La Argentina ingresó en la etapa final de uno de sus proyectos científicos e industriales más relevantes. El Reactor Nuclear Argentino Multipropósito RA-10, construido en el Centro Atómico Ezeiza, comenzará su proceso de puesta en marcha antes de finalizar 2026 y deberá estar operativo durante los primeros meses de 2027.
Pero el anuncio realizado por el Gobierno contiene una definición que excede el calendario de la obra: el objetivo es transformar la capacidad nuclear desarrollada durante años por el Estado en una plataforma productiva y exportadora, incorporando capital privado para financiar la planta que procesará los radioisótopos obtenidos mediante el reactor.
El secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, presentó la hoja de ruta durante una recorrida por las instalaciones junto con autoridades de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
El montaje electromecánico alcanzó el 96% y alrededor de 530 personas trabajan en el proyecto. El siguiente paso será comenzar la puesta en marcha antes de fin de año, condicionada a las autorizaciones correspondientes de la Autoridad Regulatoria Nuclear. El proceso continuará durante los primeros meses de 2027 hasta alcanzar las condiciones previstas de funcionamiento.
El anuncio oficial de la CNEA
EL RA-10 SE PONDRÁ EN MARCHA EN EL 2027
“Estamos cada vez más cerca de poner en marcha el RA-10. Con el montaje electromecánico en un 96%, presentamos la hoja de ruta para iniciar su puesta en marcha antes de fin de año y el modelo que prevé incorporar inversión privada para construir la planta asociada destinada a la producción comercial de radioisótopos.”
“El RA-10 permitirá producir radioisótopos para la salud, brindar servicios de alto valor para la industria y la ciencia y generar nuevas exportaciones.”
Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), en X.
Ver la publicación original de la CNEA en X
Un reactor nuclear que no generará electricidad
El RA-10 tiene una potencia de 30 megavatios, pero su función no será abastecer la red eléctrica. Se trata de un reactor multipropósito diseñado para utilizar el flujo de neutrones producido mediante fisión nuclear en aplicaciones médicas, científicas, industriales y tecnológicas.
Una de sus principales funciones será irradiar materiales destinados a obtener radioisótopos, elementos utilizados diariamente en medicina nuclear para diagnosticar enfermedades y realizar determinados tratamientos.
Entre ellos aparece el molibdeno-99, precursor del tecnecio-99m, empleado masivamente en estudios de diagnóstico por imágenes. También está prevista la producción de lutecio-177, utilizado en terapias oncológicas, e iridio-192, con aplicaciones médicas e industriales.
El número que coloca al proyecto en otra escala: 20% del mercado mundial
Según las proyecciones oficiales difundidas por la CNEA, la capacidad del RA-10 permitiría alcanzar una producción equivalente a aproximadamente el 20% de la demanda mundial actual de molibdeno-99. Ese dato coloca al proyecto en una escala distinta: no fue concebido únicamente para garantizar el abastecimiento argentino, sino también para generar excedentes exportables y disputar un lugar en un mercado internacional altamente especializado.
La capacidad prevista supera la demanda interna proyectada. El objetivo es garantizar el abastecimiento del sistema sanitario argentino y destinar el excedente a exportaciones, con potencial para generar divisas y empleo altamente calificado.
La otra apuesta: semiconductores
El proyecto incorpora además una línea tecnológica estratégica: la producción de silicio dopado por transmutación neutrónica. Ese material se utiliza en semiconductores de alta potencia destinados a sistemas eléctricos, electrónica industrial, energías renovables y transporte.
La CNEA proyecta que el reactor también brindará servicios de irradiación, ensayo de materiales y análisis por activación neutrónica, ampliando su impacto sobre la industria y el sistema científico.
El reactor estará terminado, pero falta una pieza decisiva
La puesta en funcionamiento del RA-10 no significa automáticamente que la Argentina pueda comercializar toda esa producción. Existe una segunda infraestructura fundamental: la planta asociada de producción de radioisótopos.
El reactor irradiará los materiales, pero posteriormente deberán ser procesados, acondicionados y preparados para su utilización comercial. Esa instalación requiere una inversión adicional y es allí donde aparece el cambio de modelo anunciado por el Gobierno.
La Secretaría de Asuntos Nucleares presentó un esquema destinado a incorporar inversión privada para desarrollar y construir esa planta y participar posteriormente de las actividades productivas y comerciales. La CNEA conservará las capacidades nucleares estratégicas y la Autoridad Regulatoria Nuclear continuará ejerciendo las funciones de regulación y fiscalización.
Por qué el capital privado cambia el proyecto
Hasta ahora, el RA-10 podía analizarse fundamentalmente como una gran obra científico-tecnológica estatal. El modelo presentado introduce una segunda etapa: cómo transformar esa infraestructura en producción comercial y exportaciones.
La apuesta consiste en separar dos funciones. Por un lado, el Estado mantiene la tecnología nuclear, el reactor, las capacidades estratégicas y el control regulatorio. Por otro, busca capital privado para financiar infraestructura industrial y participar de la explotación comercial.
El esquema todavía deja preguntas abiertas: qué inversión será necesaria, cómo se seleccionará al socio o los socios privados, qué participación económica conservará el Estado, cómo se distribuirán los ingresos y bajo qué condiciones contractuales funcionará la planta asociada.
Una obra atravesada por cambios de gobierno
El RA-10 no nació con la actual administración. Es un proyecto de largo plazo desarrollado por la Comisión Nacional de Energía Atómica, con participación de INVAP y de capacidades científicas, tecnológicas e industriales acumuladas durante distintas gestiones.
La actual gestión sostiene que encontró la iniciativa paralizada, sin financiamiento suficiente para continuar las obras y sin un modelo productivo definido para la planta asociada. La novedad de 2026 es el cronograma concreto para ponerlo en marcha y la decisión de incorporar inversión privada a su explotación productiva.
La verdadera prueba comienza en 2027
El 96% de avance electromecánico muestra que la construcción se acerca al final, pero en tecnología nuclear terminar una obra y operar comercialmente son etapas diferentes.
Primero deberá completarse el montaje. Después vendrán pruebas, licenciamiento, puesta en marcha y progresión hacia las condiciones operativas previstas. Paralelamente deberá resolverse el financiamiento y construcción de la planta asociada.
Por eso, 2027 no será solamente el año en que se encienda un nuevo reactor argentino. Será el momento en que empiece a comprobarse si una inversión científica y tecnológica acumulada durante años puede transformarse en producción industrial, abastecimiento sanitario, exportaciones, divisas y empleo altamente calificado.
Fuentes: Comisión Nacional de Energía Atómica y Secretaría de Asuntos Nucleares.






