotada de la población económicamente activa.

En La Rioja, el empleo público es el principal empleador y los salarios estatales provinciales han tenido una dinámica propia, condicionada por las restricciones fiscales del gobierno del gobernador Ricardo Quintela y por la puja con la Nación por los fondos coparticipados. Que el RIPTE haya subido no implica que el empleado público riojano haya experimentado la misma mejora. Y para los trabajadores informales —que representan más de la mitad de la fuerza laboral provincial— el indicador directamente no aplica.

Hay un segundo obstáculo que el índice no captura: el financiamiento. Aun cuando el precio en salarios bajó, comprar un auto en Argentina sigue requiriendo acceso al crédito prendario o la disponibilidad de ahorros en dólares. Las tasas de interés, aunque descendieron respecto de los picos de 2024, siguen siendo elevadas en términos reales. Para un empleado público riojano que cobra en pesos y no tiene capacidad de ahorro en divisas, la mejora del índice es real pero no necesariamente alcanzable.

Un dato que habla de la estabilización, no del bienestar general

El indicador de Econométrica es, ante todo, un termómetro de la estabilización macroeconómica que el gobierno nacional viene impulsando desde diciembre de 2023. La caída en la cantidad de salarios necesarios para comprar un auto es consecuencia directa de la desinflación, la recuperación del salario real formal y la normalización cambiaria: tres variables que el programa económico de Milei buscó alinear y que en 2025 comenzaron a mostrar resultados en el poder de compra de los sectores más integrados al mercado formal.

Pero ese mismo proceso de estabilización tiene costos que no aparecen en el gráfico: el ajuste del gasto público que comprimió los salarios estatales durante 2024, la caída de la obra pública que afectó el empleo en el sector de la construcción, y la apertura importadora que presionó sobre algunos segmentos industriales. En provincias como La Rioja, donde el Estado es el gran empleador y el sector privado formal es pequeño, esos costos se sintieron con mayor intensidad que los beneficios.

La lectura desde La Rioja

Para la clase media riojana con empleo registrado en el sector privado —trabajadores bancarios, comerciales, de servicios profesionales o vinculados a la actividad minera—, el dato de 2025 es genuinamente alentador. Comprar un auto a 20,8 salarios es la mejor relación de los últimos cinco años y, si el crédito acompaña, puede traducirse en decisiones concretas de consumo.

Para el universo más amplio de empleados públicos e informales que define la estructura laboral de La Rioja, la foto es más ambigua. El índice mejora, pero la accesibilidad real depende de variables que el promedio nacional no refleja: la evolución de los salarios provinciales, la disponibilidad de crédito en el sistema financiero local y la capacidad de ahorro de los hogares tras años de erosión inflacionaria.

Lo que el gráfico muestra sin ambigüedades es que Argentina cambió de velocidad en 2025. Si ese cambio llegó a La Rioja con la misma intensidad que al promedio del país es, todavía, una pregunta abierta.


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