Un informe de la UCA revela que la mejora en los indicadores monetarios convive con un fuerte deterioro en el acceso a derechos básicos. Advierten que el fenómeno oculta una fragilidad estructural y que crecen los hogares que no son pobres por ingresos pero arrastran privaciones.

La realidad social argentina vuelve a exhibir una compleja contradicción estructural que desafía las lecturas lineales de la economía. Un nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) desnudó una marcada brecha en las condiciones de vida de la población: a pesar de que la pobreza medida estrictamente por ingresos registró una baja notable en el último período, las privaciones no monetarias vinculadas a derechos sociales elementales continuaron profundizándose.

La investigación, titulada «Mayores privaciones sociales en una Argentina con menor pobreza monetaria», plantea que para comprender el bienestar real no alcanza con mirar las billeteras, sino que se debe evaluar el acceso efectivo a la infraestructura social básica. Los datos arrojan que entre 2024 y 2025 se revirtió la tendencia en la tasa de hogares que no alcanzan a cubrir la Canasta Básica Total. Sin embargo, ese alivio de bolsillo convivió de manera directa con un mayor desamparo en salud, alimentación y empleo formal.

«Se evidencia una brecha persistente entre la mejora o estabilización de indicadores monetarios y una mayor fragilidad respecto a recursos vitales del bienestar» , alertaron los investigadores Juan Ignacio Bonfiglio y Julieta Vera, autores del reporte de divulgación de la UCA.

La radiografía de los números: menos pobreza de bolsillo

De acuerdo con las series históricas relevadas por la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), el porcentaje de hogares bajo la línea de pobreza por ingresos experimentó un fuerte descenso, pasando del 36% en 2024 al 26,4% en 2025. La cifra marca un quiebre de corto plazo en el deterioro que venía arrastrando el país desde 2017.

La contracara de esa devaluación de la pobreza monetaria se encuentra en las líneas de carencias multidimensionales materiales. El porcentaje de hogares con al menos una carencia no monetaria subió del 65,6% al 67,3% entre 2024 y 2025 , mientras que aquellos que arrastran al menos dos privaciones simultáneas treparon del 43,9% al 44,2%. Solo el segmento de vulnerabilidad extrema, de tres o más carencias básicas, mostró una leve variación a la baja al pasar de 29,3% a 28,2%.

Los especialistas en desarrollo humano de la UCA sostienen que la sola medición de ingresos tiende a sobrestimar la recuperación real de la sociedad, debido a que las deudas sociales históricas exceden la capacidad de compra inmediata de un salario.

Trabajo, salud y comida: dónde se profundiza el déficit

Al evaluar de manera desagregada qué derechos se vieron más vulnerados en los hogares entre los años 2017 y 2025, el reporte detecta que el mayor impacto regresivo se concentró precisamente en los pilares esenciales de la reproducción cotidiana:

  • Salud: Es el área de mayor privación absoluta en 2025, afectando al 34,3% de los hogares, lo que representa un incremento de 5,1 puntos porcentuales respecto a 2017. Implica la falta de recursos para afrontar contingencias médicas.
  • Trabajo: El acceso a un empleo decente y a un sistema de seguridad social tradicional presenta un déficit del 33,1%, una suba de 6,4 puntos versus el inicio de la serie. Significa que un tercio de las familias está marginado de las instituciones de protección frente a riesgos laborales.
  • Alimentación: Las privaciones ligadas al acceso a una comida suficiente escalaron del 13,1% en 2017 al 18,7% de los hogares en 2025 (+5,6 puntos porcentuales).

En menor medida, el acceso educativo formal también mostró un retroceso de 1,9 puntos porcentuales , mientras que las condiciones de vivienda digna se mantuvieron prácticamente estancadas en el 22%. El único indicador con saldo positivo fue el acceso a servicios públicos de red, que bajó sus carencias del 32,8% al 28,7%.

El nuevo mapa de la clase media vulnerable

Este descalce entre la mejora monetaria y el retroceso en infraestructura familiar generó una mutación en la estratificación social de la pobreza multidimensional. El dato político y económico más inquietante del informe revela que crecieron con fuerza aquellos hogares que no son considerados pobres por ingresos, pero padecen privaciones sociales.

Según la matriz de la UCA, esta categoría intermedia (familias con autonomía económica de mercado para adquirir la canasta, pero sin pleno ejercicio de sus derechos básicos) dio un salto drástico en 2025 al alcanzar al 42,9% de los hogares, frente al 33,3% medido en 2024.

Por su parte, los denominados «pobres multidimensionales» (privados tanto de ingresos suficientes como de al menos un derecho social básico) cayeron del 32,3% al 24,4% , traccionados exclusivamente por la línea monetaria. En tanto, los hogares plenamente consolidados como de clase media (no pobres por ingresos y sin ninguna carencia de derechos constitucionales) se mantuvieron congelados en un magro 30,7%.

El diagnóstico final del Observatorio resulta categórico: un modelo que genere crecimiento económico y logre bajar la pobreza transitoria de ingresos no alcanza para saldar las deudas históricas del país si no contempla políticas de inclusión social estructurales. Sin reformas de fondo, amplias capas de la población seguirán expuestas a una severa desprotección ante cualquier contingencia del mercado.

Informe

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Por Eduardo Nelson German

Periodismo + Opinión

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