Pese a administrar la única caja social millonaria del gobierno riojano a través del Plan Angelelli, la diputada nacional no logró perforar el techo de las encuestas para disputar la gobernación en 2027. El desgaste de la gestión municipal de Armando Molina en la Capital terminó de sepultar su proyecto sucesorio y la obligó a replegarse en su banca de la Cámara baja.
El diseño original que la mesa chica de Ricardo Quintela pergeñó para retener el control de la Casa de las Tejas quedó archivado de manera definitiva. En las últimas semanas, los operadores del oficialismo debieron admitir el naufragio del plan que buscaba entronizar a la diputada nacional Gabriela Pedrali como la «sucesora natural» del proyecto provincial. Ni la intensa exhibición pública ni el manejo exclusivo de los recursos asistenciales más codiciados de la administración pública alcanzaron para dotar de competitividad a una postulación que nunca logró prender en el electorado independiente ni disciplinar al peronismo del interior.
Frente a sondeos que ratificaban su estancamiento en la consideración pública, la legisladora resolvió desactivar su armado provincial y volver a priorizar su agenda en el Congreso de la Nación, donde cuenta con la tranquilidad de un mandato representativo garantizado hasta diciembre de 2029.
La caja del Plan Angelelli que no alcanzó para traccionar voluntades
El revés de Pedrali adquiere una dimensión política singular si se analiza el volumen presupuestario que tuvo a su disposición. Mientras el resto de los ministerios y las intendencias padecían el corte total de transferencias nacionales y la asfixia de la coparticipación, el Plan Angelelli —ideado y conducido por la propia diputada nacional— se mantuvo como el único programa oficial con fondos provinciales directos para la construcción de viviendas, erradicación de ranchos, tendidos eléctricos y subsidios de hábitat social en los barrios vulnerables.
Esa formidable estructura de asistencia comunitaria fue utilizada durante meses como la plataforma de lanzamiento para recorrer los departamentos y montar actos de entrega de obras. Sin embargo, en el peronismo riojano coinciden en que el aparato no logró traducirse en intención de voto genuina.
«La caja del Angelelli sirvió para contener la demanda social en los momentos más críticos, pero no generó empatía política ni liderazgo de masas. Los números de las encuestas fueron inapelables: nunca pudo superar el dígito en intención de voto espontánea fuera del núcleo duro de la militancia rentada», reconoce un diputado provincial que transitó los despachos de la Gobernación.
El ancla de la Capital y la alianza con Armando Molina
El factor determinante que terminó de clausurar el proyecto gubernamental de Pedrali fue su alianza orgánica con el intendente capitalino, Armando Molina. Ambos dirigentes constituyeron el eje de poder del quintelismo puro en el principal distrito de la provincia, compartiendo actos y actos partidarios como el protagonizado el pasado 17 de octubre en la sede de Luz y Fuerza.
Esa sociedad política se transformó en un salvavidas de plomo a medida que se deterioró la administración de los servicios públicos en la ciudad de La Rioja. Con el último informe de CB Consultora ubicando a Molina en el penúltimo lugar del ranking nacional de intendentes con un demoledor 66,3% de desaprobación ciudadana y con arterias barriales destruidas por la falta de bacheo, la Capital se convirtió en un terreno electoralmente tóxico.
La frustración de la postulación de Pedrali se vio agravada además por la difusión de sondeos reservados en el justicialismo que reflejan una marcada resistencia social hacia una candidatura femenina para el Ejecutivo provincial, argumento que los caciques departamentales del interior utilizaron por lo bajo para resistir cualquier intento de imposición desde el despacho del gobernador.
Refugio legislativo en la Cámara baja hasta 2029
Ante la evidencia de los números y la resistencia territorial, la diputada nacional optó por un ordenado repliegue táctico. Descartada de la grilla sucesoria, Pedrali comenzó a concentrar su actividad pública en los debates de las comisiones de la Cámara de Diputados de la Nación, resguardándose en la estabilidad institucional que le otorga su banca federal hasta finales de la década.
El abandono de sus aspiraciones ejecutivas allana el camino para que la disputa interna en el oficialismo se reconfigure sin la presencia de la figura dilecta de la Casa de las Tejas.
Con Pedrali fuera de carrera, la vicegobernadora Teresita Madera se consolida como la única aspirante del oficialismo tradicional con volumen propio para pelear la gobernación; mientras los intendentes del interior, nucleados en torno a Rodrigo Brizuela y Doria y Jorge Salomón, aceleran sus propios armados territoriales advirtiendo que no permitirán que la Capital vuelva a monopolizar las decisiones del Partido Justicialista en la hora decisiva de 2027.




