Los actos oficiales por el 9 de Julio volvieron a mostrar al gobernador rodeado de sus principales aliados políticos. En el peronismo crece la percepción de que el mandatario buscará dejar el poder en manos de un dirigente de máxima confianza, mientras reduce el margen para otros sectores del oficialismo.
La celebración del Día de la Independencia dejó otra señal sobre el proceso de sucesión que comienza a atravesar al peronismo riojano. Ricardo Quintela encabezó el tradicional izamiento de la bandera y los actos oficiales acompañado por el núcleo más cercano de su gestión, una postal que en el oficialismo fue interpretada como una nueva muestra del cierre político alrededor de su círculo de mayor confianza.
«Esta fecha nos invita a recordar a quienes hicieron posible el nacimiento de nuestra Patria y a renovar el compromiso de seguir construyendo, con unidad y solidaridad, un país más justo para todos y todas», expresó el gobernador durante el inicio de las actividades oficiales.
En paralelo, el intendente de la Capital, Armando Molina, participó del izamiento de la bandera y del Solemne Tedeum en la Catedral riojana, desde donde sostuvo que el desafío es construir «una patria más justa, con unidad y que tenga en el centro de todas nuestras decisiones a las familias riojanas».
Más allá de los mensajes institucionales, dentro del PJ la atención está puesta en otro plano: la conformación del círculo político que rodea al gobernador. En distintos sectores del oficialismo advierten que Quintela viene concentrando cada vez más las decisiones estratégicas en dirigentes de su máxima confianza, muchos de ellos integrantes de su mesa política desde hace años.
Ese proceso coincide con el comienzo de la discusión por la sucesión de 2027. En el peronismo provincial gana terreno la idea de que el mandatario pretende garantizar la continuidad de su proyecto político mediante un dirigente surgido de su propio esquema de conducción, antes que habilitar una competencia amplia entre los distintos sectores del justicialismo.
En ese contexto, dirigentes con fuerte vínculo político con el gobernador comenzaron a ganar protagonismo en la agenda oficial, mientras otros espacios del peronismo observan con preocupación un proceso que consideran cada vez más concentrado en el entorno de Quintela.
La estrategia también está vinculada con el escenario nacional. Mientras el gobernador busca consolidar su proyección dentro del Partido Justicialista, necesita preservar el control del oficialismo riojano para sostener influencia política una vez concluido su mandato.
Aunque Quintela evita hacer referencias públicas sobre quién será su candidato para sucederlo, en el PJ la lectura es que las decisiones de los últimos meses apuntan a consolidar una transición bajo la conducción de un dirigente de su máxima confianza, reforzando un esquema de poder cada vez más concentrado alrededor de su círculo político más cercano.
Quintela cierra el círculo de confianza y profundiza la idea de una sucesión con dirigentes de su mesa chica
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