La rebelión de Harry: el tablero riojano arde entre la bendición a Madera y una vieja guerra de clanes

Con una foto en Chepes que sonó a declaración de guerra interna, el ministro Ernesto Pérez rompió el libreto de la prudencia quintelista: promueve la sucesión de Teresita Madera, desafía a Armando Molina en la Capital y revive la histórica rivalidad de sangre y poder entre los Pérez-Becerra y Gabriela Pedrali.

En la política riojana, donde nada se publica por azar y los silencios dicen más que los discursos, un tuit desde Chepes funcionó como un parte de guerra. El ministro de Producción, Ernesto «Harry» Pérez, se mostró junto al gobernador Ricardo Quintela y la vicegobernadora Teresita Madera. Sin embargo, detrás de la postal de gestión —inauguración de canchas, iluminación y riego—, el funcionario terminó de sellar su propia jugada: desmarcarse de las órdenes de repliegue del Palacio de Gobierno y apostar todas sus fichas a la entronización de Madera como la sucesora natural del proyecto provincial.

La rebelión de Pérez altera la tensa calma del oficialismo local por tres frentes decisivos:

  • La bandera de la sucesión: Al cerrarse filas con Madera, «Harry» busca acelerar los tiempos electorales y blindar la fórmula que considera capaz de retener el poder provincial, desoyendo los pedidos de mesura que emanan del ala dura quintelista.
  • El choque capitalino contra Molina: En el territorio más codiciado y complejo de la provincia, Pérez decidió no acatar el liderazgo del intendente Armando Molina y amaga con medir fuerzas de manera frontal en las urnas capitalinas, un movimiento que promete fragmentar la base del propio oficialismo departamental.
  • El resurgimiento de una vieja vendetta: Pérez no disimula su veto a la diputada nacional Gabriela Pedrali. Lejos de ser una mera diferencia de cartel electoral, el enfrentamiento reflota una de las disputas familiares y políticas más enconadas de la historia reciente riojana: el choque dinástico entre los Pérez-Becerra y el clan Pedrali, viejas cuentas pendientes que vuelven a cobrarse en los despachos oficiales.

El gesto de Chepes no es un acto aislado de lealtad, sino el primer movimiento público de una fractura que venía cociéndose en los pasillos de Casa de las Tejas. Al desafiar a Molina y vetar a Pedrali, Harry Pérez quemó los puentes del consenso interno y obligó a Quintela a administrar una interna donde ya no solo se discuten candidaturas, sino el control del peronismo que vendrá.


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