Quintela y Puy Soria: las lecturas políticas detrás de la licencia

Detrás de los diez días de licencia por «motivos personales» del ministro de Vivienda se esconde una cirugía de poder ejemplificadora de la Casa de las Tejas. Con la versión de degradar la cartera a una Secretaría bajo la órbita de Hacienda, el gobernador le marcó la cancha a todo el Gabinete y al PJ: en el oficialismo nadie sobrevive por fuera de su paraguas y están prohibidos los proyectos propios sin autorización.
En la gramática del poder que hoy se escribe en la Casa de las Tejas, los gestos de autonomía se pagan al contado. La repentina licencia por diez días que se tomó el ministro de Vivienda, Tierras y Hábitat Social, Ariel Puy Soria —oficialmente atribuida a cuestiones de «índole personal»— funcionó en los hechos como un laboratorio de disciplinamiento político. El gobernador Ricardo Quintela utilizó al funcionario como un verdadero «conejillo de indias» para enviarle un mensaje directo y sin intermediarios a todo el Gabinete y a la estructura del peronismo riojano: nadie puede vivir políticamente sin el respaldo del mandatario y en el esquema oficialista no se toleran los librepensadores.
Aunque desde el entorno de Puy Soria se apuraron a aclarar que no presentó la renuncia y que su intención es retomar el despacho una vez cumplido el plazo —dejando provisoriamente la firma a cargo del secretario de Vivienda, Diego Rivero—, la maniobra de desgaste activada desde el Ejecutivo dejó al descubierto la fragilidad de cualquier dirigente que intente desmarcarse de la conducción central.
El castigo de la botonera: de Ministerio a Secretaría intervenida por Hacienda
Para que el escarmiento interno fuera completo, desde los pasillos de la Gobernación dejaron trascender una estocada institucional letal para el volumen político de Puy Soria: la decisión en estudio de reducir el rango de Vivienda de Ministerio a simple Secretaría, pasándola a depender directamente del Ministerio de Hacienda.
En términos políticos y administrativos, la jugada equivale a una intervención de hecho y a un vaciamiento de poder:
- Pérdida de autarquía y rango: Quitarle el sello de ministerio degrada el peso político del funcionario en la mesa del Gabinete.
- Control de caja absoluto: Subordinar el área al Ministerio de Hacienda significa cortarle a Puy Soria el manejo directo de los recursos y la obra pública habitacional, la principal herramienta de construcción territorial con la que contaba su cartera.
Las versiones que circularon con fuerza sobre un eventual pedido de renuncia por parte de Quintela terminaron decantando en este limbo de diez días. La lectura en el oficialismo es unánime: incluso si Puy Soria regresa a su oficina al vencer la licencia —algo que depende exclusivamente de que el Poder Ejecutivo no baje el pulgar antes—, volvería a un organismo esmerilado y bajo libertad condicional.
El «pecado» de las aspiraciones propias y el aviso para el PJ
El trasfondo de la embestida contra el titular de Vivienda tiene nombre y apellido electoral: la disputa por el poder hacia 2027. Puy Soria no solo venía manteniendo diferencias de criterio con sectores clave del Gobierno, sino que además había blanqueado sus intenciones de anotarse como candidato a intendente de la Capital por el Partido Justicialista en las próximas elecciones.
Ese movimiento autónomo, sumado a su perfil de dirigente con voz propia dentro del dispositivo oficial, chocó de frente con la estrategia verticalista de Quintela, quien hoy exige alineamiento ciego detrás de su conducción y de las figuras que él mismo unge en el territorio capitalino.
Al exponer a un ministro de peso al desgaste público de los rumores de eyección y a la amenaza de desguazarle la estructura, el gobernador buscó vacunar al resto de la dirigencia contra cualquier intento de rebeldía. El caso Puy Soria ya circula en los despachos oficiales y en las unidades básicas como un manual de supervivencia: en el modelo actual de la Casa de las Tejas, el que saca los pies del plato o intenta construir un camino propio descubre, de la peor manera, que afuera del calor oficial solo hay intemperie.
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