Una familia riojana necesita alrededor de $1,6 millones mensuales para no caer bajo la línea de pobreza

Lucas de la Fuente, referente de Libres del Sur, advirtió que la canasta alimentaria supera los $700.000 y cuestionó la capacidad de los indicadores tradicionales para reflejar el peso actual de los medicamentos, los servicios y el transporte. También alertó sobre el impacto que la pérdida de ingresos tiene sobre el comercio y el empleo…

Lucas de la Fuente, referente de Libres del Sur en La Rioja

El costo de vida volvió a ubicarse en el centro del debate económico de La Rioja. Según el relevamiento realizado por Libres del Sur, una familia tipo —integrada por dos adultos y dos menores— necesita ingresos cercanos a $1,6 millones mensuales para no quedar por debajo de la línea de pobreza.

Lucas de la Fuente, referente provincial de la organización, explicó que la cifra contempla una canasta total que no se limita a los alimentos. Incluye también gastos indispensables como alquiler, medicamentos, electricidad, transporte y combustible.

“Alrededor de $1,6 millones necesita una familia para no estar debajo de la línea de pobreza”, afirmó durante una entrevista radial. El dirigente aclaró que el cálculo corresponde a un hogar de cuatro integrantes, aunque advirtió que numerosas familias riojanas son más numerosas y afrontan mayores necesidades.

Una canasta alimentaria superior a los $700.000

El relevamiento estimó que la canasta básica alimentaria se encuentra por encima de los $700.000 mensuales. Ese valor determina el límite de la indigencia: un hogar cuyos ingresos no alcanzan para cubrirlo carece de recursos suficientes para adquirir los alimentos considerados esenciales.

La diferencia entre ambas mediciones es importante. La canasta alimentaria calcula únicamente el costo de una alimentación básica, mientras que la canasta total incorpora otros bienes y servicios necesarios para la vida cotidiana.

De la Fuente sostuvo que el salario mínimo, vital y móvil se encuentra muy lejos de esos valores. En consecuencia, una familia necesita reunir más de un ingreso, recurrir a trabajos informales o complementar el salario con changas para acercarse al costo mensual estimado.

La situación riojana refleja un problema de alcance nacional. La brecha entre salarios y necesidades básicas atraviesa a trabajadores registrados, empleados informales, jubilados y beneficiarios de programas sociales en diferentes provincias.

Cuestionamientos a la medición tradicional

El referente de Libres del Sur consideró que la estructura utilizada para calcular la canasta total no refleja completamente la composición actual del gasto familiar.

Afirmó que los medicamentos, las tarifas de los servicios públicos y el transporte tienen hoy una incidencia considerablemente mayor que hace dos décadas. Estos incrementos modificaron la distribución del presupuesto de los hogares, especialmente entre quienes alquilan o tienen integrantes que necesitan tratamientos médicos permanentes.

“No solo se tiene en cuenta la comida. Hay que comprar medicación, pagar el alquiler, la luz, el colectivo o el combustible”, explicó.

De la Fuente sostuvo que las familias se ven obligadas a establecer prioridades cada vez más difíciles: pagar un servicio, comprar alimentos, trasladarse al trabajo o sostener los estudios de sus hijos.

Menores ingresos y caída del consumo

El informe vinculó el deterioro de los ingresos con la situación de las pequeñas y medianas empresas. Cuando una familia pierde poder adquisitivo, disminuyen las compras en almacenes, kioscos, comercios de indumentaria y otros establecimientos de cercanía.

“Los primeros afectados son las pymes y las pymes, a su vez, afectan a sus empleados. Se genera un ciclo vicioso”, señaló De la Fuente.

El dirigente afirmó que alrededor de 12.000 personas en La Rioja dejaron de percibir durante el último período un programa de asistencia laboral. Según su estimación, esto representa cerca de $1.000 millones que dejan de circular en la economía provincial.

La cifra fue presentada por el referente a partir del análisis de la organización y requiere ser contrastada con los registros administrativos nacionales. Su impacto, sin embargo, permite dimensionar la importancia que tienen las transferencias de ingresos en una economía con fuerte dependencia del consumo interno.

El dinero recibido por esos hogares se utilizaba principalmente dentro de la provincia. Al desaparecer, la pérdida alcanza al beneficiario, pero también al almacén, la feria, el comercio de ropa, el transporte y los trabajadores de casas particulares.

El impacto social detrás de las cifras

De la Fuente advirtió que la crisis no puede reducirse únicamente a estadísticas. La imposibilidad de cubrir las necesidades básicas también afecta el acceso a la educación, la alimentación y la salud mental.

Una persona que no puede pagar el transporte encuentra mayores dificultades para concurrir a la universidad o llegar a su trabajo. Quien necesita extender su jornada laboral dispone de menos tiempo para estudiar o acompañar a sus hijos. Una alimentación insuficiente, además, perjudica la concentración y el rendimiento escolar.

El referente cuestionó los discursos que responsabilizan individualmente a las familias por no poder administrar ingresos insuficientes. A su entender, ese señalamiento profundiza la angustia de quienes deben elegir diariamente qué gasto postergar.

El relevamiento de Libres del Sur muestra así una realidad que comienza en el precio de los alimentos, pero se extiende hacia toda la economía riojana. Con una canasta cercana a $1,6 millones y salarios que evolucionan por debajo de ese valor, las familias reducen consumos, acumulan deudas y dependen de varios ingresos para sostener su vida cotidiana.


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