Economía

El cierre de la planta riojana de Lee en 2017 fue la primera alarma del derrumbe textil que terminó expulsando a la marca de la Argentina

Por Eduardo Nelson German · 27 de abril de 2026 · 11:49

Antes del repliegue nacional definitivo de 2019, la fábrica que la firma de jeans operaba en La Rioja bajó persianas como primera señal de un retroceso global. La provincia, que había recibido inversiones millonarias en 2014 bajo el régimen de promoción industrial, perdió empleo industrial calificado en un sector que llegó a representar el 20% del mercado argentino del denim. El caso anticipa el cuadro que hoy coloca a La Rioja como la jurisdicción con mayor caída relativa del parque empresarial del país.

La salida definitiva de la marca Lee del mercado argentino, concretada en 2019, no fue un episodio repentino. La primera campanada se había producido dos años antes en La Rioja, donde la firma operaba una de sus plantas industriales bajo el paraguas del régimen de promoción industrial provincial. El cierre de esa fábrica en 2017 funcionó como aviso temprano de un proceso de retracción que terminaría arrastrando a toda la operación nacional de la compañía.

La historia de Lee y Wrangler en La Rioja se entrelaza con la lógica del régimen promocional que durante décadas convirtió a la provincia en un polo textil de envergadura. Las inversiones llegaban atraídas por las exenciones impositivas, los costos laborales relativamente bajos y la disponibilidad de mano de obra capacitada en la confección. La presencia de las marcas del grupo VF Corporation en territorio riojano constituyó, durante esos años, uno de los activos productivos más reconocidos del sector.

El punto de inflexión positivo se había producido en 2014, cuando VF Corporation —la multinacional propietaria de ambas etiquetas— anunció una inversión millonaria para expandir la producción local, abrir tiendas exclusivas y reposicionar a Lee en el mercado argentino. La estrategia combinaba fabricación nacional, comercio electrónico y presencia en los principales centros comerciales del país. El plan transmitía una señal de compromiso de largo plazo con la operación local, y por elevación, con el ecosistema textil riojano.

Sin embargo, el viento cambió de dirección en pocos años. A partir de 2017 comenzaron las señales de repliegue, y la primera fue precisamente el cierre de la planta riojana. La decisión arrastró al desempleo a operarios calificados que habían construido sus trayectorias laborales en torno al complejo textil promovido y golpeó la cadena de proveedores locales —desde lavaderos industriales hasta talleres de confección— que dependían del flujo de producción de la marca.

El golpe definitivo se concretó en 2019, cuando VF Corporation anunció una reestructuración global que incluyó la creación de Kontoor Brands, una firma independiente enfocada exclusivamente en el negocio del denim. En ese marco, la compañía decidió discontinuar sus operaciones en la Argentina. Ese mismo año se cerró la planta de Benito Juárez —en la provincia de Buenos Aires— y se liquidó el stock de los aproximadamente veinte puntos de venta que la marca tenía en los principales shoppings del país. Para fines de julio de 2019, Lee había desaparecido del mercado argentino.

El contexto macroeconómico aceleró la decisión corporativa. La economía argentina atravesaba un período de fuerte inestabilidad, con alta inflación, devaluaciones constantes y una caída pronunciada del consumo interno. La crisis del sector textil fue particularmente severa: en 2018, la producción del rubro cayó más del 36% interanual y casi nueve de cada diez empresas del sector reportaron baja en sus ventas. Con el mercado interno deprimido, las marcas internacionales enfrentaban el dilema de absorber pérdidas o retirarse.

A los problemas de demanda se sumaron factores estructurales que erosionaron la competitividad de la producción local. El costo de fabricar jeans en la Argentina resultaba significativamente más alto que el de importarlos desde otros orígenes —principalmente asiáticos—, y la presión impositiva, los costos logísticos y las restricciones para importar insumos completaban un cuadro que castigaba especialmente a las operaciones industriales de marcas globales con benchmarks internacionales.

El comportamiento del consumidor también jugó en contra. La pérdida de poder adquisitivo de los argentinos derivó en una migración masiva hacia segundas marcas y opciones más económicas, lo que afectó de manera particular a las etiquetas de gama media como Lee. A diferencia de competidores como Levi’s, que optó por continuar en el mercado a través de licencias locales, o de Zara y Nike, que migraron a esquemas de franquicias, Lee no encontró un modelo alternativo que le permitiera mantener presencia en el país.

El saldo del proceso fue contundente: alrededor de 200 puestos de trabajo directos se perdieron entre fábricas, oficinas y locales comerciales, sin contar el efecto en cadena sobre proveedores y subcontratistas. Para La Rioja, el cierre anticipado de 2017 dejó una herida específica en su entramado industrial promovido y abrió interrogantes sobre la sustentabilidad de un modelo productivo cuya competitividad dependía de incentivos fiscales que el Gobierno nacional viene desmontando progresivamente.

El caso Lee se inscribe hoy en un cuadro mucho más amplio y actual. Según el último relevamiento del think tank Fundar sobre datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, La Rioja se ubica como la provincia argentina con mayor caída relativa de unidades productivas desde diciembre de 2023, con una pérdida del 16,1% de su parque empresarial. Esa cifra, que coloca a la provincia al frente del ranking nacional de cierres en la era Milei, no se explica sin la prehistoria que casos como el de Lee anticiparon: un modelo de promoción industrial que perdió oxígeno, una matriz textil que no logró reconvertirse y una geografía productiva donde el cierre de cada fábrica deja un cráter difícil de rellenar. La pregunta que sobrevuela el escenario riojano es si aún resta margen para un esquema de reindustrialización viable o si la provincia consolidará su perfil como caso testigo de la desindustrialización argentina.