Reforma política: el plan oficial para eliminar las PASO activa un frente de resistencia liderado por gobernadores del PJ
Con Ricardo Quintela a la cabeza del rechazo, el peronismo acelera el «poroteo» en el Congreso para bloquear la iniciativa de Javier Milei; la importancia de las internas para ordenar la fragmentación opositora.
El envío al Congreso del paquete de reforma política que impulsa la gestión de Javier Milei —que incluye la eliminación de las PASO, el esquema de Ficha Limpia y cambios en el financiamiento de los partidos— ha funcionado como un catalizador para la reorganización del peronismo. Lejos de la dispersión de los últimos meses, el PJ comenzó a tejer alianzas transversales con el objetivo de blindar las primarias, herramienta que consideran vital para dirimir su propia horizontalidad interna de cara a 2027.
En este tablero de poder, La Rioja emerge como uno de los bastiones de resistencia más nítidos. El gobernador Ricardo Quintela se ha plantado en la vereda opuesta a la Casa Rosada, alineándose con sus pares Axel Kicillof (Buenos Aires), Gildo Insfrán (Formosa) y Sergio Ziliotto (La Pampa). Para el mandatario riojano, las PASO no son un gasto, sino el mecanismo institucional necesario para aglutinar las diversas tribus del justicialismo que hoy carecen de una conducción centralizada.
Un ajedrez de mayorías absolutas
La estrategia oficialista enfrenta un obstáculo reglamentario insalvable: al tratarse de una reforma electoral, requiere de una mayoría absoluta de los miembros de ambas cámaras (129 diputados y 37 senadores). El oficialismo no tiene esos números garantizados.
“No la va a tener fácil el Gobierno. Hoy no tiene el número para eliminarlas”, deslizan en el bloque de Senadores que conduce José Mayans. En la Cámara alta, donde comenzará el tratamiento, el peronismo confía en que el peso de los gobernadores será determinante para inclinar la balanza.
A diferencia de otros mandatarios del Norte Grande que han mostrado una ambivalencia táctica —como el salteño Gustavo Sáenz, a favor de la eliminación, o los casos de Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán), que aún calculan el costo político de sus votos—, Quintela mantiene el control de su tropa legislativa con un mandato claro: sostener las primarias.
El factor ordenador
Para el peronismo riojano y nacional, las PASO representan la «válvula de escape» para una discusión que hoy es totalmente horizontal. Dirigentes como Miguel Pichetto, Nicolás Massot y Emilio Monzó también observan con recelo la movida libertaria, entendiendo que la derogación de las primarias podría forzar fragmentaciones que terminen beneficiando al oficialismo por dispersión del voto opositor.
En caso de que el Gobierno logre avanzar, ya se barajan planes de contingencia. El senador sanjuanino Sergio Uñac sugirió organizar internas abiertas propias, un experimento que el PJ preferiría evitar para no perder el marco de legalidad y logística que brinda el Estado.
Un nuevo polo opositor
Tal como ocurrió con el financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, la reforma política está logrando lo que la autocrítica interna del PJ no pudo: unidad de acción. El «poroteo» que comenzó en las últimas semanas muestra un bloque de Unión por la Patria sólido, al que se le suman sectores de las Provincias Unidas y una porción del radicalismo.
El PRO, aliado habitual de Milei, todavía navega en la indefinición, con legisladores que responden a distintos liderazgos territoriales, lo que oscurece aún más el horizonte para el proyecto de la Casa Rosada. Mientras tanto, en La Rioja, el oficialismo provincial se prepara para una batalla legislativa que definirá no solo las reglas de juego del próximo año, sino el primer ensayo de una coalición opositora de cara al futuro.