Beder Herrera se frota las manos: midió 23 puntos, reactivó su búnker en La Seis y reunió a empresarios mineros

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El exgobernador monitorea de cerca las encuestas que sacuden la interna del oficialismo riojano. Aunque argumenta ante su entorno íntimo que la familia le pide no competir por la gobernación, mantiene la espina clavada por la derrota de 2019. Con un piso electoral competitivo sustentado en el recuerdo de sus obras, recibe a la dirigencia y marca agenda productiva en el interior provincial.

Luis Beder Herrera volvió a instalarse en el centro neurálgico de las conversaciones reservadas del poder riojano. Mientras el Partido Justicialista lidia con el desgaste de la gestión, la falta de recursos y el crecimiento de la oposición libertaria en los sondeos, el exmandatario exhibe números propios que alteran cualquier cálculo sucesorio: un reciente relevamiento le otorgó un 23% de intención de voto en toda la provincia.

La cifra no pasó inadvertida en los pasillos de la Casa de las Tejas. Con ese porcentaje, Beder Herrera se posiciona a la par del lote de aspirantes oficialistas y capitaliza el recuerdo colectivo de su década al frente del Ejecutivo, un período asociado a la ejecución intensiva de obras públicas, infraestructura vial, electrificación rural y la creación de empresas productivas con participación estatal.

Los números que alimentan el regreso a la escena

El exgobernador sigue con atención quirúrgica el deterioro de los indicadores económicos locales y la falta de liderazgos consolidados para 2027. Frente a encuestas donde Martín Menem cosecha entre 30 y 35 puntos y la vicegobernadora Teresita Madera oscila entre 20 y 26, el 23% atribuido a Beder Herrera lo devuelve al tablero como un actor de peso insoslayable.

En sus intercambios con referentes territoriales, el dirigente de Famatina asegura que su familia le exige no presentarse nuevamente para la gobernación. Sin embargo, en el peronismo nadie subestima su vocación de poder ni olvida que se quedó con la sangre en el ojo tras el fallido desenlace electoral de 2019, cuando compitió por fuera de la estructura partidaria y selló un distanciamiento con el actual esquema de conducción.

Cerca del exgobernador admiten que la memoria de su gestión contrasta fuertemente con la parálisis de la obra pública provocada por los recortes de la Nación. Ese capital simbólico es el que hoy le permite sostener un caudal electoral propio, sin necesidad de pauta oficial ni estructuras ministeriales a su disposición.

El búnker de La Seis y la procesión dirigencial

Tanto en su residencia de la Capital como en la mítica Finca La Seis, en el departamento Chilecito, el desfile de dirigentes es incesante. Intendentes en funciones, legisladores, concejales y cuadros gremiales frecuentan sus mesas de trabajo en busca de definiciones o consejo político, en momentos donde la incertidumbre domina el futuro de la administración justicialista.

En esos encuentros íntimos, Beder Herrera suele desplegar planillas y sondeos. Es allí donde se comenta con insistencia la encuesta que circula en despachos gubernamentales y que refleja que un 70% del electorado provincial muestra reparos en votar a una mujer para la gobernación, un argumento que ciertos sectores masculinos del PJ utilizan por lo bajo para poner en duda la postulación de figuras como Madera, Florencia López o Gabriela Pedrali.

El mandatario escucha reclamos sobre la falta de financiamiento en los municipios del interior, la caída de la actividad privada y la pérdida de dinamismo productivo, exhibiéndose genuinamente preocupado por el rumbo que tomó la provincia ante la falta de proyectos de desarrollo a largo plazo.

Cumbre minera y la mirada sobre el modelo productivo

La actividad de Beder Herrera no se limita a la rosca electoral. La semana pasada, la Finca La Seis fue sede de una cumbre minera reservada que reunió a geólogos, especialistas del sector y actores empresariales vinculados a la exploración y explotación de recursos estratégicos en territorio riojano.

Durante las deliberaciones, el exmandatario remarcó que la provincia no puede continuar atada exclusivamente a la dependencia del presupuesto público y las transferencias de coparticipación. Recordó su rol como impulsor de la política minera provincial en sus inicios y defendió la necesidad de avanzar hacia una matriz de inversiones reales que genere puestos de trabajo genuinos y divisas para el interior profundo.

El mensaje encerró una crítica velada a la lentitud con la que el oficialismo encaró el debate sobre los recursos naturales en los últimos años, donde los avances normativos no lograron traducirse con la celeridad requerida en radicaciones industriales de envergadura.

El tablero sucesorio y los límites del mando único

El posicionamiento de Beder Herrera se produce en un momento de estricto reordenamiento interno. Apenas días atrás, el fiscal de Estado, Emilio Rodríguez, difundió un documento en el que proclamó que en el PJ existe «un solo conductor» en la figura de Ricardo Quintela, facultado en exclusividad para definir el sistema electoral y las fechas de los comicios.

No obstante, los 23 puntos que ostenta el exgobernador desafían la verticalidad automática que busca imponer la cúpula gobernante. Si el oficialismo decide desdoblar las elecciones provinciales para mayo de 2027 a fin de esquivar el arrastre nacional de La Libertad Avanza, la influencia territorial del bederismo en el oeste y los Llanos obligará a abrir negociaciones indispensables.

Con un peronismo condicionado por la crisis socioeconómica y la amenaza latente de un triunfo libertario, Beder Herrera se acomoda en un rol que conoce a la perfección: el de arbitro inevitable de una interna que todavía no encuentra su síntesis.

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