La vicepresidenta de la UCR a nivel nacional y referente de La Rioja, Inés Brizuela y Doria, mantiene su postura intransigente frente a la situación judicial de la ex Presidenta. Lejos de la victimización y la teoría del «lawfare», la dirigente radical insiste en calificar a CFK de «corrupta y ladrona», vinculando directamente los casos de corrupción con la alarmante pobreza que sufre el país.
En medio de la creciente tensión política y la inminente definición de la Corte Suprema sobre la condena en la causa «Vialidad», la voz de la vicepresidenta del Comité Nacional de la UCR, Inés Brizuela y Doria, resuena con una contundencia que no deja lugar a interpretaciones. Su postura, expresada de manera consistente en actos y redes sociales, busca desarticular lo que ella misma define como «el acting de la tragedia» montado por el kirchnerismo.
«No, @CFKArgentina, no te queremos muerta. Te queremos PRESA», es una de las ideas que la dirigente riojana ha instalado con fuerza, en una interpelación directa a la ex mandataria. Para Brizuela y Doria, el debate no debe centrarse en una supuesta persecución política, sino en las consecuencias tangibles de la corrupción. «Te queremos presa por haber robado a todos los argentinos miles y miles de millones de pesos que son los hospitales, escuelas y rutas que nos faltan y hacen que vivamos mal», ha manifestado, poniendo el foco en el impacto social del desfalco al Estado.
Esta línea argumental golpea directamente en el núcleo de la narrativa kirchnerista. Mientras Cristina Fernández de Kirchner denuncia una proscripción orquestada desde el poder judicial y mediático, la referente radical contrapone una realidad brutal: «La única tragedia es que 6 de cada 10 pibes son pobres; y más de 1 millón de ellos viven en la pobreza extrema».
Desde su rol institucional como segunda autoridad de la Unión Cívica Radical, Brizuela y Doria ejerce una presión discursiva que busca consolidar a la oposición en una postura de firmeza judicial. Lejos de cualquier posible acuerdo o gesto de conciliación, su mensaje es claro: si Cristina Kirchner va presa, no es por una revancha política, sino por ser «corrupta y ladrona». Un llamado a «las cosas por su nombre» que define una posición y marca el pulso de un sector de la política argentina en horas decisivas.







