Economía

Impuesto automotor: La Rioja integra el grupo de provincias con tasa fija y queda en el centro del debate por la equidad tributaria

Por Eduardo Nelson German · 1 de mayo de 2026 · 18:09

Un informe del Instituto de Economía de la UADE relevó las patentes de todas las jurisdicciones del país y detectó diferencias de hasta tres veces y media entre los distritos más caros y los más baratos. La Rioja aplica una alícuota uniforme para todos los segmentos de vehículos, una lógica que rompe con el esquema progresivo de los grandes distritos y traslada una carga proporcionalmente mayor a los autos de menor valor.

Las diferencias en el impuesto automotor entre las provincias argentinas alcanzaron una magnitud que vuelve a poner en discusión la equidad del sistema. Según un informe del Instituto de Economía de la UADE (Ineco), el costo anual del tributo —que habilita la circulación legal del vehículo— equivale en promedio al 1,93% de la valuación fiscal, pero puede multiplicarse por más de tres entre la jurisdicción más cara y la más barata del país.

La Rioja integra el grupo de provincias que optaron por una arquitectura tributaria distinta a la del Área Metropolitana: aplica una tasa fija para todos los segmentos de vehículos, sin distinguir gama ni valuación. La acompañan Catamarca, Chubut, Corrientes, Formosa, Jujuy, Misiones, Río Negro, Salta, San Juan, Tierra del Fuego y Tucumán. Es decir, prácticamente toda la región norte y patagónica del país comparte ese criterio.

El esquema contrasta de manera directa con el de la Ciudad de Buenos Aires, la Provincia de Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos, donde la patente combina una cuota fija con una tasa variable que crece a medida que aumenta el valor del auto. Santa Fe calcula el tributo según la antigüedad del rodado, mientras que La Pampa, Mendoza, Neuquén y San Luis ajustan la alícuota únicamente por valor, sin componente fijo.

Quién paga más y quién paga menos

En los extremos del ranking nacional aparecen Río Negro, con la tasa más alta del país (3,50%), y Córdoba, con la más baja (1,07%). El podio de jurisdicciones más onerosas lo completan Entre Ríos (3,33%), San Luis (2,94%) y la Ciudad de Buenos Aires (2,91%). Buenos Aires (1,59%) y Mendoza (1,83%) figuran entre las más laxas, según el cálculo ponderado por población que realizó Ineco.

La diferencia se traduce en cifras concretas. El dueño de un vehículo de gama baja —el estudio toma como referencia un Volkswagen Gol— paga 71.349 pesos anuales en Córdoba, 83.940 en Buenos Aires, 156.710 en la Ciudad de Buenos Aires y 293.790 en Río Negro. Para un auto de gama media (Fiat Cronos), las cifras escalan a 271.962, 418.751, 855.302 y 974.144 pesos, respectivamente. En el segmento de alta gama, el promedio nacional trepa a 2.344.287 pesos.

El sistema progresivo que rige en los grandes centros urbanos hace que un Audi Q2 pague una alícuota cercana al 3% mientras que un Gol abone, en promedio, el 1,54%. En las provincias con tasa fija, la lógica se invierte: un contribuyente que circula con un auto popular paga el mismo porcentaje sobre la valuación fiscal que el dueño de un vehículo de alta gama radicado en la misma jurisdicción. La equidad horizontal —que dos contribuyentes en idéntica situación paguen lo mismo— convive así con un cuestionamiento de equidad vertical respecto de quienes tienen mayor capacidad económica.

Un tributo desconectado del uso de la ruta

El informe de Ineco apunta otra contradicción de fondo. El impuesto automotor se diseñó como una herramienta de recaudación local, pero su lógica está disociada del uso real de la infraestructura vial. Dos autos que recorren la misma cantidad de kilómetros pueden pagar cifras muy diferentes solo por pertenecer a segmentos distintos, advierte el documento. La conclusión es que el tributo mide capacidad contributiva atada al valor del rodado, y no el desgaste efectivo de las rutas y caminos.

En los últimos años cobraron fuerza propuestas para vincular la patente al peso del vehículo, al kilometraje recorrido o al tipo de motorización, un rediseño que requeriría un acuerdo político y técnico de envergadura entre Nación y provincias. Mientras tanto, la dispersión persiste: un mismo Volkswagen Gol cuesta más de tres veces y media en Río Negro que en Buenos Aires, una distorsión que alimenta el fenómeno de la radicación de vehículos en jurisdicciones con menor presión fiscal.

Para los contribuyentes riojanos, el debate sobre la patente se cruza con la discusión más amplia sobre la presión tributaria provincial en un contexto de caída del salario real y de transferencias automáticas en retroceso. La provincia, que ya enfrenta cuestionamientos por el costo de los servicios públicos y por la tensión con la Nación en torno a la coparticipación, mantiene un esquema impositivo automotor que iguala a todos los segmentos pero que, en la práctica, hace recaer una carga proporcionalmente mayor sobre los sectores medios y populares que circulan con autos de menor valor. Un dato adicional para la agenda fiscal que el gobierno de Ricardo Quintela deberá rediscutir en los próximos presupuestos, en una provincia donde la renovación del parque automotor depende de manera crítica del costo total de mantener el vehículo en regla.