El titular de UNIR, Juan Carlos Serrano, denunció que el Gobierno nacional maquilla las estadísticas laborales computando a choferes y repartidores mientras las fábricas despiden por goteo. Alertó sobre las ejecuciones fiscales y el impacto del costo eléctrico en los pozos de riego.
El aparato manufacturero y agroindustrial de La Rioja enfrenta un retroceso que golpea los cimientos de la economía provincial. En declaraciones radiales, el presidente de la Unión Industrial de La Rioja (UNIR), Juan Carlos Serrano, trazó un balance descarnado sobre el estado de las plantas fabriles en el distrito y confirmó que en los últimos tres años se perdieron cerca de 3.000 puestos de trabajo formales entre empleos directos e indirectos. La contracción del consumo interno, sumada a la ausencia total de financiamiento bancario y a las medidas cautelares impositivas, mantiene contra las cuerdas al empresariado local.
Serrano denunció que las compañías riojanas deben afrontar embargos sistemáticos en sus cuentas bancarias ordenados por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA, ex AFIP), castigando a las empresas que sufren atrasos involuntarios en sus tributos por la cadena de pagos cortada. A esa presión fiscal se añade la apertura comercial decretada por la administración de Javier Milei, que habilitó el ingreso masivo de productos importados con aranceles reducidos que compiten de manera desleal contra la producción nacional.
Pérdida de 3.000 puestos por goteo y el «dibujo» del empleo por apps
La destrucción de puestos laborales en el circuito fabril riojano no siempre se manifiesta mediante cierres intempestivos, sino a través de un goteo incesante que va achicando las nóminas de operarios semana a semana. Serrano advirtió que la masa trabajadora desvinculada no encuentra posibilidades de reinserción en una economía formal que no genera vacantes.
El titular de UNIR apuntó de lleno contra el relato estadístico que difunde el Ministerio de Economía respecto a la estabilidad del mercado de trabajo: «En la Nación dibujan los números laborales porque hoy computan a quienes manejan para Uber o reparten en Rappi y Pedidos Ya; pero la realidad es que el empleo de calidad, con derechos adquiridos y buenos salarios, cayó drásticamente».
La pérdida de estas 3.000 fuentes de trabajo calificado le resta liquidez al comercio minorista en la Capital, Chilecito y Arauco, agudizando la caída de ventas en los negocios barriales.
Embargos automáticos de ARCA y la asfixia del crédito productivo
El dirigente industrial describió el laberinto operativo que padecen las pymes locales para sostener sus persianas abiertas. Sin líneas de crédito accesibles para recomponer capital de trabajo y con tasas de interés prohibitivas, muchas plantas deben priorizar la liquidación de haberes y el pago de insumos básicos postergando las cargas tributarias nacionales.
La respuesta de la agencia recaudadora central no contempla la realidad del interior periférico. «Tenemos un ahogo financiero permanente y embargos constantes de ARCA que te congelan las cuentas en el momento más difícil de la actividad; de esa manera no hay forma de mantener en marcha una fábrica», relató Serrano.
La falta de regímenes de diferimiento fiscal o moratorias específicas profundiza la vulnerabilidad de las empresas radicadas en el Parque Industrial, dejándolas indefensas ante los requerimientos de la administración federal.
El doble freno en la agroindustria: sobreproducción de olivas y costos de bombeo
La recesión productiva golpea simultáneamente a los dos motores del sector privado riojano: el polo textil y el complejo agroindustrial. En el caso del textil, la falta de demanda mayorista en los centros urbanos y la avalancha de prendas asiáticas baratas mantienen a las hilanderías y tejedurías operando a media máquina.
En el sector agroalimentario, el panorama es igualmente sombrío. Serrano recordó que La Rioja es la tercera provincia productora de vino del país, pero la actividad sufre un freno generalizado tanto en el consumo doméstico como en los mercados internacionales. En paralelo, la olivicultura enfrenta una sobreproducción mundial de aceitunas que desplomó los precios de venta al exterior, mientras los costos de producción locales se dispararon.
«En nuestra provincia el olivo se cultiva con riego artificial mediante pozos de agua subterránea que demandan un consumo intensivo de energía eléctrica; con las tarifas eléctricas en alza y precios internacionales planchados, el margen de ganancia desaparece por completo», explicó el titular de UNIR.
La apertura importadora y la falta de voluntad política en Balcarce 50
El titular de la gremial empresaria remarcó que las fábricas riojanas pueden ser competitivas de la puerta hacia adentro, pero quedan descolocadas cuando deben salir a vender contra bienes importados elaborados con subsidios estatales en sus países de origen y sin la pesada carga impositiva que rige en la Argentina.
Serrano lamentó que en los despachos de la Casa Rosada no exista predisposición para escuchar a los sectores productivos del interior ni diseñar programas de reactivación industrial: «Existen medidas concretas para salir adelante, pero el Gobierno nacional no quiere aplicar ninguna porque está convencido de que este es el único camino, aunque signifique el achicamiento de la industria nacional».
Con las bodegas acopiando stock sin compradores, el olivo asfixiado por las tarifas de riego y el parque textil resistiendo despidos cotidianos, el sector industrial riojano concluye octubre reclamando un cambio de rumbo urgente antes de que el goteo de bajas se transforme en un cierre irreversible de empresas en toda la provincia.



